A raíz de las acervadas críticas al volumen de exportaciones de minerales de Bolivia que no crece, aunque si aumentaron considerablemente sus precios internacionales, por ende los respectivos ingresos, hecho que debería ser aprovechado por las autoridades para incentivar la producción minera, me viene a la memoria el debate sobre el intercambio desigual en los años 60 y 70, teoría del economista griego A. Emanuel influenciado por P. Baran y C Bettelheim.

El cuestionamiento era la cantidad de trabajo en los productos exportados por los países atrasados o sub desarrollados o en desarrollo, o dominados, calificativos que encerraban toda otra discusión. Los productos exportados por los países atrasados contenían más cantidad de trabajo pagado a menor precio, contra importaciones de países industrializados con gran cantidad de valor agregado y encarecidos sin cesar. Esto conducía a una deterioración de los términos de intercambio. En otras palabras, Bolivia tenía que producir cada vez más cantidades de estaño con aceptable ley para importar idénticas cantidades de bienes con mayor y creativo valor agregado.

Actualmente el tema ya no está tanto en la desigualdad del intercambio en el comercio internacional. Se sitúa en los bajos sueldos de los chinos, indios, vietnamitas, etc., que son aprovechados por las multinacionales de países ricos europeos, estadounidenses y japoneses, que emplean tecnologías en superación continua, debido al avance de sus ciencias provenientes de los resultados de las innovaciones de sus R & D. Multinacionales que igualmente y en forma paralela invierten cada vez más capital, el que viene de las ganancias siempre mayores que se suman a una productividad in crecendo. Es decir el componente inicial de bajos sueldos más innovación tecnológica persistente, se traduce en márgenes de utilidades en aumento. Parte de lo cual terminó siendo asimilado por empresarios de los tigres asiáticos y ahora último de la misma China e India, las que a su vez entran en la competencia mundial, en algunos casos ya con adaptaciones propias de la ciencia y tecnología vanguardista vulgarizada. Esto desvirtúa la tesis de Emanuel. La que aún sigue vigente en el hecho de que la circulación de los capitales acarrea la fijación de precios mundiales que se traducen en una desigualdad de cantidades de trabajo intercambiadas en detrimento de los países donde mayoritariamente los sueldos son bajos.

Actualmente en Bolivia recibimos más por la exportación de iguales cantidades de minerales, lo que está bien. Sin embargo, estos ingresos que percibimos no nos permiten la adquisición de bienes y servicios a precios mundiales como para mejorar nuestra productividad que permita un incremento en los volúmenes, lo que podría traducirse en generación de mayores ingresos que habiliten más inversiones de exploración y explotación de yacimientos mineros nuevos, que es lo que en el fondo se critica.