Podemos hablar de una izquierda colonial en tanto que se ha dado en la historia política de Bolivia una izquierda que no se ocupó para nada de los diagramas de dominación del colonialismo, de la colonialidad, del colonialismo interno, y soslayo de lleno la problemática indígena.

A pesar que la guerra anticolonial comienza temprano, durante el siglo XVIII. Incluso se rastrean en las investigaciones históricas levantamientos anteriores. La izquierda aparece de dos maneras, como organizaciones y sindicatos, pero también como difusión discursiva. Esto ocurre sobre todo después de la guerra del Chaco, aunque hubo organizaciones sociales de defensa de los trabajadores y formaciones discursivas interpeladoras del capitalismo antes de la guerra del Chaco; se puede seguir esta historia interpeladora de los trabajadores y del pensamiento radical liberal desde los comienzos mismos del siglo XX. Bajo este contexto y teniendo en cuenta estas consideraciones, se puede decir que las primeras organizaciones tuvieron una influencia anarquista; fue después, cuando se formaron los sindicatos obreros, prioritariamente mineros, que se cuenta con influencia marxista. Dos son las corrientes que van a tener una influencia condicionante en los sindicatos mineros y en las organizaciones matrices de los trabajadores; una es la corriente estalinista y la otra es la corriente troskysta, ambas terminan formando los conocidos partidos marxistas bolivianos.

No vamos a comenzar cronológicamente sino por la vinculación oficial con la tercera y la cuarta internacional; vamos a comenzar entonces con el Partido Comunista (PC), fundado en 1950 con la participación de Sergio Almaráz Paz; el PC tiene el antecedente orgánico en el Partido de Izquierda Revolucionario (PIR), fundado en 1940, donde militaba precisamente Sergio Almaraz como participante de la juventud y dirigente de la célula Lenin . Entre 1964 y 1966 se produce una tensa discusión al interior del PC, que termina dividiéndose entre una tendencia “pro-Moscú” y otra “pro-Pekín”; esta segunda tendencia asume el nombre de Partido Comunista Marxista-Leninista, para diferenciarse del Partido Comunista de Bolivia (PCB). El PC-ML se funda en 1965 en un Congreso extraordinario realizado en el centro minero de Siglo XX; la fundación y el tiempo previo de la fundación va estar impregnado de un debate significativo sobre la caracterización de la revolución de 1952, del proceso en curso y del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR); también sobre las opuestas interpretaciones del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que inicia una conducción aparentemente distinta a la de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como Stalin, desmarcándose de su métodos y de su concepción política, procesando incluso al stalinismo. El PC-ML inicia su vida criticando el revisionismo del periodo de Jruschov y el seguidismo de la dirección del PC respecto al gobierno del MNR. La participación del PC en la guerrilla del Che fue altamente cuestionada; se incorpora en la misma la juventud del partido , empero el partido mismo termina distanciándose de la guerrilla por diferencias políticas, particularmente las que tienen que ver con la conducción y dirección de la guerrilla en Bolivia. Se dice que una vez que es rechazada la petición del Secretario General del PC, Mario Monje, de ser nombrado comandante del guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, el partido le quita el apoyo logístico a la guerrilla, sin embargo, el partido cumple un papel importante para la salida hacia Chile de los sobrevivientes de la guerrilla, concretamente del grupo de Harry Villegas Tamayo, alias Pombo .

Continuamos con el vínculo orgánico a la cuarta internacional, hablamos del Partido Obrero Revolucionario (POR), se funda cinco años antes que el PIR, en 1935. El POR va tener incidencia en la ideología del proletariado minero y también va irradiar con sus tesis de transición al resto de los trabajadores aglutinados en la COB. Se trata, desde mi punto de vista, de la construcción de un marxismo de guardatojo, un marxismo del proletariado minero, formación discursiva en la cual se siente el olor y la lucidez oscura de los socavones. Guillermo Lora en un escrito titulado La verdadera fecha de fundación dice que: Delegados, o mejor dirigentes, de la Izquierda Boliviana y del Grupo Tupac Amaru se reunieron en el llamado Congreso de Córdoba (Argentina) y que dio nacimiento al Partido Obrero Revolucionario. El acontecimiento tuvo lugar en junio de 1935 .

Un poco más abajo menciona quienes asistieron al Congreso constituyente del partido: Al Congreso Constituyente asistieron José Aguirre, Marof, Valencia, Esteban Rey. Adalberto Valdivia Rolón proporciona el dato curioso de que estuvo en dicha reunión el paraguayo Oscar Creydt, que cobró fama como intransigente stalinista. Valdivia Rolón, a nombre de los Exiliados del Perú, se apresuró a sumarse al nuevo Partido, como se desprende de su carta remitida a los dirigentes de la Unión de Exiliados de Buenos Aires, que sufría la poderosa presión del stalinismo.

La historia de estas corrientes y estos partidos se entrelaza profundamente con la historia de las luchas del proletariado boliviano. La Tesis de Pulacayo expresa fehacientemente las formas de este entrelazamiento; la tesis fue aprobada en el Congreso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), reunido en Noviembre de 1946 en la localidad de Pulacayo; la tesis fue propuesta por la delegación de Llallagua. Se puede decir que La Tesis está basada en el Programa de Transición con el que fue fundada la Cuarta Internacional en 1938, adoptando también la teoría de la Revolución Permanente de León Trotsky, la misma que establece que en los países atrasados le corresponde al proletariado, a la cabeza de la nación oprimida, encabezar la lucha por la liberación nacional, realizar las tareas democráticas e iniciar la revolución socialista. Después esta tesis se convierte prácticamente en la tesis de la Central Obrera Boliviana; el IV Congreso de la COB ratifica las tesis en mayo de 1970, como preludio a lo que va a ser la Asamblea Popular, conformada en 1971. Quizás la Asamblea Popular fue la experiencia más significativa del proyecto político obrerista, del proyecto del proletariado, aglutinado y organizado en la COB. Podemos configurar un proceso acumulativo desde 1944, cuando se conforma la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) hasta la experiencia política de la Asamblea Popular de 1971. Después de la derrota del proyecto y de la caída del gobierno del General Juan José Torrez por el golpe de Estado cruento encabezado por el General Hugo Banzer Suarez, el proyecto político obrerista va a sufrir una crisis ocasionándose una fragmentación y dispersión orgánica, sobre todo en la corriente trotskista, constituida en el POR. La mayoría de izquierda, entre la que se encontraba el PC, va a buscar otras estrategias, más bien de carácter electoral, conformando un frente amplio como el de la Unidad Democrática y Popular (UDP), dejando a los grupos radicales al margen de la iniciativa política dominante. Estos grupos radicales quedan circunscritos dentro el espacio de la COB, una COB que ya muestra los primeros síntomas del debilitamiento de su convocatoria y de lo que se puede considerar hipotéticamente y con cierta relatividad del poder dual, que había sido una característica del ejercicio de su fuerza y su influencia política.

Con la caída de la UDP se terminan de cerrar las dos puertas intentadas por la izquierda tradicional, la insurreccional y la democrática. Aunque también hay que mencionar otras puertas, una de ellas tiene que ver con el proyecto gerrillero; al respecto hay que anotar que todos los intentos guerrilleros no terminan de prosperar, comenzando con la guerrilla del ELN, dirigida por el Che Guevara, continuando con la guerrilla de Teoponte, incluyendo incluso los incipientes brotes conculcados casi en el nacimiento mismo, como son el brote de guerrilla urbana del grupo Zarate Willka, también del ELN-CNPZ, además de contar con el proyecto de guerrilla indígena del Ejército Gerrillero Tupac Katari. Aunque estos tres últimos brotes ya no tengan que ver con la izquierda tradicional, sino más bien con los perfiles de una nueva izquierda, por esa combinación sugerente entre marxismo e indianismo, los mencionamos por lo que respecta al decurso del proyecto guerrillero en Bolivia.

Sin embargo es indispensable mencionar lo que ocurre con los partidos socialistas, particularmente el Partido Socialista Uno (PS1), liderado por Marcelo Quiroga Santa Cruz, insigne intelectual crítico, defensor de los recursos naturales, convertido en militante socialista. Este partido aparece interpelando a las dictaduras militares, sobre todo en el juicio de responsabilidades al General Hugo Banzer, juzgando también a la burguesía intermediaria, interpela también a la UDP por no contar con un programa de nacionalizaciones, que es con lo que cuenta el PS1, buscando constituirse en una nueva opción en el escenario político dibujado por la izquierda boliviana. Interesa retomar este breve experiencia del partido socialista sobre todo para dejar pendiente la pregunta de si el Movimiento al Socialismo (MAS) retoma algo de la huella dejada por el socialismo de entonces. Está claro que el MAS forma parte de la nueva izquierda, mas bien ligada a los movimientos sociales que a la forma de organización de partido, sin embargo es menester evaluar la posibilidad de que también sea una bisagra entre dos horizontes temporales políticos.

Lo que viene en adelante es una gran crisis de la izquierda, dejando un vacío político por parte del sujeto de esta gesta revolucionaria, por un lado, y reformista, por otro; hablamos del sujeto obrero. El proyecto socialista se queda sin sujeto y el país se queda sin proyecto socialista. Sobre todo esto se hace patente con el fracaso de la marcha por la vida de los trabajadores mineros y de la COB (1986), que intentan detener la relocalización, el cierre de centros mineros y la marcha desbocada hacia la privatización. Esto se da en un contexto también adverso para la izquierda internacional, la crisis y el derrumbe de los Estados socialistas de la Europa oriental, la crisis ideológica, el vacío político generalizado y la ofensiva del proyecto neoliberal a escala mundial. Después del retiro descomunal de la centralidad minera, el proyecto hegemónico proletario se derrumba, las clases desposeídas quedan inermes ante la avalancha neoliberal. Sin embargo, este vacío político va a ser llenado por otro sujeto, el sujeto indígena, que retoma la bandera anticolonial y el proyecto descolonizador, proyectando sus reivindicaciones territoriales y culturales en sentido anticapitalista. Articula la reconstitución a la lucha anticapitalista, reivindica el territorio indígena y se enfrenta a la expansión ganadera y agrícola, de las haciendas, se enfrenta a las concesiones madereras, al monopolio de la tierra y a los grandes latifundios, también se enfrenta a un Estado y a una sociedad discriminadoras. Reivindica sus lenguas, sus culturas, sus territorios, sus instituciones, sus normas y procedimientos, sus autogobiernos y libre determinación. La lucha indígena termina involucrándose en la lucha contra el proyecto neoliberal, las privatizaciones, las desposesiones, los despojamientos, las suspensiones de derechos, contra el imperio del discurso del mercado absoluto. De este modo las organizaciones indígenas terminan aliándose a las luchas por la tierra de los campesinos, a la lucha de los trabajadores en contra la suspensión de sus derechos, a la lucha de las clases populares en contra las privatizaciones y capitalizaciones, reivindicando también el derecho a las nacionalizaciones, en el contexto de un proyecto plural, multitudinario, de alianzas dinámicas, de formas de organización móviles y de base, iniciando un proyecto constituyente de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. Esta proyección del sujeto indígena tiene su acumulación de fuerzas, su proceso ascendente, sus grandes victorias políticas durante el ciclo de movimientos sociales de 2000 al 2005, derrotando al modelo neoliberal, poniendo en evidencia la crisis múltiple del Estado, acabando con el monopolio político de la clase política, abriendo la gran oportunidad para un proceso constituyente descolonizador. Todo el proyecto se expresa dramáticamente en la Asamblea Constituyente, se plasma en texto escrito colectivamente, aprobado en varias instancias, en la Asamblea Constituyente, en el Congreso, declarado Constitucional y, lo más importante, por el pueblo en el referéndum constituyente. Se puede decir que es la primera vez que un proyecto político, con características indígenas y populares, llega al poder, accede al gobierno, e intenta transformaciones estructurales. Esto no había ocurrido con el proyecto obrerista; éste no logró ser hegemónico, tampoco logró resolver el problema del poder en el campo de las fuerzas concurrentes. Ahora bien, son varios aspectos que diferencian a este nuevo proyecto anticapitalista y anticolonial del proyecto de la izquierda tradicional, incluyendo el triunfo político y la hegemonía lograda por los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas originarios. Estas diferencias deben interpretarse a partir de la comprensión de la constitución diferencial de sujetos; el sujeto obrero si bien logra centralidad, la centralidad minera, y ejercer el poder dual, en determinadas circunstancias, no logra ser un sujeto irradiante en toda la sociedad ni logra, como dijimos, construir una hegemonía. El sujeto indígena en realidad atraviesa toda la sociedad por la composición de la población, mayoritariamente indígena; en esta condición logra interpretar mejor la complejidad de una formación social abigarrada, replanteando la lucha anticapitalista desde la perspectiva de la guerra anticolonial. Abriéndose a formas altamente participativas en las formas de convocatoria y en las formas organizacionales, horizontalizando los mandos y las decisiones, desplegando proyecciones autogestionarias y de autogobiernos. La irrupción desde abajo, de los de abajo, de la plebe, se hace incontenible, interpeladora y trastrocadora.

Se abre un nuevo horizonte histórico político, el del Estado plurinacional comunitario y autonómico, pero también se enfrentan viejos y nuevos desafíos. ¿Cómo fundar el Estado plurinacional? ¿Cómo efectuar las transformaciones institucionales, económicas, sociales y culturales, en la perspectiva de un modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo? Pero también, ¿cómo escapar de las sedimentadas lógicas y prácticas de poder? ¿Cómo evitar que el poder te tome en vez de que tomes el poder? ¿Cómo salir efectivamente de las órbitas del Estado-nación, de la forma liberal del Estado colonial? Estos desafíos y estos problemas no terminan de resolverse ni de asumirse. El proyecto descolonizador y anticapitalista se encuentra en disyunciones y encrucijadas. El poder sortear las mismas va a depender nuevamente de la capacidad de convocatoria y de movilización en la reconducción del proceso.