“Tengo aquí una declaración que desearía leer. Usted ha estado durante una semana envileciéndome ante el público y ahora usted rehúsa permitirme hacer esta declaración sobre mis derechos… Yo no estoy aquí como acusado. El Comité es el que está acusado ante el pueblo norteamericano. “El Comité no puede interferir los derechos y privilegios de los ciudadanos. Resulta desafortunado y trágico que yo tenga que enseñar al Comité principios básicos”. John Howard Lawson, fundador y primer presidente del Sindicato de guionistas.

La declaración de John Howard Lawson, fundador y primer presidente del Sindicato de guionistas, cuya lectura no se le permitió, decía en parte: “Mis opiniones políticas y sociales son bien conocidas. Yo no “cuelo” ideas en las películas. No he firmado nunca un contrato para hacer películas sin estar convencido de que ello serviría a la democracia y a los intereses del pueblo…

“Traerme aquí es traer conmigo a millones de estadounidenses a quienes agradan mis filmes. No soy yo quien está en peligro, sino millones de compatriotas. Campesinos en los campos. Madereros en los cortes. Maquinistas. Doctores. Todos los cuales pueden ser privados de su honor como norteamericanos… Usted es un politicastro que sirve a poderosos intereses que tratan de introducir el fascismo aquí… La cuestión no radica en mis opiniones, sino en mi derecho a tenerlas”.

La reacción nacional ante los juicios llevados a cabo por el Comité de Actividades Antinorteamericanas fue como era de esperar. Los titulares de los periódicos salieron acorde con el lector a quien estaban dirigidos y de acuerdo como soplara el viento desde la Casa Blanca. El Congreso ignoró los juicios.

Solo tres congresistas de Nueva York se pronunciaron claramente contra el proceder del Comité aduciendo que no tenía facultades para investigar cuestiones sobre las cuales no podía legislar. Además, urgieron que fuera abolido, por cuanto no se podían utilizar métodos totalitarios para preservar la democracia.

Como colofón, una encuesta Gallup arrojó el resultado siguiente: 1) Sobre la investigación efectuada en Hollywood, la aprobó el 37% y la rechazó el 36%. El 27% no opinó. 2) Sobre si debía castigarse la negativa a contestar preguntas, el 47% dijo que sí y el 39% que no. El 14 % no opinó.

Un estudio realizado por Dorothy B. Jones, de la Oficina de Información de Guerra, relativo a 159 películas realizadas por los “Diez de Hollywood” consignó que no se había encontrado propaganda comunista alguna. La señorita Jones había sido jefe de la sección de crítica cinematográfica y análisis durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando el guionista Dalton Trumbo fue informado por el jefe de la Universal-Internacional que se había decidido poner su nombre en los créditos de Espartaco, el cineasta le dio las gracias pero entonces el alto ejecutivo le pidió, por favor, que había una cosa que él podía hacer por ellos pues les sería de gran utilidad: una carta firmada en la que declarara no ser miembro del Partido Comunista.

Trumbo lo miró a los ojos y le contestó que lo sentía muchísimo, pero que no podía complacerle porque la postura adoptada en 1947 seguía manteniéndola y era una cuestión de principios.

“Pero no podemos arriesgar 10 millones de dólares que hemos invertido en este filme”, le replicó el hombre. Entonces el escritor le repitió que lo sentía muchísimo y finalmente su nombre figuró en los títulos. Después no ocurrió nada. Salvo que la Legión Americana protestó como suele hacer y colocó piquetes a la entrada de los cines. Y Espartaco recaudó unos cuantos millones.

El Comité había sido creado en 1938 y desde sus inicios se observaron en él brotes de inspiración fascista, así como una muy visible ojeriza hacia el presidente Roosevelt y el New Deal. Pertenecía a la Cámara de Representantes y era conocido por aquel entonces como Comité Diez, debido al nombre de su presidente, Martin Dies, de Texas. Durante la guerra su actividad se limitó a la ideología nazi y sus furiosos anticomunistas miembros se replegaron temporalmente.

Pero, desde 1945, comenzaron a levantar cabeza de nuevo. Se resucitó al Comité, cuyo mandato estaba a punto de expirar. Se le dio vigencia permanente y pasó a ser presidido por J. Parnell Thomas, representante republicano por New Jersey. Un pequeño sujeto cuyo rostro no llegaba al nivel adecuado de las cámaras de cine durante los interrogatorios. Por lo que tuvieron que colocarle un cojín. Y como no bastó, le añadieron un voluminoso directorio telefónico.

Este minúsculo personaje fue condenado a 18 meses de cárcel y 10 mil dólares de multa, en 1949, por fraude, luego de haber incorporado a la nómina de funcionarios públicos varios nombres ficticios, embolsándose él los sueldos. Ring Larder Jr., uno de los “Diez de Hollywood” condenado a prisión por Thomas, y que coincidiría tras las rejas con éste, describió en la revista Post un incidente que habla de la “justicia poética” utilizada a menudo como artimaña por los guionistas norteamericanos:

“La fatiga melancólica de la cárcel pende sobre el hombre cansado, sudoroso, cuyo caminar por todo aquel cuadrángulo casi chocaba con el mío. Yo me encontraba comparativamente aseado en aquella misma ropa de recluso luego de un día de suave trabajo taquigráfico en la oficina de clasificación y libertad condicional. Pero su trabajo, aunque no era exactamente duro, lo mantenía todo el día bajo el fuerte sol de agosto. Era el custodio del gallinero del Correccional federal, en Danbugr, Connecticut y su nombre era J. Parnell Thomas, ex presidente del Comité de Actividades Antinorteamericanas, de la Cámara de Representantes”.

En las declaraciones habidas durante la purga hubo de todo. De los originales 19 testigos “inamistosos”, cuatro de ellos fueron denunciantes: Edward Dmytryk, Larry Parks, Richard Collins y Robert Rossen. Entre los ex progresistas a quienes se les soltó la lengua figuraron los realizadores Frank Tuttle y Elia Kazan, el actor Sterling Hayden, y los escritores Clifford Odets y Budd Schulberg.

Como ganador absoluto en el deporte de dar información, traicionando a colegas, amigos y conocidos, con marca difícil de igualar, el soplán de alto rendimiento Martin Bekerley, mediocre guionista de la MGM, quien proporcionó 162 nombres, según consta en el acta oficila del Congreso de Estados Unidos, de fecha 28 de diciembre de 1952.

* Historiador y crítico cubano de cine. Colaborador de Prensa Latina.