Moscú, (PL).- Rusia y Estados Unidos intercambiaron notas de ratificación en Munich para poner en vigor el Tratado de Reducción y Limitación de Armas Estratégicas (START-3), pero dejaron claras sus persistentes diferencias en anexos al documento.

La ceremonia en la ciudad alemana, protagonizada por el ministro ruso del Exterior, Serguei Lavrov, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, pretendió sedimentar un punto en el proceso de recomposición de nexos bilaterales, roído por profundas discrepancias de ambas potencias.

El START-3 más allá de ser la prueba para medir la salud de la pretendida nueva etapa de las relaciones entre Washington y Moscú, más bien se augura como nuevo campo de batalla para verter puntos pendientes de un viejo conflicto.

Al hablar en Munich, Lavrov advirtió que para su país era inaceptable que se intente emplear las negociaciones de Rusia con la Unión Europea (UE) para construir un escudo antimisil regional como tapadera para desarrollar un sistema de defensa anticoheteril entre Washington y la alianza atlántica.

Rusia se pronuncia por participar en las pláticas para crear un sistema conjunto de defensa estratégico contra ataques de cohetes, como lo propuso el presidente ruso, Dmitri Medvedev, en la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de Lisboa, en noviembre pasado.

Ello esta muy relacionado con uno de los puntos más polémicos del START-3, incluido en su preámbulo, es decir, la vinculación entre las armas nucleares ofensivas y los sistemas estratégicos defensivos.

Precisamente, una de las nueve condiciones contenidas en la ley de ratificación de la Duma (cámara baja rusa) para el cumplimiento del referido acuerdo, considera necesario destacar la importancia del carácter jurídico que posee la citada vinculación.

En caso de un despliegue del escudo antimisil de Estados Unidos, tanto dentro del territorio de ese país como en otras naciones, sobre todo las europeas, Rusia tendrá todos los derechos a abandonar la avenencia firmada en Praga, el 8 de abril de 2010.

La vinculación pasa por el hecho de que en caso de poseer una de las partes firmantes un sistema estratégico desarrollado para reducir la capacidad ofensiva del otro, se rompen las bases que conforman la paridad nuclear, es decir, la capacidad equitativa de destrucción de ambos países.

El pliego de condiciones dentro de la referida ley fue aprobada en enero pasado por 350 votos a favor (314 de Rusia Unida y 36 de Rusia Justa/RJ y 58 en contra (57 comunistas y un liberal-demócrata/ LDPR) mientras se ausentaron a la votación 39 legisladores del LDPR y dos de RJ.

La ley de ratificación, además, respondió a una resolución en ese sentido aprobada en diciembre último por el Senado estadounidense, en la cual se afirma lo contrario, es decir, que Washington no posee obstáculo alguno para el desarrollo y despliegue de su escudo anticoheteril.

El Pentágono busca fórmulas variadas para desplegar su sistema antimisil, ahora en Rumania y Bulgaria, después que debió desistir de emplazarlos en Polonia y República Checa. Ante la propuesta de Moscú de crear un sistema conjunto de defensa antimisil en Europa, los países de la región se mostraron, en el mejor de los casos, ambiguos en sus posiciones.

Medios de prensa recuerdan que aunque los países miembros de la OTAN convocaron a Medvedev para su cumbre en Lisboa, éstos firmaron allí mismo un plan de contingencia elaborado desde 2009, el cual situaba a Rusia como enemigo y amenaza, según revelaciones del sitio Wikileaks.

Pero un día después, en la cumbre del Consejo Rusia-OTAN se afirmaba en una declaración conjunta que ambas partes de ninguna forma se veían como enemigos y se pronunciaban por unir esfuerzos para una seguridad regional.

Sin embargo, pasado apenas unos meses del encuentro en la urbe portuguesa, la alianza atlántica se refiere cada vez más a la creación de dos sistemas por separado que intercambiarán información, algo visto en Moscú como poco aconsejable si se desea una verdadera cooperación.

Lo cierto es que la entrada en vigor del START-3 pasa por la referida diferencia de fondo y es considerada una de las condiciones excepcionales para que Moscú abandone esa avenencia, la cual estipula una reducción de hasta mil 550 ojivas nucleares por cada parte.

Por otro lado, las diferencias se mantienen respecto a la exigencia de los senadores estadounidenses para que el presidente Barack Obama entable negociaciones con Rusia sobre la reducción de armas nucleares tácticas.

Al respecto, Lavrov indicó en su conferencia de prensa anual en Moscú que era necesario primero ver como se pone en marcha y se cumple el acuerdo de armas estratégicas, para luego pasar a otros tipos de armamentos.

Las condiciones contenidas en la ley de ratificación aprobada por la Duma también se refieren a la necesidad de incluir en el START-3 a todos los armamentos estratégicos, tanto nucleares como convencionales, así como a cualquier nuevo tipo de armas ofensivas de ese calibre.

Asimismo, otro punto polémico para los diputados rusos esta vinculado con el intercambio de datos telemétricos. Varios legisladores se pronunciaron en el proceso de discusión de la ley ratificatoria por evitar cualquier entrega de datos de ese tipo a la parte estadounidense. Finalmente, se acordó que la referida información especializada se le concederá al Pentágono sólo hasta el momento de la separación del bloque impulsor del misil de su masa útil (ojiva y sistema de guiado).

El START-3 propone crear una comisión para dirimir asuntos de interés relacionados con nuevos armamentos estratégicos que deban ser incluidos dentro de ese acuerdo. Por otro lado, entre las primeras condiciones que aparece en la ley de ratificación esta, precisamente, la del ulterior desarrollo del potencial nuclear ruso, lo mismo que proponen los congresistas norteamericanos.

Ambas partes buscan perfeccionar las armas y en el caso de Rusia los esfuerzos están dirigidos a romper cualquier efectividad de un nuevo sistema antimisil, mediante la creación de cohetes intercontinentales de cabeza múltiple como el novedoso Yars. Montado en una plataforma móvil, el Yars es la nueva versión del Topol-M y es visto como el armamento estratégico de este nuevo decenio.

A diferencia del primero, esta dotado de un mecanismo avanzado para dar vida independiente a varias cabezas nucleares a la vez, sin ser detectadas. En esa dirección también trabaja la exigencia de mantener las potencialidades científico-técnicas, de fabricación y realización de pruebas de los nuevos armamentos nucleares, así como de la seguridad para destruir o desactivar a las reducidas, según lo estipulado en el tratado.

Además, los diputados también consideraron necesario financiar los procesos antes mencionados, de tal forma que el país pueda garantizar la seguridad nacional y una adecuada defensa.

El nuevo tratado prevé un sistema más ligero de verificaciones e inspecciones de los medios de destrucción masiva, su ubicación y proceso de desactivación, mucho menos rigurosos que los estipulados en el START firmado en 1991, recuerdan analistas.

Por otro lado, la Casa Blanca siempre empleó el argumento ante los congresistas de que el tratado de ninguna forma limita el desarrollo del sistema estratégico norteamericano, incluido el escudo antimisil global.

De ahí que queden dos factores como espada de Damocles sobre el futuro proceso de desarme: el fracaso o el éxito de la formación de un sistema conjunto antimisil en Europa, por un lado, y la modernización de los armamentos nucleares de Estados Unidos y Rusia, por el otro.

* El autor es corresponsal de Prensa Latina en Rusia.