El montaje mediático intencionado sobre la población respecto de la subida de precios y la falta de azúcar ha repercutido en una conducta de sensacionalismo e histeria colectiva similar a la que se dio en el llamado “corralito bancario” del pasado año.

Los medios privados en Bolivia están cumpliendo su papel de ser los únicos que dirigen un escenario de la conspiración con su libreto repetido de oponerse y descalificar al gobierno y ser el principal opositor político en medio de los principales actores políticos de la oposición boliviana que, bien sabemos, desde hace mucho tiempo esta tirada en la lona.

Por encima de la información que se dio a conocer con la llegada en los próximos días al país de 12.500 toneladas de azúcar, de Colombia por vía marítima y el arribo de las primeras 1.000 toneladas de provenientes de Brasil por vía terrestre, los medios como UNITEL, se encargan todos los días de mostrar las “colas”, aunque sean de 5 personas, para especular la supuesta inexistencia de azúcar en Bolivia.

Esa conducta de “histeria colectiva” sobre los precios de algunos alimentos y espectacularización de las protestas son algunas de las actitudes que asumieron recientemente los medios de información masiva, en especial los canales de televisión privados, (UNITEL, la RED UNO y PAT) que nos muestran en definitiva la estrategia de conspiración que se ha planificado al respecto.

A esta forma espectacular de hacer periodismo se suma el empeño de generar conflicto, de desacreditar al Gobierno, que adoptan los directores o dueños de algunos de estos medios en clara señal de su apego a sectores económicos de poder, sobre todo de Santa Cruz que en el pasado, manejaron con los partidos en gobierno las arcas del estado.

El programa “No mentiras” de Sissi Añez, con la ayuda de José Pomacusi, elabora todos las noches las directrices de una estrategia que cumple ese fin, con las preguntas al soberano. Esa intencionalidad, que no es casual, pasa siendo la línea que los empresarios promueven en estos programas y medios para desacreditar todo lo que haga el gobierno.

Son los mismos que en el pasado tuvieron el poder real en sus manos y sienten que no solamente están perdiendo ese poder económico, el poder político, el poder institucional y el poder judicial, sino están perdiendo la fuente de generación de su poder, por eso han convertido a sus medios en una trinchera política.

La guerra desatada por los gremialistas de algunas ciudades del país contra EMAPA, es azuzada de la manera más sutil por esos medios para que la población reaccione en contra del gobierno.

Curiosamente no faltaron los que de manera consciente, no se prestaron a acudir al llamado de los conspiradores y fueron echados a “naranjazos”, como fue el caso de un altercado en una zona marginal de La Paz.

En el caso de otros medios, alejándose de este tipo de conductas, recurren a plantear sugerencias, dar ideas, como que las instancias gubernamentales con los vecinos u organizaciones de la comunidad contribuyan a organizar mejor la venta y distribución de los productos que por diversos factores escasean.

También sugirieron que los medios podrían ayudar a tranquilizar a la población, averiguando los datos sobre el consumo real en el país y las previsiones que tomó el Gobierno, y contribuir a una compra organizada de ese producto y no como se “alienta” con frases sensacionalistas como, “continúan las largas colas”, “el azúcar cada vez mas caro”, “dolor y llanto por un poco de azúcar”, etc.

Los empresarios de la comunicación hace tiempo atrás ya perdieron el primer round con la Ley Antirracista, y ahora tratan de volver con su manía del pasado, como la de capturar la cuota de poder político, dejada por los partidos de corte neoliberal. Esa línea de actuar ha sido coordinada con sus principales operadores políticos que están en los EE.UU. y respaldada por asambleístas de la oposición.

Es urgente y necesaria la toma de conciencia de la población sobre estos fenómenos, que llevan a cambios de conducta donde el único perdedor será siempre el pueblo que apuesta con sensatez y limpieza su dignidad, pisoteada en el pasado por los usurpadores del poder y el dinero.

Propietarios de algunos canales

Unitel: Osvaldo Monasterio y familia, según el libro Análisis del comportamiento de los medios de comunicación. Bolivia Siglo XXI, es accionista del Banco Ganadero, Comercializadora Trading, gaseosas Mendocina, estancias Monasterio. Fue senador del MNR.

Red Uno: Ivo Kuljis Fuchtner y familia. Tiene la fábrica de papel KUPEL S.A. Promotor de Editorial Oriente. Universidad Privada Unikuljis. Fue acompañante político de Manfred Reyes Villa.

PAT: El dueño es el empresario Abdalá Daher. Empresario en soya, ganadería, bienes raíces y accionista del Banco Económico y de la red de supermercados Hipermaxi. Industrias cárnicas y frigoríficos FRIDOSA, industria Kupel, televentas, colegio Mateo Kuljis, medios de comunicación, Banco Económico, etc. Hasta hace poco también era propietario de la Universidad tecnológica UNIKULJIS que debido a la falta de competitividad tuvo que dejar de funcionar. Ambos unieron sus medios televisivos, UNITEL y Red Uno, al servicio de sus proyectos.

Cadena A: Luis Mercado, empresario, vinculado a Mauro Bertero ex Adenista. Es un canal que estrecha vinculación a empresarios del oriente y por ello, recibe respaldo de empresas como la CAO, CAINCO, latifundistas y ganaderas.

La Estrella del Oriente y la televisora Sitel pertenecen a Jhonny Fernández, hijo del difunto Max Fernández Rojas, Jefe nacional del partido político UCS, que gobernó pegado con todos los partidos neoliberales ADN, MIR, MNR.

Fuentes: RAMOS, Édgar. (2007). Grupos de poder económico: dueños de los ‘medios de manipulación social’ y www.somossur.net.

* Comunicador e investigador orureño. E-mail: supayartigas@gmail.com