Una broma bastante antigua, que escuché en la primaria, en los años 50: te preguntaban qué quería decir YPFB y respondían: Ya Pronto Fracasará Bolivia. Lo decían con sorna, con guiños y sobrentendidos, como se suele deslizar un chisme o un chiste político. Ahora que lo pienso, era ese sentimiento de “furiosa autodenigración” que había descrito Carlos Montenegro en su obra “Nacionalismo y Coloniaje”: al término de la guerra del Chaco, el Presidente David Toro nacionalizó las concesiones petrolíferas de la Standard Oil y fundó la empresa nacional del petróleo, cuya sigla era y es YPFB; la broma debió acuñarse días después y recrudeció con las políticas nacionalizadoras de la revolución del 52.

Apenas había nacido la empresa estatal y ya la malicia de la clase media le auguraba un fin próximo, eso que en inglés se llama “wishfulltinking”: pensamientos que en realidad son deseos.

La empresa del petróleo pasó por su peor prueba con la capitalización, pero renació de las cenizas. Ahora enfrenta dificultades por la falta de exploración de las transnacionales capitalizadoras, por haber inflado, según dicen, nuestras verdaderas reservas de gas o por los obstáculos propios de una empresa nueva con nombre viejo, que quiere abrirse paso en un contexto internacional adverso.

La historia se repite: al Presidente David Toro lo denigraron apelando incluso a su activa militancia en la buena vida; al Presidente Ovando le echaron una sombra y un manto de olvido; al primero, porque nacionalizó la Standard Oil, y al segundo, porque nacionalizó la Gulf Oil; a ambos, porque osaron enfrentarse a dos grandes corporaciones que manejan los hidrocarburos en el planeta. En ambas épocas, las voces socarronas, los heraldos negros, los Jeremías auguraron las siete plagas de Egipto que se abatirían sobre Bolivia por el gesto prometeico de enfrentarse a poderes de olímpica magnitud. Todos estos heraldos eran bolivianos, pero eso no quiere decir nacionales, sino tal vez antinacionales, porque para ellos siempre ha sido menos dificultoso defender intereses antinacionales que velar por los intereses de la nación. Fracasa el seleccionado nacional y son los primeros en lamentar ser bolivianos; si no hallan temas de economía nacional que criticar siempre habrá algún tema de la crisis mundial.

Pues ahora la historia vuelve a repetirse: refundada YPFB, parecería más bien refundida; aun más, si uno lee algunos comentarios, parecería que, de veras, ya pronto fracasará Bolivia. Pero ¿dónde radica esa tenacidad, ese espíritu de persistencia, esa terquedad existencial de un país que se niega a fracasar? Ciertamente no hay que buscar esos sentimientos en los heraldos negros, en los que repiten la furiosa autodenigración, en los que se inclinan automáticamente a defender los intereses de las transnacionales y miran con desconfianza a los defensores de nuestros intereses.

Como en la guerra de la Independencia, como en la guerra del Chaco y cada día desde el “descubrimiento” y la conquista española, el pueblo charquino, altoperuano, boliviano fue el fundamento de esa persistencia. Si somos es porque persistimos; si hemos logrado sobrevivir a 300 años de coloniaje y casi dos siglos de república, ¿no es verdad que vamos a persistir?

Esa vana esperanza del “ya pronto fracasará” me temo que no tiene futuro. Quizá fue tomado de la oligarquía argentina que se enfrentaba al peronismo que fundó YPF, aunque nosotros fuimos pioneros en la política de nacionalizaciones. Quizá se nutre de los herederos de Menem, que liquidaron un país petrolero al privatizar YPF. Pero Bolivia es Bolivia y, al refundar YPFB, al refundarse a sí misma, busca el futuro con gran sentido de persistencia.