(Prensa Latina).- Las rebeliones populares en Túnez, Egipto y Yemen tienen un común denominador de fondo: el alza de los precios de los alimentos y la hambruna que estalla dentro de la crisis global del capitalismo. Hoy el mundo voltea la mirada a la región árabe, protagonista de explosiones sociales que como efecto dominó se extendieron a varios países de la zona y provocaron, para el asombro de los más escépticos, la caída de regímenes anquilosados.

La escalada de protestas vaticina un llamado urgente de los pueblos contra el sistema imperante, que ha llevado a la pobreza a miles de millones de personas, mientras algunos de sus gobernantes engrosan sus cuentas bancarias.

Expertos en el tema destacan que la situación es apenas el comienzo de lo que pudiera convertirse en una verdadera revolución en el Oriente Medio en lo económico, lo político y lo social.

La pronosticada hambruna mundial asoma con estas explosiones y la demanda de una mejor distribución de las riquezas para disminuir la brecha que aumentó sistemáticamente con la acumulación de capitales de algunos, a costa de muchos más.

El experto en la región Pedro Brieger asegura que estas revueltas populares van a cambiar el Oriente Medio y que tendrán un efecto global. Tal vez a los que no viven en el mundo árabe, a los que no lo hayan estudiado, les resulte difícil comprender la dimensión histórica de lo que está ocurriendo allí, acentúa Brieger.

En la prensa árabe se está produce un debate muy interesante de estos hechos, los cuales son comparados con las revoluciones burguesas de 1848 en Europa y con la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989. Lo particular de estas protestas es que no están organizadas por movimientos o partidos políticos. Son las masas las que han tomado las calles.

El líder del movimiento de resistencia libanés Hizbulah (Partido de Dios), jeque Sayyed Hassan Nasrallah, opina que el éxito de las protestas egipcias podrá cambiar la faz de la región. Destaca que estas sublevaciones no fueron alentadas por fuerzas externas, por lo cual constituyen revoluciones de los pobres, de los estudiantes, por la libertad de los que rechazan ser humillados. Los que participan en las manifestaciones son musulmanes, cristianos, intelectuales, grupos civiles, y jóvenes en su mayoría.

A pesar del apoyo y complicidad de Estados Unidos con los gobiernos derrocados, ahora la Casa Blanca trata de mejorar su imagen al declarar su apoyo al pueblo egipcio, alerta Nasrallah.

Para el politólogo Alejandro Teitelbaum, la crisis actual es inherente al sistema capitalista; sin embargo, considera que los estallidos populares en Túnez y Egipto no deben calificarse de revoluciones.

En las revueltas populares árabes, continúa, entronca el hambre, la opresión, la desocupación, pero no pueden verse como revoluciones, porque, a pesar de su masividad, el poder de decisión lo siguen teniendo las elites dominantes con el respaldo de los militares.

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas egipcias tomó el control del país tras la renuncia del mandatario, Hosni Mubarak, el 11 de febrero pasado, obligado por la paralización casi total de la nación durante 18 días de protestas que exigían el fin de 30 años de gobierno.

Durante las manifestaciones murieron unas 365 personas y cinco mil 500 resultaron heridas, según cifras preliminares de las autoridades de salud egipcias.

Lo cierto es que lo acaecido en las últimas semanas constituye una rebelión de los más diversos sectores populares egipcios, contrariados por la pobreza que afecta a la mayoría de su país, y por la revelación de las cuentas bancarias de Mubarak.

Es una señal del despertar del mundo islámico, aseveró el líder supremo de Irán, ayatolah Ali Khamenei, al referirse a las manifestaciones que estallaron a inicios de 2011 en Túnez y convulsionaron en escalada a la región.

Khamenei descalificó a los depuestos presidentes de Túnez y Egipto por sus vínculos con Occidente y denunció las maniobras para mantener sistemas corruptos y líderes serviles, según divulgó la televisión estatal PressTV.

Por su parte, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, consideró que los hechos de los últimos días pueden reducir la influencia de Estados Unidos en la región. Ahmadinejad mencionó también la revolución de los jazmines en Túnez, donde el pueblo logró la salida del poder de Zine El Abidine Ben Alí.

“Digo a los pueblos y a los jóvenes de los países islámicos y árabes, en particular a los egipcios: permanezcan alerta. Es nuestro derecho ser libres, elegir a nuestro gobierno, a nuestros dirigentes”, afirmó.

En Yemen, en tanto, más de mil personas apoyaron las protestas en El Cairo y otras ciudades egipcias, a la par que denunciaron la política del gobierno de Saná. Para la familia real de Arabia Saudita el cambio del régimen de Mubarak significa la pérdida de un aliado en el Medio Oriente.

Jordania también fue escenario a mediados de enero de manifestaciones contra la política gubernamental y el ascenso de los precios de los alimentos y de otros productos básicos. El 1 de febrero el rey de Jordania, Abdalá II, cesó a todo su gobierno y designó a un nuevo primer ministro, sin embargo, los disturbios continúan y se exige mejorar la calidad de vida del pueblo.

Muchas voces coinciden en señalar que la crisis sistémica del capitalismo, el cambio climático y la crisis alimentaria, conducirán ineludiblemente a radicalizar los procesos revolucionarios. No solo en esa zona despertarán las masas, sino también en la rica y vieja Europa, en Asia, América Latina y en los propios Estados Unidos, vaticinan analistas.

El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas recordó que las protestas en parte del mundo árabe sirven de advertencia sobre el importante papel que la seguridad alimentaria juega a la hora de calmar la rabia de los pueblos.

* Redacción de Temas Globales.