La Teoría del Dominó es una hija de la Guerra Fría. Luego de la Segunda Guerra Mundial y de la división política global producida por el enfrentamiento entre las dos grandes potencias triunfantes (los EE.UU. y la Unión Soviética), la derecha norteamericana generó la Teoría del Dominó (aparentemente sus padres fueron John Foster Dulles[1] o la Doctrina Truman[2]) que postulaba la posibilidad de que países cercanos geográficamente, y a partir del cambio político en uno de ellos, “cayeran” –tal como una fila de fichas de dominó- en manos de una ideología (y un gobierno) contrarios a los intereses de los EE.UU. En este caso la ideología referida era el comunismo, el gran enemigo en ese momento de la supremacía norteamericana. La política exterior norteamericana se orientó durante todo el resto del siglo XX hacia acciones que impidieran a toda costa el efecto pronosticado por esta teoría en todo el mundo.

Los latinoamericanos sufrimos durante casi dos décadas los terribles efectos de esa política exterior. Henry Kissinger[3], adepto de la teoría, se encargó de convencer a dos presidentes y de hacer actuar a todo el aparato intervencionista norteamericano, para que el ejemplo dado por la revolución cubana en 1957 y el progresivo surgimiento de movimientos guerrilleros en Latinoamérica no produjeran un continente entero en procesos de cambio integracionistas e independentistas. La instauración en toda Latinoamérica durante los 60 y los 70 de la cadena de dictaduras militares, con su secuela de represión, autoritarismo, torturas, desapariciones y muertes, fue el precio pagado por nuestros pueblos para evitar el riesgo de que dejáramos de ser el “patio trasero del imperialismo” (o en el lenguaje de la derecha, cayéramos en manos del “comunismo internacional”).

Lo curioso es que una teoría que nace desde una visión imperial, parece haberse constituido en la práctica un modelo bastante operativo para entender algunas realidades geopolíticas. Aparentemente cuando distintas naciones, con relativa cercanía geográfica (o cultural) se encuentran bajo similares condiciones de dominación (generalmente autoritaria y dependiente), y sus pueblos están en cada una de ellas generando presión por los cambios, un solo país que produzca el golpe de timón en su estructura política, actúa en cierto modo como catalizador para que esas presiones exploten, se extiendan y generalicen al resto de la región.

Algo así viene pasando (para desesperación de un sistema imperial en decadencia) en toda Latinoamérica. La chispa producida en el continente en 1998 por la llegada al poder a través de elecciones por el Proceso Bolivariano como un factor de cambio, fue el ejemplo que precedió no sólo a los procesos sociales de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, sino también al ascenso en otros países de la región de “gobiernos progresistas”. El nuevo mapa político de América Latina parece ajustarse a los efectos de la Teoría del Dominó.

África del Norte y Oriente Medio

Hoy parece aplicable el modelo a esta región. Los sucesos de Túnez, donde movilizaciones populares no sólo provocaron la caída de un gobierno autoritario que se mantenía en el poder desde hace más de un cuarto de siglo, sino que lograron la modificación del gobierno provisional resultante para excluir a ministros que hubieran estado comprometidos con el gobierno destituido; parecen haberse transformado en la chispa desencadenante de grandes convulsiones en otros países de la región.

El más importante de ellos es Egipto, donde el régimen de Hosni Mubarak[4] luego de una especie de “reinado democrático” de casi tres décadas, producto de sucesivas elecciones protestadas por la oposición como fraudulentas, se tambalea bajo el peso de las protestas populares, ferozmente reprimidas y combatidas por un Estado de Sitio del que la gente espera que acabe su horario para volver a salir a manifestar. La respuesta de fuerza por parte de Mubarak, luego de un silencio prolongado parece haber dinamizado aún más la respuesta popular. El corte de comunicaciones (incluido el Internet) aplicado por el gobierno no parece tampoco hacer efecto en las crecientes protestas. Egipto es un bastión de la influencia norteamericana (y de Israel) en la región y representa además uno de los más habitados y poderosos países en esa zona.

Pero no se detienen allí los sucesos, tanto en Yemen como en la propia Jordania aparecen también manifestaciones de protesta, provocando convulsiones que son contestadas por los gobiernos con represión policial.

Toda la zona entonces se está incendiando. En toda ella existen gobiernos altamente autoritarios, que son aliados “confiables” de EE.UU. y que por consiguiente “toleran” a Israel, no realizando más que algunas tibias reclamaciones “de principios” ante sus excesos militares. La situación entonces se convierte en muy fluida, y parecen avizorarse importantes cambios geopolíticos a muy corto plazo. Aunque como siempre, los escenarios que podemos plantear no son más que eso, posibilidades en el cambio de estado de un sistema caótico.

Las grandes líneas generales

Como una visión geopolítica general, podríamos establecer que los distintos regímenes promovidos, alentados y sostenidos por Washington en la región durante los últimos 50 años para defender sus intereses estratégicos, parecen estar llegando a su decadencia. En general, y aprovechando circunstancias culturales, estos regímenes constituyen desde monarquías absolutistas, hasta seudo democracias autoritarias (como en el caso de Egipto). Como decía el otro día en un medio televisivo una analista política de origen árabe, aunque parezca increíble, los pueblos de la región parecen estar sacudiéndose de una milenaria carga de obediencia y dominación, y se están alzando para ser artífices de su propio destino. Esta decadencia (siguiendo en la elaboración de un escenario general) podría estar además favorecida por la evidente pérdida de poder que vienen teniendo los Estados Unidos en todo el planeta. Un escenario de este tipo se convierte entonces en imprevisible ¿Hasta dónde pueden llegar los cambios? Amanecerá y veremos.

Sin embargo, es posible además esbozar otro enfoque de lo que está sucediendo, manejando un punto de vista diferente, no desde la pura geopolítica, sino desde la Historia. En su Estudio de la Historia[5], Arnold Toymbee, al estudiar Encuentros de Civilizaciones, se refería (a mediados del siglo pasado) a la confrontación entre Occidente y el Islam más o menos en los siguientes términos: Occidente ha avasallado al Islam, lo ha ocupado y le ha impuesto sus patrones culturales. Es todavía muy pronto para saber como reaccionará el Islam frente a estos hechos. Cuando dos civilizaciones se encuentran y una avasalla a la otra, existen tres tipos de resultados posibles.

1) La civilización avasallada desaparece ante el empuje de su agresor.

2) La civilización avasallada cautiva a su agresor y lo impregna de su cultura

3) La civilización avasallada tiene una extraordinaria reacción, “renace de sus cenizas” y hace retroceder a su agresor que había parecido triunfante.

La interrogante planteada por Toynbee sigue vigente. Creemos que ante los sucesos que conmueven países islámicos es válido considerar dentro de las hipótesis posibles, y sin caer en la pobre teoría del Choque de Civilizaciones establecida por la derecha imperial para justificar sus guerras, hasta que punto no nos encontramos con una respuesta que además de política es cultural.

La dinámica de los acontecimientos en África del Norte y el Medio Oriente, “en pleno desarrollo” nos dará rápidamente nuevos elementos para afinar la interpretación.

Notas:

1. Secretario de Estado bajo el gobierno del presidente Dwight Eisenhower entre 1953 y 1959

2. La Doctrina Truman fue un lineamiento político que, establecía que los Estados Unidos podían dar apoyo a “personas libres que están resistiendo los intentos de dominio por minorías armadas o por presiones exteriores”, siendo estas directrices de profunda tendencia anticomunista, y fue proclamada por el presidente Harry Truman en marzo de 1947

3. Político norteamericano que ejerció como asesor de Seguridad Nacional y Secretario de Estado durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford, y que jugó un papel preponderante en la política exterior de Estados Unidos entre 1969 y 1977

4. Sucesor en 1975 de Anuar el-Sadat, quien fuera asesinado. Ambos hombres fueron seguidores de Gamal Abdel Nasser, líder político nacionalista, figura principal del panarabismo y quien nacionalizó para su país el Canal de Suez. Ambos discípulos se apartaron de la doctrina de Nasser y progresivamente fueron plegándose a intereses imperiales, en este caso de los EE.UU. y de Israel.

5. Arnold Toynbee, Estudio de la Historia, Compendio de D.C. Somerwell, tomo 3, Contactos de Civilizaciones en el Espacio, Alianza Editorial, Madrid, 1970

* Fuente: Publicación Barómetro Internacional 31-01-11, miguelguaglianone@gmail.com barometrointernacional@gmail.com