La Habana, (PL).- Afrodescendientes y originarios del mundo concentran condiciones socioeconómicas tan negativas que se igualan en una balanza. Complejos procesos históricos y sociales, que incluyen la secular falta de oportunidades, así como la aplicación de prácticas discriminatorias en diferentes ámbitos, inciden en que esa situación se prolongue. Esto indica el estudio “Pueblos indígenas y afrodescendientes en la región: Hacia la igualdad de oportunidades y el trabajo decente”, difundido por la Oficina Internacional del Trabajo.

Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) apunta en el documento “Los pueblos indígenas y afrodescendientes ante el nuevo milenio” que la población originaria en la región asciende a unos 50 millones de personas, 10 por ciento de la población total del área.

Al hacer una estimación de la población negra y mestiza afroamericana, la entidad afirma que en la región hay alrededor de 150 millones de afrodescendientes, lo cual significa alrededor de un 30 por ciento de su población total.

Los países del área con mayor incidencia de población indígena son México, Bolivia y Guatemala, mientras las naciones con más población negra y mestiza afroamericana resultan Brasil, Colombia y Venezuela. Estadísticas de la CEPAL corroboran una mayor incidencia de pobreza y extrema pobreza en la población indígena y afrodescendiente.

Un aspecto determinante de la menor probabilidad de salir de la pobreza que padecen los hogares indígenas es la precaria inserción en puestos de trabajo de esos grupos, ligada a su vez a aspectos de discriminación laboral y a su menor dotación de capital humano.

Según la CEPAL, entre los principales problemas que enfrentan se cuentan el desempleo, los trabajos de baja calidad y la existencia de brechas sistemáticas en la remuneración y los ingresos, en relación con los ocupados no indígenas.

El informe “Situación de los pueblos indígenas del mundo” (2010), elaborado por siete expertos y encargado por la secretaría del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, demuestra que ser originario equivale a ser pobre y que con el tiempo esa situación se ha perpetuado.

En el capítulo escrito por Myrna Cunningham, la autora considera que factores heredados de la colonización como la pobreza, el analfabetismo, la marginación, la degradación ambiental y la falta de libre determinación, hacen que los pueblos indígenas en general, y las mujeres y los niños en particular, sean vulnerables a la mala salud.

Los afrodescendientes encuentran dificultades para acceder a una mejor inserción laboral debido principalmente a factores estructurales, como la menor escolaridad o la poca capacitación profesional. Con esos antecedentes, la inclusión en el mercado laboral se produce en un cuadro de extrema inequidad.

Además, tanto los indígenas como los afrodescendientes —que suelen ser víctimas de prejuicios étnico-raciales— reciben menores remuneraciones por trabajos comparables a los del resto de la población y tienen más probabilidades de laborar en el sector primario.

La esclavitud y la dominación colonial de esos grupos étnicos son antecedentes que ayudan a entender en la perspectiva histórica los procesos actuales de exclusión económica, política y social, consideró el autor Michel Wieviorka en su obra “El espacio del racismo”.

A pesar de los avances en la reducción de la pobreza alcanzados por los países en sus promedios nacionales, los grupos originarios y afrodescendientes no muestran un progreso relevante en temas de la reducción de la pobreza, reconoce el informe Indígenas y Afro-descendientes (2010), del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Asimismo es insuficiente, apunta, el acceso a los servicios adecuados de salud, el mejoramiento en la calidad de la educación y otros indicadores socioeconómicos, y se acrecienta al mismo tiempo la brecha que enfrentan. Adicionalmente, esa situación es empeorada por la migración y el desplazamiento que afecta tanto a indígenas como afro-descendientes en diferentes países de la región, añade el PMA.

De ello se desprende que el mejoramiento de la situación económica y social de los originarios y personas de descendencia africana será clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015, estiman analistas.

* Periodista del Servicio de Radio de Prensa Latina.