Al comenzar el siglo XXI surgen nuevas adicciones y obsesiones propias de la sociedad de consumo, como por ejemplo la búsqueda de la perfección física y la “salud total”, y también nuevos males del capitalismo en crisis como el “síndrome del desempleo”.

Más que un modo de producción, el capitalismo es la religión de la “modernidad” hedonista que rinde culto a la avidez y la concupiscencia. En esta sociedad se confunde “deseo” con “necesidad”: La propiedad de los medios de producción determina el éxito económico y el prestigio social de la burguesía; y para los desposeídos la capacidad de consumo es una necesidad existencial.

El capitalismo contemporáneo “crea” constantemente nuevas “necesidades” o “modas creadoras de necesidades” (Lacan), y las masas trastornadas por la publicidad gastan cada vez más dinero en placeres (Lipovetsky), creyendo que la regla que orienta toda su existencia es la satisfacción de deseos arbitrarios, voluptuoso y superfluos (Bauman).

Los consumidores, enajenados de su propio cuerpo, de su esencia humana y de la naturaleza que les rodea (Marx), no son conscientes de la neo servidumbre que condiciona su existencia, ni mucho menos de sus conductas patológicas.

Aunque todavía no han sido reconocidos, diagnosticados, ni tratados por la comunidad médica internacional, nuevos trastornos como la ortorexia, vigorexia y tanorexia deberían tenerse en cuenta, recomendó el doctor Miguel Sánchez, psiquiatra del Hospital Vega Baja de Orihuela, Alicante, España, en la V Conferencia Internacional PSICOHABANA 2011, que se celebra del 9 al 11 de marzo en el Palacio de Convenciones de la Habana.

Profesionales de 25 países participan en este evento internacional, que también es escenario de la Reunión Regional de la Sección de Clasificación de la Asociación Mundial de Psiquiatría; el IV Coloquio Internacional de Psiquiatría Forense; el II Simposio Internacional de Psicoterapia; el IX sobre aspectos biológicos y farmacoterapéuticos de los trastornos mentales, y el II Simposio Franco-Cubano de salud mental, reporta la agencia Prensa Latina.

Sánchez explicó a Prensa Latina que la ortorexia, la vigorexia y la tanorexia son alteraciones obsesivo-compulsivas, alimentarias y dismórfico corporales que se relacionan con trastornos alimentarios, depresivos, ansiedad, afectaciones sociolaborales, tendencias obsesivas, adictivas y baja autoestima.

La ortorexia fue definida en 2000 como una obsesión patológica por la comida biológicamente pura. Quienes la padecen consumen solo alimentos ecológicos, libres de pesticidas o herbicidas, y tienen “un menú en vez de una vida”, pues transfieren los principales valores de su existencia al acto de comer.

La vigorexia es la obsesión por un cuerpo perfecto y musculoso, y transfiere los principales valores de la vida hacia el acto de entrenar o desarrollar el cuerpo. Los hombres son los más afectados por esta alteración, que induce al abuso de anabolizantes y suplementos alimenticios.

La tanorexia es el comportamiento obsesivo para conseguir un tono de piel bronceado, ya sea por radiación solar o rayos UVA. Se trata de un síndrome semejante a una adicción. Se asocia con lesiones de la piel y cáncer.

El presidente de la Sociedad Cubana de Psiquiatría Miguel Ángel Valdés Mier destacó la importancia de aplicar el método clínico para lograr diagnósticos más certeros. Las técnicas como la tomografía y la resonancia complementan el trabajo médico, pero antes es indispensable realizar una buena entrevista, un adecuado examen físico -que incluye observación, palpación y auscultación- seguido por una correcta confección de la historia clínica, recomendó.

El presidente de la Sección de Rehabilitación de la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA) Michael Madianos dictó la conferencia magistral titulada “La rehabilitación psicosocial en la era de la economía global”. Según varios expertos, la crisis económica está exacerbando trastornos mentales de diversa índole.

En días previos al congreso se dictaron varios cursos referidos a la epilepsia del lóbulo temporal, la bipolaridad, la salud mental en situaciones de emergencia y desastres, y al tratamiento integral del trastorno obsesivo-convulsivo.

Según un estudio de la Confederación Sindical Alemana, los desempleados corren mayor riesgo de contraer enfermedades que quienes tienen un trabajo. La Agencia Federal del Trabajo registró cerca de un millón de casos de incapacidad laboral entre desempleados en el primer semestre de 2010.

La tasa de bajas laborales por enfermedad en el grupo de trabajadores de entre 15 y 24 años de edad es 3%, y 4,4% entre quienes buscan trabajo. La cifra de enfermos es superior al 15% entre los desempleados de 55 a 59 años de edad, pero entre los que si tienen trabajo no llega al 7%.

Algunos expertos ya hablan de un “síndrome del desempleo”, cuyos síntomas son la depresión, ansiedad, desesperanza, sentimiento de desamparo y disminución de la autoestima.

La “inseguridad en el puesto de trabajo” también empeora la salud. Los desórdenes comienzan antes de la pérdida concreta del puesto de trabajo, más o menos en el momento de la amenaza de “un plan de reestructuración”, de modo que quienes no se encuentran en situación de despido caen en una situación de estrés psíquico.

Datos demográficos confirman que los desempleados son susceptibles de padecer adicciones al alcohol, tabaco, psicofármacos y antidepresivos.

La depresión masculina podría aumentar por los cambios económicos y sociales en la sociedad occidental, y podría erosionar las fuentes tradicionales del amor propio de los hombres, alertaron investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory en un artículo publicado por la revista British Journal of Psychiatry.

Aunque las mujeres tienen casi dos veces más probabilidades de desarrollar desorden depresivo en el curso de su vida, es posible que eso cambie en las próximas décadas, afirma el autor principal del estudio Boadie Dunlop.

En la actualidad, las mujeres tienen mayores posibilidades de cursar carreras universitarias y de convertirse en el sostén de sus familias. En cambio, “los hombres occidentales harán frente a un camino difícil en el siglo XXI, particularmente los que tiene bajos niveles de educación. Creemos que esos cambios económicos y sociales tendrá implicaciones significativas para la salud mental masculina”, dijo Dunlop.

Una enfermedad propia de la época es la angustia existencial, padecida por muchos consumidores imposibilitados de comprar todas las mercancías que ofrece la TV. Y es que el consumo se ha convertido en una poderosa fuente de exclusión social.

“Un adolescente sin zapatos de moda de una marca conocida (o chaquetas de cuero, anteojos de sol de marca…) puede sentirse avergonzado entre sus compañeros de escuela”, dice Naciones Unidas. El consumismo es “una preocupación importante para la sociedad” porque fomenta la delincuencia violenta para obtener bienes de prestigio social.

Con datos de: 1. El imperio de lo efímero. La moda y sus destinos en las sociedades modernas, Gilles Lipovetsky; 2. Entrevista a Christian Arnsperger, http://www.revistacriterio.com.ar/art_cuerpo.php?numero_id=167&articulo_id=3269; 3. Fabian Lambeck, Freitag, 19 agosto 2010, www.sinpermiso.info.