Después de una década de importantes avances en el discurso, las iniciativas políticas y gubernamentales y los proyectos que permiten establecer las bases de la unidad e integración latinoamericana y caribeña en una Patria Grande, para los siguientes años, se advierten peligros de estancamiento debido a las tendencias mundiales, regionales y nacionales marcadas por distintos grados de crisis económica, procesos políticos internos conflictivos, desmovilización social, inciertas elecciones, controversias internacionales y presiones extra regionales.

Los hitos de avance fueron, por una parte, la constitución de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), con iniciativas de complementación financiera y comercial a través del Banco del Sur y la creación de una moneda común: el Sucre; de seguridad y defensa regional con la complementación de las Fuerzas Armadas de los países de la región al margen del siniestro Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) apadrinado por Estados Unidos; y de seguridad energética con Petrosur aún en etapa muy preliminar de implementación. Por otra parte, con principios programáticos más avanzados políticamente, se formalizó la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), bajo el timón de Hugo Chavez y la República Bolivariana de Venezuela junto a los gobiernos de Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Dominica y Honduras, sin embargo, después del golpe de Estado y la crisis política en este últimos país, el gobierno de Tegucigalpa desistió de su participación. Y, finalmente, los procesos integracionistas del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) mantuvieron, con avances y retrocesos, sus acciones de complementación subregional.

El impulso, triunfo electoral y carisma de los liderazgos de Lula Da Silva, Hugo Chavez, Fidel Castro, Néstor Kirchner, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa fueron muy importantes para la realización de varios encuentros y cumbres en los cuales los proyectos de integración se presentaban como prioritarios y a la orden del día, en medio de un debate público y abierto a los medios de comunicación, como nunca antes se había realizado. Los encuentros personales de los mandatarios también mostraron la afinidad e intención de acciones comunes, recuperando un discurso integrador y bolivariano.

En muchos casos el discurso antiestadounidense y la crítica al intervencionismo de la potencia del norte en la política interna latinoamericana y caribeña marcó la agenda de los distintos países, llegando inclusive a plantear la superación de la etapa de vigencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), para ser sustituida por un nuevo organismo regional, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que inició sus actividades en la Cumbre de México de febrero de 2010 y deberá realizar próximamente una trascendental Cumbre.

Sin embargo, actualmente se presentan algunas señales poco alentadoras para la continuidad del proceso integracionista. Si bien fueron reelectos Chavez, Morales y Correa, las elecciones de nuevos Jefes de Estado en Chile, Brasil y Colombia y las futuras elecciones en Perú y Argentina avizoran una mayor heterogeneidad de conductores políticos, algunos de ellos muy condicionados por el gobierno de Washington o, en su caso, adheridos a corrientes mas conservadoras y tradicionales.

La crisis y el desequilibrio entre las economías de los países de la región marcan un indicador negativo para la complementación comercial y económica, sobretodo porque Brasil ha desarrollado, en coordinación con grandes corporaciones transnacionales, un potencial muy superior a los otros países, con elevadas inversiones en Argentina, Uruguay, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela. Las primeras señales del gobierno de la nueva Presidenta Dilma Roussef parecen orientarse hacia la reducción del ritmo de acercamiento político a los otros países y la priorización de las relaciones económicas desiguales.

Por otra parte, se advierte que el Presidente de Venezuela Hugo Chavez ha reducido sus iniciativas regionales en función de priorizar la política interna con miras a profundizar su proyecto del “Socialismo del Siglo XXI” y las elecciones presidenciales que deben realizarse el próximo año. En el caso cubano se están produciendo reformas que tienden a una mayor apertura al libre mercado y en Bolivia y Ecuador los problemas internos han limitado las iniciativas externas de sus mandatarios.

Corresponderá a la Segunda Cumbre Presidencial de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a realizarse a mediados de 2011 en Caracas, Venezuela, la adopción de decisiones trascendentales sobre el futuro regional de sus miembros, 32 países, casi 600 millones de habitantes y grandes y estratégicos recursos naturales, muy importantes en la economía y el comercio internacional, en una coyuntura mundial en la cual se posicionan económica y geopolíticamente los grandes bloques económicos y políticos de Asia, como China, Japón y la India, de la Unión Europea, del Mundo Árabe y de los Estados Unidos.

Se trata de una oportunidad para retomar las iniciativas colectivas e impulsar la unidad de América Latina y el Caribe, tomando en cuenta que del CELAC participan y han manifestado su compromiso los países mas fuertes de la región, como son Brasil, Argentina, Venezuela y México, con importante peso subregional en lo político y económico.