Bolivia debe invertir en lo que le proporcione buena producción, productividad, competitividad y ventajas comparativas en forma sostenida, caso de la moderna minería, hidrocarburos con tecnología, preservación de bosques, forestación con maderas finas, manejo integral de cuenca (riego, potable, hidroeléctrica) y algunos productos agrícolas, como quinua real y los cultivados por Okinawa. Por ejemplo, Arabia Saudita, produce 6.270.000 b/día de petróleo porque dispone de ventajas comparativas y no invierte en refinerías porque no lograría rendimientos competitivos; además, de ser 3/4 desértico, en agricultura tiene más superficie cultivada que Bolivia, pero busca inversiones agrícolas con mejores retornos en el exterior.

La agricultura boliviana cultiva 20.000km2, 2 millones de hectáreas, 1,8 de la superficie de Bolivia, y de modo general tiene rendimientos bajos; Okinawa un poco más altos, pero menores a los de países vecinos, se compensa debido a los aranceles y costo del transporte. En el mejor de los casos los rendimientos bolivianos son: en soya 1,17 TM/Hectárea, (Brasil 2,85; Paraguay 2,90) en trigo 1,20, 3 en maíz 2,45, en arroz 2,44 en papa 5. En Chile el trigo rinde casi 6, el maíz 11, el arroz casi 4 y la papa 21. La caña de azúcar boliviana llega a 50TM/H, mientras la colombiana 123, mexicana 112,5 y cubana 60.

La mayoría de los campesinos bolivianos practican una agricultura de subsistencia y muchos grandes agricultores en Santa Cruz logran mejores cosechas, porque el Estado les concedió tierra fértil en razón de simpatías políticas del momento y porque invierten en equipos y maquinarias para sobreexplotarla, para lo que desmontan grandes áreas forestales, por ejemplo, 214.033 hectáreas el 2005 para la soya en San Julián, El Puente, Santa Rosa, San Pedro, Yapacani, etc. Cada que la agotan, se trasladan a otras e incluso también las compran por baratas, a USD 100 hectárea o USD 1.500 hectárea lista para cultivar. La sociedad entera paga los altos costos externos no contabilizados: erosión, chaqueo, vientos huracanados, contaminación de ríos, etc.

Es pues recomendable que Bolivia calcule bien sus inversiones en agricultura. Así lo hace Arabia Saudita que prefiere comprar 200 mil hectáreas en Senegal para lograr mejores rendimientos que en su propio territorio o invierte en Argentina. Igual Corea del Sur posee 1,3 millones de hectáreas en Madagascar. En Brasil cuatro millones de hectáreas de cultivo pertenecen a compañías extranjeras, lo mismo sucede con 700 hectáreas con irrigación en Mali y Uganda cedió el dos por ciento de su territorio a Egipto para el cultivo de cereales”. Procuran una agricultura de rendidora.

Porque la historia de que el Estado subvencione la agricultura boliviana en favor de los pequeños o grandes productores, sin obtener rendimientos aceptables, conduce a subvencionar también a los compradores y al final, a una ¿agricultura a cualquier costo?