El analista político, Juan Carlos Zambrana Marchetti (JCZM), identificado con el gobierno, sostiene, en artículo del periódico oficialista “Cambio”, titulado “El Fin de Evo… o de la Cordura”, del 29-01-11, que las opiniones, difundidas en mi nota “Evo, ¿Fin de Ciclo?”, “no hacen más que unirme a los intentos desestabilizadores de la oposición”.

En consecuencia, en el momento actual habría una sólo oposición retrógrada y racista. Esta posición impide el debate entre quienes deseamos preservar y profundizar el proceso de transformaciones que vive el país, a fin de evitar que termine trágicamente como ocurrió con los regímenes nacionalistas de Busch, Villarroel, Ovando y Torres. La oposición reaccionaria que condena a Evo Morales es la misma que repudió a los regímenes citados, a los que, en cambio, yo defendí toda mi vida.

Por esta razón es inaceptable que JCZM afirme que “… el gas no se lo regaló Evo al Brasil, sino varias generaciones de gobiernos de derecha… y que nadie dijo nada cuando se lo regalaron”. ¿“NADIE”? En 1977, Marcelo Quiroga Santa Cruz (MQSC) escribió “Oleocracia o Patria”, en el que condena los acuerdos Bánzer-Geisel, de 1974, para avanzar en la venta de gas al Brasil. En 1984, publiqué “El Gas en el Destino Nacional”, texto en el que sostenemos que la exportación del gas debe estar precedida por una certificación de nuestras reservas y la vigencia de un plan de industrialización interno con el uso del energético. En las dos últimas décadas, el ingeniero Enrique Mariaca Bilbao presidió el Comité de Defensa del Patrimonio Nacional (CODEPANAL), en la misma línea de los libros mencionados. En 1997, Manuel Morales Dávila, muy vinculado al actual Mandatario, calificó de “traidor a la Patria” a Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), razón por la que fue encarcelado. El mismo año, otro libro mío: “La Fortuna del Presidente”, coadyuvó también a la resistencia nacional y popular, que culminó con el derrocamiento del plutócrata y consagró la “Agenda de Octubre”, del 2003, aprobada en la ciudad de El Alto.

Logros históricos de Evo

Evo tiene el mérito histórico de haber derrotado a la “Nación Camba”, con lo que se alejó el inminente riesgo de separatismo que pesaba sobre el país. Las consignas separatistas, esgrimidas por su ideólogo, Sergio Antelo Pérez, y promovidas, entre otros, por el fundador de la Unión Juvenil Cruceñista, Carlos Valverde Barbery, adquirieron enorme peligrosidad antes del caso Rózsa, que se está juzgado en la justicia ordinaria.

El combatir al colonialismo interno, expropiar tierras en el oriente boliviano, impulsar la presencia de indígenas en el Poder Judicial, en altos mandos militares y policiales, así como en otros espacios estatales otorgó al Jefe del Estado la fuerza política y social indispensable para alcanzar la meta señalada. Lo anterior constituyó un terremoto social y cultural y después de un terremoto es obvio que nuestra Patria hubiera quedado desordenada. Ahora es importante que al reordenarla no se permita que las transnacionales petroleras vuelvan a controlar los destinos del país.

Infelizmente, las transformaciones citadas no se hicieron invocando la unidad nacional, sino mediante el reconocimiento constitucional de 36 inexistentes naciones indígenas, las que si bien quedaron como mero enunciado, ha obnubilado el horizonte ideológico, ha impedido recoger los hechos positivos de nuestra historia y fijar prioridades para la reconstrucción nacional.

Problemas del proceso de cambio

El no mentir es, probablemente, el requisito básico para vigorizar el proceso de cambio. Y esto no está sucediendo. Cada pocos minutos escuchamos una propaganda radial y televisiva que dice: El 2005, las reservas monetarias del país alcanzaron a 1.700 millones de dólares, las que ahora ascendieron a más de 10.000 millones, “gracias a la nacionalización de los hidrocarburos y el manejo solvente de la economía”. La nacionalización dispuso el incremento de la tributación en los mega campos de gas del 50 al 82 %, el que debía consolidarse con los resultados de las auditorias a las compañías, las que al haber sido ocultadas desde hace cinco años, obligó a que el país devolviera hasta el último centavo de ese excedente.

Las reservas monetarias crecieron gracias a la Ley 3058, de 17-05-05, dictada en el gobierno de Carlos Mesa, a la escalada de precios internacionales de las materias primas y, en algunos casos, a la exportación de mayores volúmenes de gas y minerales. En cuanto al “manejo solvente” de la economía, cabe puntualizar que desde hace un lustro, YPFB carece de un sistema contable adecuado, de manera que la situación real de sus finanzas es un misterio (Hugo del Granado: “Gestión Contable de YPFB”, –“La Prensa”, 30-01-11).

La soberbia también afecta al régimen. El 7 de agosto de 2007, Evo dijo: “Si continuamos avanzando como ahora, dentro de quince años podremos ser iguales a Suiza”. El 9 de octubre de 2009, Alvaro García Linera afirmó: “Hemos dado cátedra de economía no sólo al país, sino a todo el continente”. El Ministro del ramo, Luís Arce Catacora, no deja de recibir alabanzas desmedidas. Las marchas y contramarchas del “gasolinazo”, dictado al día siguiente de la navidad pasada, con el que se pretendía confundir a la población, y la decisión de vender azúcar en el mercado interno a precios internacionales, deberían ser un baño de realismo gobernar, a partir de ahora, con mayor coherencia y responsabilidad.

Bolivia ha disminuido algunos índices de pobreza gracias a bonos en favor de sectores sociales vulnerables, pero hubiera sido mejor que ellos provinieran de utilidades de la siderurgia, petroquímica y de la agroindustria, en lugar de utilizar el capital de arranque en tareas de beneficencia o en mini empresas de discutible importancia para el Estado, como papelbol, cartonbol o lacteosbol. Es necesario concentrar nuestros recursos humanos y económicos en hidrocarburos, minería y seguridad alimenticia.

¿Chantaje al Brasil?

JCZM sostiene: “Evo tuvo razones válidas para no chantajear a Lula como exigía (el ministro) Soliz”. Al parecer, mi contradictor desconoce el alcance de la palabra que utiliza. El Diccionario Jurídico, de Pedro Flores Polo, indica: “Chantaje, vocablo… que significa un delito que consiste en obtener dinero, valores o la entrega o firma de documentos que implican obligación o descargo, u otro provecho, por medio de amenazas, de revelaciones o afirmaciones difamatorias. Algunas legislaciones le llaman extorsión”. No creo haber incurrido en el delito que se me atribuye. Es evidente, en cambio, que, en reuniones binacionales, demandé que Petrobrás cumpliera compromisos contraídos en la firma del contrato de exportación de 1997. En aquella oportunidad, se aceptó que nuestro gas sirviera para construir 25 termoeléctricas en territorio brasileño y 24 en Bolivia. Ni una sola se construyó en nuestro país.

El acuerdo de “Cooperación y Complementación Industrial”, de 22-05-74, estableció que, a cambio de la exportación de nuestra materia prima (cuyas reservas debían ser certificadas), se procedería a la implementación de un polo industrial de desarrollo en la zona del sudeste de Bolivia, basado en el aprovechamiento del gas natural y de las diversas materias primas existentes en la mencionada zona. Las principales industrias y obras previstas para el polo son: Siderurgia, petroquímica (con un complejo de fertilizantes nitrogenados, industria del cemento, generación de energía eléctrica e infraestructura”. Lo anterior, como es obvio, daba por descontada la instalación de plantas separadoras de líquidos. La dramática dependencia de San Pablo de nuestro gas permitía plantear que por lo menos uno de las decenas de compromisos brasileños fuera cumplido. Mi posición aceleró la presión de Marco Aurelio García (asesor de Lula), para que renunciara al Ministerio que ocupaba.

A once años de iniciada la venta de gas, recordemos que Brasil, asociado con ENRON, se negó a comprarnos termoelectricidad para la ciudad fronteriza de Cuiabá, ya que, según dijo, sólo adquiría de Bolivia gas sin valor agregado. Petrobrás informó al parlamento de su país, en tono triunfal, que los nuevos contratos, elevados unánimemente a rango constitucional por nuestro parlamento, gracias al acuerdo entre el MAS y PODEMOS de Tuto Quiroga, habían convertido los contratos de servicios en contratos de producción compartida, lo que permite al ente brasileño anotar como suyo el valor de nuestras reservas en las bolsas internacionales de valores. Brasil acaba de anunciar que invertirá 2.700 millones de dólares para instalar en Mato Grosso, con gas boliviano, otro gigante complejo de urea y amoníaco (que ahora importa de Ucrania), con lo que ha aplastado la última esperanza de tener nuestra propia petroquímica, ya que sin el mercado brasileño es muy difícil que ella se concrete.

Hechos y sentimientos subjetivos

Estos son algunos de los hechos, y no sólo sentimientos subjetivos, como dice JCZM, y que nos mueven a lamentar que el “gasolinazo” navideño, hubiera sido acompañado por la alegría triunfal de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos (que agrupa a Petrobrás y las transnacionales), a tiempo de calificar de positiva y llena de coraje la decisión del Presidente. Reiteramos que la reconducción del proceso de cambio pasa por no mentir al país, rectificar gruesos errores, como el haber adquirido el avión presidencial sin licitación, no desarrollar nuestro comercio exterior, en el mayor volumen posible, a través del puerto peruano de Ilo, a fin de negociar con Chile en mejores condiciones la solución de nuestro enclaustramiento geográfico, utilizar internamente por lo menos el 50 % de las vertientes del Silala, frente a la estrategia chilena de seguir beneficiándose con ellas, en forma gratuita, por otro siglo. Finalmente, los analistas que respaldan a Evo deberían también estar mejor informados. El contrato de explotación de los yacimientos poli metálicos de “San Cristóbal”, en Potosí, fue negociado por anteriores regímenes, pero suscrito por Evo Morales, después de entrevistas con George Soros. Sin embargo, lo prioritario parece residir en que el parlamento institucionalice el sector hidrocarburos, ya que lo ocurrido hasta ahora no puede ser más deprimente.