Los “siameses del revisionismo” (PCB y el PCMLM) que conformaron la Alianza Revolucionaria Antiimperialista (ARA) apoyaron y apoyan incondicionalmente la reorganización del viejo estado boliviano, denominado ambiguamente como “proceso de cambio”, que en rigor no es más que el fallido intento de nacionalizar el capitalismo, como “capitalismo andino”, con el respaldo del imperialismo desde el proceso constituyente hasta su producto final: la nueva Constitución Política del Estado y la implementación de una nueva legislación liberal.

Los “siameses del revisionismo” estuvieron convencidos que este proceso tenía un carácter revolucionario y que por ello estábamos transitando hacia el socialismo, por lo que se impusieron como tarea movilizar al pueblo para profundizar el proceso de cambio hacia objetivos poco menos que propios a los de una situación en la que el viejo estado había sido demolido con todos sus soportes compulsivos. Es decir, como si se habría consumado una verdadera revolución, cuando en realidad nada de ello había sucedido, sino la reorganización estatal, donde la formación económica social del país continúa siendo capitalista y más dependiente que nunca.

Esta reorganización subjetivista, culturalista y ritualista del viejo estado nacional (Ottobaueriano), con cambio de nombres, símbolos y lemas, fue inapropiadamente denominado como proceso de “descolonización” que, en los hechos, no significa ningún cambio o transformación de la base o estructura económica de la sociedad boliviana, sino simples cambios en la superestructura de la sociedad. Este es un aspecto central para cualquier análisis que se pretenda sobre el carácter y naturaleza de clase del “proceso de cambio”.

Nada de lo que acabamos de mencionar fue percibido por los “siameses del revisionismo”. Contrariamente, como sucede con todos los revisionistas en el mundo entero, se adhirieron desenfrenadamente con el “proceso de cambio” hasta llegar a niveles de empatía con los reformistas del viejo estado boliviano, que, como está claro, esencialmente no tienen otro propósito que perpetuar el sistema capitalista bajo la formula “garcialineriana” de nacionalizar el capitalismo como capitalismo andino.

Al igual que el discurso de los reformistas del viejo estado boliviano ahora plurinacional, los “siameses del revisionismo” asumen la impostura demagógica de un irresponsable discurso incendiario de antiimperialismo y revolucionarismo pequeñoburgués, para mantener desesperadamente el apoyo de las masas y de nuestro pueblo a un proceso que en realidad no tiene nada de democrático ni revolucionario. Afortunadamente, esta impostura reformista demagógica del “proceso de cambio” se viene derrumbando, porque cada vez queda al desnudo que no existe diferencia alguna entre este gobierno y los anteriores gobiernos neoliberales (ejemplo las medidas neoliberales como el nivelazo o gasolinazo). El modelo neoliberal se mantiene firme y subsistente gracias a la política económica de este gobierno que beneficia a las empresas transnacionales petroleras y de un modo mas descarado a la burguesía agroindustrial y terrateniente del país (a la que con tanta algazara decían combatirla), con las que llegaron a pactar públicamente, conformando una instancia de coordinación (órgano consultivo), a la que la banca privada se sumó con entusiasmo con un aporte de cuatro mil millones de dólares. Ni más ni menos que una sociedad o una junta de gobierno y administración del viejo estado boliviano devenido en plurinacional.

No es que los “siameses revisionistas” no se hayan dado cuenta. Es la línea internacional revisionista que en todas partes del mundo tienen la misma conducta capituladora y liquidacionista de la lucha de las masas (desde la teoría kruchoviana de coexistencia pacífica con el enemigo). Hace rato que abandonaron lo esencial de la lucha revolucionaria, cual es la toma del poder político estatal por la fuerza material organizada de las masas, a cuya cabeza jamás se pondrán para organizarla y dirigirla, sino para desviarla hacia el ilusionismo constitucional burgués o la neojuricidad del viejo estado boliviano.

La Alianza Revolucionaria Antiimperialista (ARA) en una carta que se proponen enviarla, o tal vez ya lo hicieron en estos días, al Presidente del Estado Plurinacional (nueva forma estatal del viejo estado boliviano), reconocen en algún momento de lucidez (que accidentalmente la tuvieron debido al nivelazo o gasolinazo), “que las fuerzas del campo popular están disminuidas y desorganizadas… El MAS y las organizaciones políticas integrantes de la Alianza Revolucionaria Antiimperialista no logran unir fuerzas para enfrentar los desafíos del presente… la desorientación ideológica o su desconocimiento nos pone en una situación de total desarme orgánico e ideológico”.

No es que las fuerzas del campo popular estén disminuidas o desorganizadas; todo lo contrario, están en pleno proceso de acumulación de fuerzas en la perspectiva de un ascenso revolucionario en contra de las políticas de carácter neoliberal del gobierno del “proceso de cambio” que, con la refundación del viejo estado boliviano en plurinacional, no resolvió los problemas de los pobres del campo y de las ciudades debido a su política que favorece a las transnacionales petroleras y a la burguesía agroindustrial y terrateniente del país, cuyas consecuencias se traducen en más hambre, pobreza, miseria, desempleo, proletarización de la clase media, desconocimiento de conquistas sociales de los trabajadores, flexibilización laboral, injusta distribución de tierras en el campo, etc., etc.

Seguidamente, los “siameses revisionistas” que son el alma y cuerpo del ARA dicen que hay una “desorientación ideológica” que les pone en un “total desarme orgánico e ideológico”. No se dan cuenta en absoluto que las masas y el pueblo retomaron la lucha revolucionaria y antiimperialista frente a un gobierno que no responde a sus intereses. La demostración material es que reconocen que están perdiendo terreno; empero en lo fundamental, no tienen el valor de reconocer que la demagogia y la retórica de la impostura del antiimperialismo y revolucionarismo del gobierno del MAS ya no funciona para seguir mintiéndole a las masas y a nuestro pueblo, cuando en realidad hacen todo lo contrario. No reconocen en sus lloriqueos que ni los dirigentes oficialistas prebendales y oportunistas funcionan cuando ya fueron rebasados por sus bases, que como sabemos resolvieron la “autoconvocatoria” frente al nivelazo o gasolinazo para derrotarlo.

Pero la miopía o desubicación de los “siameses revisionistas” en el ARA llega a límites de la estupidez humana cuando dicen que “… la derecha conservadora, supuestamente disminuida y aplastada en las elecciones pasadas, hoy se recompone y se unifica orgánica e ideológicamente.”

Cualquiera se da cuenta que la derecha esta orgánicamente desarticulada, fragmentada y confundida. Que el gobierno del MAS cuenta con una mayoría demoledora de dos tercios en la Asamblea Plurinacional esta fuera de toda discusion. No obstante, es incapaz de llevar adelante la culminación de la reorganización del viejo estado boliviano ahora devenido en plurinacional. Estos falsos predicadores de la revolución cuando les viene algún momento de lucidez por algún accidente, hablan de Mao y de la teoría de las contradicciones, pero se olvidan de las enseñanzas del gran timonel cuando decía que “el enemigo está dentro del Partido”. El pueblo y las masas han identificado sin mayor esfuerzo a las facciones proburguesas y proimperialistas en el seno del gobierno del “proceso de cambio”, las que se disputan y acuerdan espacios y privilegios de poder. Una de las facciones mediante un gran despliegue en la prensa burguesa, se autodenomina y gusta hacerse identificar como una corriente “marxista” frente a la corriente “indigenista” de Choquehuanca. A este paso, no sería raro que el ARA y sus “siameses revisionistas”, concluyan en algún momento que el pueblo y las masas traicionaron al “proceso de cambio” por ser unos derechistas…

Refiriéndose al nivelazo o gasolinazo, dicen que “el D. S. 748 y su ulterior derogación 4 días después de su publicación… causó un gran trastorno económico y social que tuvo una gravitación enorme en la situación política del país. Es evidente que la economía en general y particularmente la economía popular se vieron afectadas; siendo muy severas las consecuencias para las clases populares”. Estos fariseos de la revolución, no tuvieron el valor de exigir al gobierno del “proceso de cambio” su inmediata abrogación, tal como las masas y nuestro pueblo en las calles y carreteras lo exigían; contrariamente, (antes de la abrogación del nivelazo o gasolinazo) luego de haberse reunido con el Presidente en el Palacio Quemado, salieron con la consigna de explicar al pueblo y a las masas sobre la necesidad de la medida para eliminar la subvención estatal en la exportación de diesel y gasolina; y además con la sucia consigna oficial de controlar cualquier protesta popular. Cuan alejados de la realidad se encontraban y aun se encuentran los “siameses del revisionismo” y los reformistas, porque el gobierno ante la inminencia de una insurrección popular, no tuvo otra alternativa que abrogar el D.S. 748.

Luego afirman que “El imperialismo y la derecha están infiltrando las organizaciones sociales, vecinales y de originarios; por supuesto utilizando los medios de comunicación que en su mayoría están bajo su control, para emitir verdaderas campañas sustentadas con medias verdades que contribuyen a la especulación y las alzas de precios, desorganizando la economía con la finalidad de desestabilizar el proceso.” En cualquier parte del mundo las masas y el pueblo jamás aceptaran someterse a una política neoliberal hambreadora y empobrecedora, y menos que le sigan engañando con imposturas de antiimperialismo y revolucionarismo que en los hechos el viejo estado boliviano devenido en estado plurinacional solo responde a los intereses de las transnacionales y de la burguesía agroindustrial y terrateniente del país. Los infiltrados están dentro del gobierno, el pueblo los identificó, ni siquiera los “siameses del revisionismo” pudieron hacerlo y les resulta muy cómodo culpar a las masas y al pueblo que por protestar contra el nivelazo o gasolinazo y en contra el alza de los precios de primera necesidad, por haber sido infiltrados por la derecha y el imperialismo.

Las peores condiciones de existencia material de las masas y de nuestro pueblo son provocadas por la política neoliberal del gobierno del “proceso de cambio”, y de ninguna manera la resistencia popular contra el nivelazo o gasolinazo y sus secuelas fue producto de la infiltración de la derecha. Los infiltrados por la derecha son los del gobierno del MAS, por tanto no es posible que las masas y nuestro pueblo puedan “realizar acciones de apoyo o defensa efectiva al “Proceso de Cambio”, cuando este proceso fue una impostura y engaño que jamás respondió a los intereses populares y nacionales.

Entre otros aspectos del contenido de la referida carta al Presidente del Estado Plurinacional, recomiendan algunas tareas, que a criterio nuestro el gobierno del “proceso de cambio“ fue incapaz para materializarlas, como por ejemplo “medidas económicas que reactiven el aparato productivo y generen puestos de trabajo, tales como la profundización de la revolución agraria, el relanzamiento de YPFB,… agilizar la actividad productiva del sector minero, … políticas claras en cuanto a la prestación de servicios básicos (salud, educación, comunicaciones, alimentación, etc.), lucha sin cuartel contra el narcotráfico y la corrupción burocrática.” Sin embargo, a renglón seguido aflora la estupidez “revisionista”, cuando dizque para “fortalecer el proceso revolucionario de cambio” estas son algunas de nuestras propuestas.

Definitivamente perdieron el norte y confunden insistentemente que la reorganización del viejo estado boliviano devenido en estado plurinacional con una formación económica social capitalista, que no fue modificado estructuralmente, sea un “proceso revolucionario”. No comprenden, o es que tal vez ignoran, que la teoría “garcialinerista” consiste en la absurda nacionalización del capitalismo en un capitalismo andino, y esto no tiene nada de revolucionario, sino un intento subjetivista y culturalista de optimizar y funcionalizar el viejo estado boliviano como un estado capitalista andino, manteniendo incólume la condición de un país cada vez más dependiente, atrasado y semicolonial.

Un verdadero estado plurinacional solo será posible fuera del contexto capitalista, dentro de una formación socialista, dentro de una nueva democracia con nuevo poder, nueva economía, nueva política y nuevo ejército. Todo lo demás es vana ilusión reformista que desprecia y desvía la lucha revolucionaria de las masas y de nuestro pueblo, porque solo pretende reorganizar el podrido viejo estado boliviano ahora plurinacional, con el propósito de perpetuar el sistema capitalista, la opresión nacional y la explotación del hombre por el hombre. Es decir un “proceso de cambio” para que cambie el capitalismo en capitalismo andino, según la tesis “garcialinerista”.

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