Aproximadamente la mitad de la producción de metano proviene de la actividad bacteriana en los sembradíos de arroz, de la cría masiva de animales y de la acción de los termitas. Una cuarta parte proviene de emanaciones producidas por la putrefacción en tierras pantanosas y húmedas. Apenas un 15% es atribuible a la explotación industrial de gas natural y carbón mineral. Con un 5% de las emisiones contribuyen además los rellenos de basura y otras sustancias orgánicas en descomposición.

La cría de ganado se encuentra entre las fuentes menos conocidas pero más significativas. La producción de metano es una consecuencia normal de los procesos digestivos de los animales, especialmente en el caso de los bovinos, ovinos y caprinos, cuya flora ruminal contiene bacterias que favorecen ese proceso.

En los animales no rumiantes (porcinos, equinos, asnales) la fermentación ocurre en el intestino grueso, donde son menos favorables las condiciones para la producción de metano. Por otra parte, el manejo del estiércol del ganado produce emisiones de metano y de óxido nitroso diferentes, dependiendo de la dieta de los animales.

En cuanto a las plantas, si bien se dispone en la actualidad de algunos indicios, aún no se conocen a cabalidad los procesos que determinan la emisión de metano por las mismas.

Hay quienes opinan que los hidratos de metano (combinaciones de hielo y metano en el fondo marino) son una futura fuente potencial de metano con fines comerciales, lo que se explica por el hecho de que se calcula que la cantidad de metano depositado bajo el Ártico es muy superior al carbono que se encuentra todavía disponible en las reservas carboníferas mundiales.

Este propósito implicaría contar con una relativa estabilidad de esos depósitos subacuáticos, pero lo que viene sucediendo apunta en otra dirección.

La cuestión del destino de tales depósitos de metano reviste una importancia aún mayor dado que los investigadores consideran que su emergencia en épocas pasadas fue la responsable de rápidos aumentos de temperaturas y cambios climáticos bruscos, a los cuales se relaciona con eventos de extinción de especies.

En realidad, las regiones árticas se vienen calentando a un ritmo significativamente más rápido que otras del Planeta y, según la opinión de expertos, volúmenes considerables de metano que han permanecido encerrados por siglos bajo estos fondos marinos suben en la actualidad en forma de grandes burbujas a la superficie oceánica, fenómeno que coincide con la desaparición de los bloques de hielo de las aguas árticas.

El Ártico ha registrado un incremento medio de la temperatura de cuatro grados centígrados en las últimas décadas y una fuerte disminución del área oceánica cubierta por los hielos durante el verano.

De acuerdo con un artículo reciente publicado en la revista Science, la capa de hielo que almacena miles de millones de toneladas de metano bajo las frías aguas del Océano Ártico está dejando escapar en forma creciente ese gas de efecto invernadero a la atmósfera. Se teme que este fenómeno pueda representar uno de los primeros indicadores de un círculo vicioso que conduciría de manera acelerada al recalentamiento planetario.

A su vez, el informe denominado “Reacciones del clima ártico: Implicaciones globales”, presentado también en fecha reciente por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), advierte con toda claridad que de no producirse reducciones importantes en las emisiones contaminantes causadas por los seres humanos, principalmente mediante la quema de combustibles fósiles y la deforestación, podría descongelarse para fines de este siglo los dos a tres metros superiores del llamado “permafrost” o suelo congelado de toda la región ártica.

De ocurrir tal eventualidad, los volúmenes de carbono y metano que resulten liberados podrían ser muchas veces más altos que los actualmente contenidos en la atmósfera. Ello provocaría el aumento en seis, ocho o incluso 10 grados de las temperaturas promedio mundiales, y traería aparejado consecuencias virtualmente inimaginables.

En todo caso, de las implicaciones catastróficas que esto podría tener para la especie humana no podría culparse al metano. El verdadero villano a derrotar es el aberrante modo de producción, consumo y derroche que se esgrime como modelo de desarrollo por el capitalismo globalizado, el cual se debate hoy en una grave crisis resultante de sus propias contradicciones.

* Colaborador de Prensa Latina.