El problema de los precios de alimentos no es asunto de aumentar la producción local o subvencionarla, así como la compra de los mismos por la población.

Salvo la coca, Bolivia tiene bajos rendimientos en toda su producción agrícola. Cuando competitiva en el mercado local, se debe a que recibe subvenciones directas o indirectas, vía hidrocarburos o tierras concedidas políticamente sea a los latifundistas o a las comunidades para su explotación hasta el agotamiento, una vez arrasados sus entornos con el desmonte, cuyo costo es trasladado a la sociedad que debe pagar destrozos de los vientos huracanados, consecuencias del chaqueo anual en la salud pública, etc. Estas perversiones valdrían la pena si los rendimientos fueran buenos, como los alcanzados por los agricultores de Okinawa en lo que cultivan y producen, comparativamente bajos con los de países vecinos, pero compensados con los costos de transporte y aranceles que debe pagar su competencia extranjera si desea ingresar a nuestro mercado. Además que los ingenios azucareros hasta el 2009 tenían más interés de producir alcohol de buena calidad para exportarlo vía Buenos Aires a fabricantes, por ejemplo, de cosméticos en Italia. Como el 2010 fue de mala producción de caña en Brasil e India, grandes consumidores como etanol y azúcar, el precio subió más que en los últimos 20 años, por lo que hubiera sido preferible exportar el producto nacional que venderlo localmente, lo que el gobierno quiso controlar.

Definitivamente, la cuestión de los precios en Bolivia no está condicionada a su producción local, sino a lo que acontece en el mundo. Actualmente se encuentra en Bolivia durazno en lata griego más barato que el argentino y chileno, porque las monedas de los países vecinos están valoradas y Grecia se encuentra en una crisis que devaluó sus productos. A los consumidores de concentrarse en adquirir productos originados en Portugal, Italia, España, Irlanda y Grecia. Su durazno en lata es más barato que el natural muy delicioso producido en Bolivia. Lo mismo sucede con la papa holandesa, que si no es más barata, se debe a que su precio se establece en función a la producida localmente que es cara. Espárragos peruanos importados de Inglaterra eran más baratos en Bolivia que los traídos del Perú, porque simplemente los anglo saxones compran la producción por adelantado y en grandes cantidades lo que les favorece en precios bajos, incluso exportando lo que no consumirán en su territorio, a un país vecino y distante de Europa como es Bolivia y vecino del Perú que lo produce.

Está claro que el gobierno no subsanará los incrementos de precios de los alimentos en Bolivia con subvenciones, porque los precios internacionales son los que regulan su realidad, no sólo en función a la oferta y demanda, sino también en relación a la productividad y grandes inversiones en compras por adelantado de la producción donde existen mejores rendimientos.