(PL y Bolpress).- El déficit presupuestario de Estados Unidos cerró en 49.800 millones de dólares en enero de 2011, 7.200 millones más que en enero de 2010, mientras que el gasto público subió de 247.900 millones a276.300 millones de dólares, informó el Departamento del Tesoro. El presidente Barack Obama anuncia recortes “dolorosos pero necesarios” en el presupuesto de 2012, aunque planea aumentar el presupuesto para la guerra.

A casi tres años del inicio de la peor crisis desde la Gran Depresión (1929-1942), las dificultades de la economía estadounidense hacen peligrar el llamado “sueño americano”, admitió Obama: “La dura verdad es que nuestros actuales problemas se gestaron durante años y va a llevar más tiempo de lo que ninguno de nosotros desearía el reparar los daños”.

Después de las crisis de la deuda pública, del crédito e inmobiliaria, el súper crack sistémico progresivo de las economías desarrolladas acaba de entrar en una nueva fase caracterizada por la “inflación importada”, explica el ex diplomático miembro de la Comisión Económica de la Asamblea General de la ONU y periodista de Prensa Latina Santiago Brugal Almanza.

Las cotizaciones de las materias primas en general y de las básicas en particular, incluyendo los alimentos, se han disparado, pasando a primer plano en las preocupaciones por el futuro de la economía mundial, en especial por las consecuencias políticas internas y globales que comienzan a manifestarse. No es la primera vez que la inflación e hiperinflación azotan a nivel global o regional, pero en esta ocasión sus causas y consecuencias son diferentes a las anteriores en la historia económica.

Los factores temporales como la especulación, el cambio climático, los desastres naturales y situaciones geopolíticas, como ocurre ahora en Australia y el Medio Oriente, influyen, aunque de manera temporal. Pero la inflación actual está sustentada en fundamentos económicos estructurales como el alto crecimiento de las economías emergentes y el aumento de la demanda, que tensionan las inversiones, la producción, los inventarios y la oferta de todas las materias primas de manera sistémica e irreversible.

Las economías desarrolladas han bajado las tasas de interés a niveles mínimos históricos para detener la contracción del crecimiento, y han puesto en práctica planes de estímulo después del salvamento a entidades financieras y empresas en bancarrota. Estas medidas, por un lado, han puesto los déficits fiscales en riesgo de cesación de pagos, y por otro, inundan de liquidez los mercados financieros internacionales, ya saturados por la gran concentración de capital en manos los sectores privados de la economía y millonarios particulares, provocando la guerra de divisas o efecto dólar.

La inyección excesiva de capital genera inflación y devaluación de la moneda, sobre todo en situaciones de grave crisis de deuda soberana como la actual. Dada la contracción del crédito en los mercados internos de las economías desarrolladas, el exceso de capital se está dirigiendo deliberadamente (guerra cambiaria) hacia los mercados especulativos internacionales y de los mercados emergentes, contribuyendo al alza de la inflación en los mismos y a la revalorización de sus monedas, como está ocurriendo en China y Brasil.

De esta manera, ese componente de la inflación agregada (por el efecto dólar) regresa a Estados Unidos, junto al incremento de los precios de las materias primas, en el valor de sus importaciones. En diciembre de 2010, los precios de las importaciones de EE.UU. subieron 1,1 por ciento, tras un incremento revisado al 1,5 por ciento en noviembre. En todo 2010 se elevaron 4,8 por ciento, por encima del rango aceptable de entre uno y dos por ciento.

Así se produce un nuevo fenómeno en la economía mundial: “la inflación con deflación” o inflación importada, cuya medición estará determinada por el diferencial de las presiones deflacionarias de los mercados deprimidos internos y las inflacionarias en los mercados internacionales principalmente, entre otros factores.

Para aminorar el impacto en los costos de producción, por las expectativas de futuras alzas de los precios, los fabricantes y los mercados mayoristas están acumulando inventarios o acaparando, lo que a su vez provoca más inflación. Para salir de altos inventarios debido a la poca demanda y el mantenimiento de las cuotas de mercado, aumentaron la productividad mediante la reducción de personal, la baja de salarios y la extensión de horarios laborales.

Hasta el momento el aumento de los costos de producción no se había trasladado a los consumidores, pero los niveles de inflación hacen ya insostenible el mantenimiento de los precios minoristas y los productores comienzan a pasarles los incrementos a los consumidores. El Wall Street Journal reportó el 6 de febrero que “el impacto del alza de los precios del acero en Estados Unidos está comenzando a filtrarse a través de la cadena de suministro, lo que ha llevado a las compañías que compran y procesan acero a incrementar sus propios precios seis veces, para un total de entre 20 y 30 por ciento en el acero laminado plano”.

Cuatro días antes la misma fuente informó que Electrolux, que vende productos bajo su nombre y también bajo las marcas Zanussi y Frigidaire, elevará sus precios entre ocho y 10 por ciento desde abril en Norteamérica y gradualmente en Europa y otros mercados. “La decisión se produce cuando los manufactureros mundiales planean alzas de precios para compensar los altos costos de las materias primas y recuperan el terreno perdido durante la recesión”, indicó el Wall Street Journal.

Con el aumento de la inflación, los trabajadores pierden poder adquisitivo y dejan de consumir atemorizados por el aumento de la tasa de desempleo en Estados Unidos, que al comenzar 2011 se sitúa en 9,4 por ciento. En la primera semana de enero de 2011 subieron en 18 mil las nuevas solicitudes de subsidio por desempleo, sumando un total de 409 mil, informó el Departamento de Trabajo, mientras que un reporte de la consultora Challenger, Gray & Christmas Inc. vaticina que el mercado laboral estadounidense sufrirá fuertes recortes de personal en 2011.

Según un estudio del Instituto Conference Board, la confianza del consumidor en el mercado laboral bajó en diciembre de 54,3 a 52,5 puntos, muy por debajo de los 90 puntos necesarios para hablar de una economía sana. El índice de los “trabajos difíciles de conseguir” subió a 46,8 por ciento, mientras que el de “trabajos abundantes” cayó a 3,9 por ciento. Los analistas consideran que la situación es especialmente preocupante en un país donde la actividad de los compradores representa el 70 por ciento de la economía nacional. A la Oficina de Análisis Económico le preocupa que gran parte de la demanda actual se cubra con productos importados.

A ello se suman los planes de reducción de gastos estatales y los aumentos impositivos, que agregan indirectamente más inflación y contracción económica. Para contrarrestar la inflación, el mecanismo más efectivo ha sido mover las tasas de interés, pero en ausencia de un crecimiento real de la economía esa herramienta puede provocar más inflación negativa o deflación. Por tanto, ya es inevitable elevar las tasas de interés y contraer el crecimiento, ahogando los débiles repuntes en algunos sectores de la economía que dependen del alza de la demanda en los mercados emergentes.

Así, la inflación importada por los países industrializados entra en otro novedoso fenómeno de la economía mundial, pues al combinar contracción con inflación crea la peor de las situaciones posibles: la contracflación.

Recortes “dolorosos”

El presupuesto estadounidense mantiene un saldo negativo de manera continuada en los últimos 28 meses, y se pronostica que el déficit alcance la cifra récord de 1,5 billones de dólares en el año fiscal 2011. De cumplirse tales estimados, Estados Unidos cerraría su tercer año fiscal con un déficit de más de un billón de dólares.

El presidente Obama anunció recortes “dolorosos pero necesarios” en el presupuesto para 2012 que asciende a 3,7 billones de dólares. Su gobierno prevé reducir el déficit en 1,1 billones en 10 años; dos tercios de los ahorros se lograrán en los gastos del gobierno y el resto por la subida de impuestos.

La mayoría republicana de la Cámara de Representantes procura recortar este año hasta 100 mil millones de los programas de ayuda domésticos y externos, y algunos ultraconservadores como el senador Rand Paul proponen eliminar por completo la ayuda externa. Por ejemplo, el Departamento de Estado ya redujo su aporte a la lucha antidroga en Bolivia para 2012 de 20 a 10 millones de dólares.

“Tenemos una deuda fuera de control y un déficit astronómico que les estamos pasando a nuestros nietos. No podemos seguir así”, justificó la congresista republicana Ileana Ros Lehtinen en una entrevista con el analista Andrés Oppenheimer, quien recordó que Estados Unidos es uno de los países industrializados que menos da en asistencia externa: sólo dona el 0,2 por ciento de su PIB en, mientras que Suecia aporta el 1 por ciento.

La Coalición por el Liderazgo Global de Estados Unidos, un grupo pro ayuda externa con sede en Washington D.C., opina que la propuesta republicana reduciría el Presupuesto de Asuntos Exteriores en más de un 13 por ciento, una cifra que en su criterio resultaría “devastadora”.

El congresista demócrata Eliot L. Engel le dijo a Oppenheimer que los recortes de la ayuda externa en momentos de la lucha contra los cárteles de la droga en México y América Central, y cuando aumenta la influencia de China, Irán y Venezuela en todo Latinoamérica, “es algo que se volverá en nuestra contra”.

No obstante, Obama quiere destinar 671 mil millones de dólares a las fuerzas armadas y la Casa Blanca presupuesta 118 mil millones de dólares para los conflictos de Afganistán e Irak, y un expendio base de 553 mil millones de dólares, 22 mil millones más que en 2010. El presidente norteamericano estableció un nuevo récord para favorecer a la industria de la guerra al destinar 113 mil millones de dólares para adquisición de armas y servicios, y cerca de 77 mil millones de dólares para investigación y desarrollo bélico. Una de las grandes prioridades será la ciberseguridad, que se beneficiará con 2.300 millones de dólares, satélites y seguridad nuclear.

Es bueno subrayar que la industria militar y el armamentismo son intrínsecos al capitalismo y cumplen un papel fundamental en su fase imperialista. El Golfo Pérsico ha sido un importante mercado de armas, abastecido principalmente por Estados Unidos. Arabia Saudita sirve al objetivo del imperialismo de armar una nación contra otra en la región. El anuncio del contrato de venta de armamento ofensivo para los sauditas por un valor de 60 mil millones de dólares es el reflejo de las tendencias bélicas en Oriente Medio, explica el Partido Obrero Revolucionario (POR) de Brasil.

Según el analista Teódulo López Meléndez, la expansión militar pasa a segundo plano en un momento en el que Estados Unidos pierde su preeminencia económica, el dólar pierde importancia como única reserva cambiaria y su dominio iniciado a finales de la II Guerra Mundial decrece. Estados Unidos ya no es el principal productor económico, ni la fuerza política dominante ni el centro cultural del sistema mundo, y por todas partes surgen organizaciones económicas que pueden hacerle frente, como por ejemplo el grupo Shangai integrado por Rusia, China, India, Paquistán, Mongolia e Irán.

* Con información de los periodistas de Prensa Latina Santiago Brugal Almanza y Masiel Fernández Bolaños.