Después de más de 39 años de la detención y posterior desaparición de José Carlos Trujillo Oroza, ocurrida en febrero de 1972 durante la nefasta dictadura de Hugo Banzer Suárez, los familiares del joven universitario boliviano, continúan esperanzados de encontrar sus restos.

En febrero de 2002, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dictó una sentencia en contra del Estado boliviano y la conminó a “emplear todos los medios necesarios para localizar los restos mortales de la víctima y entregarlos a sus familiares, con el fin de que éstos puedan darle una adecuada sepultura”, sin embargo, hasta el día de hoy no se ha establecido el paradero de su cuerpo.

El pasado año, después de un largo proceso judicial que duró casi cuarenta años, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, finalmente condenó con 20 años de prisión a los paramilitares responsables de la desaparición forzada de José Carlos Trujillo Oroza y José Luis Ibsen Peña. Mientras tanto, el tercer imputado, Juan Antonio Elio Rivero recibió una condena de 15 años por complicidad. De acuerdo con la resolución judicial, los sentenciados cumplen hoy su condena en la cárcel de Palmasola en Santa Cruz de la Sierra.

Los tres represores fueron acusados, además, de vejaciones y torturas, asociación delictuosa, organización criminal, ocultar información y actuar bajo instrucción del gobierno de facto, que ordenó su detención y posterior desaparición en los años 1971 y 1972. Los ministros José Luis Baptista, Ramiro Guerrero y Jorge Monasterio firmaron el auto condenatorio, aprobando una sentencia de la Sala Civil Primera de la Corte Superior de la capital oriental.

José Carlos Trujillo Oroza, un estudiante de filosofía de 21 años de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), fue detenido el 23 de diciembre de 1971 en la ciudad de Santa Cruz, cuatro meses después de que asumiera el poder de facto el general Bánzer. Durante los dos próximos meses su madre, Gladys Oroza Vda. de Solón, lo visitó en la cárcel de El Pari, del que Trujillo desapareció junto a otras dos personas.

Desde ese fatídico día la señora Gladys Oroza, dedicó gran tiempo de su vida a esclarecer la desaparición forzada de su hijo. Ya lleva más de 39 años buscando la verdad y la justicia; pese a ello, ese tiempo no fue suficiente para dar con el paradero de sus restos. Con 83 años de edad, ella aún tiene la esperanza de encontrarlo, pues se ha hecho la promesa de que mientras tenga un hálito de vida, seguirá luchando para encontrar finalmente justicia a su demanda.

“Quiero creer que quizás lo hicieron obligados por las circunstancias, por la necesidad de vivir, por ‘ganarse la vida’. Esta vez tengo la esperanza de que surja un humano arrepentimiento, y pueda tener una pista, un dato, una ligera esperanza para encontrar sus restos. Sólo pretendo saber qué fue de él y darle cristiana sepultura; resignación, tranquilidad y paz a mi espíritu de madre”, señala con conmovedora ternura doña Gladys al referirse al paradero de su hijo José Carlos, mientras la pregunta ¿Dónde está? resuena en los oídos de los familiares de tantos otros desaparecidos durante las dictaduras y que hoy gozan de la más absoluta impunidad.

El caso de José Carlos Trujillo es un caso emblemático de la sociedad boliviana y representa a los varios desaparecidos y detenidos durante las dictaduras cuyas vidas se vieron afectadas de manera irrevocable. La lucha por esclarecer este caso forma parte del compromiso para acabar con la cultura de impunidad y como parte de su lucha por el cumplimento de los derechos humanos y los derechos civiles en nuestro país.