En Túnez asistimos, con la “Revolución de los Jazmines”, después de 40 días de movilización popular con más de cien muertos, no sólo a la caída de una dictadura familiar, sino a la descomposición de un régimen político y, potencialmente, de un régimen social; y al inicio de un proceso revolucionario de vasto alcance en el Maghreb y en todo el Medio Oriente. Un sobrino de la pareja ex gobernante de Túnez (Imed Trabelsi), enriquecido a la sombra del régimen dictatorial, fue liquidado… ¡por su propio guardaespaldas! La residencia de Belhassen Trabelsi, hermano de la esposa de Ben Ali, Leila Trabelsi, fue saqueada en la ciudad de Sokra, lo mismo sucedió con la vivienda de Hemi Trabelsi.

La caída de Ben Ali y su familia (su esposa, en estilo Imelda Marcos, huyó del pais llevándose, no miles de zapatos, como su inspiradora filipina, sino una tonelada y media de oro, más de sesenta millones de dólares) fue producto directo de un golpe palaciano, condicionado por la revuelta popular, cuando el jefe del ejército no sólo se negó a reprimir al pueblo en la calle, sino que también le indicó la puerta del fondo (que lo condujo a Arabia Saudita, después de rechazado por sus malagradecidos padrinos franceses e italianos) al ex presidente, que habia sido recientemente re-reelecto con votación récord, en “el pais que gozaba del más alto nivel de vida de la región, y había además aniquilado a los islamistas”, según el comentario sorprendido de la “gran prensa”.

En los últimos días de Ben Ali, la policía, que ya no daba abasto con el pueblo movilizado, tuvo que enfrentar también a unidades del ejército. El nuevo auto-designado gobierno (compuesto por dignatarios del régimen depuesto, con la incorporación de tres ministros de la “oposición”), pese a declarar su carácter transitorio (prometió convocar a elecciones en seis meses) no desactivó, sino que fortaleció la movilización popular, que pasó a reclamar la completa extinción del régimen y la disolución del “partido” gobernante (el RCD, Rassemblement Constitutionnel Démocratique, una verdadera mafia), y continuó más que nunca en la calle, ahora apoyada en la huelga general por tiempo indefinido de diversos sectores (en especial, de maestros y profesores): “Ni un Estado policial, ni un Estado militar” es la consigna más entonada. La caida de Ben Ali equivale prácticamente al desmantelamiento del Estado, en un país cuyo ejército nacional cuenta con menos de 30.000 hombres, contra los 160.000 miembros de las “fuerzas de seguridad” (policía), encargadas de la protección de la mafia gobernante. Los vecinos se pusieron a defender sus barrios por cuenta propia, contra los matones y la guardia pretoriana del régimen mafioso depuesto: la clase trabajadora en Túnez ha comenzado a armarse por sí misma, con lo poco que tiene, para proteger sus barrios y establecer comités de autodefensa, creando embriones de núcleos de poder de los trabajadores.

La Dictadura TunecinaEl año de 1934, con la formación del Partido Néo-Destour (Nueva Constitución) (NDP) dirigido por Habib Bourguiba, marcó formalmente el inicio de la lucha tunecina por su independencia. En 1955 Túnez consiguió el autogobierno y, en 1957, la independencia como una monarquía constitucional. En 1957, la monarquía fue derrocada y se proclamó la República, con Bourguiba como presidente. A pesar de la independencia, Francia mantuvo su presencia militar por medio de una base naval en Bizerta hasta 1963. En ese año, tras un bloqueo por parte de la marina tunecina, los franceses se vieron obligados a abandonar definitivamente el país. El gobierno del Partido Socialista Destourien (renombrado como Rassemblement Constitutionnel Démocratique en 1988), durante la década de 1970 abrió la economía a la inversión extranjera en todos los sectores, y permitió el desarrollo del sector privado capitalista.

Túnez, después, fue considerado un “pais modelo” para el Maghreb, para los países “islámicos”, y para toda África, elogiado por el presidente del FMI, el “socialista” francés Dominique Strauss-Kahn (ahora también “caballo del comisario” para las próximas elecciones presidenciales francesas) – una zona de libre comercio se concretó en 2001 entre Marruecos, Egipto, Túnez y Jordania. En 2001 la Unión Europea firmó acuerdos con Túnez para controlar la “emigración clandestina”, que se concretarían en el Grupo 5+5 en 2002 (Portugal, España, Francia, Italia, Malta y Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia).

El propio Ben Ali, un déspota ladrón-torturador, es (o era) miembro destacado de la “Internacional Socialista”, y no precisamente de adorno. A finales de 1995, el presidente “socialista” español Felipe González viajó a Túnez, en plena represión a los “socialistas” tunecinos, para firmar un tratado de amistad y cooperación bilateral. En público omitió denunciar la represión, y solo recibió a sus correligionarios socialistas unos minutos, de pie, durante la recepción que ofreció en la residencia del embajador de España. Quince años después, el Ministerio de Exteriores negó visados a varios militantes tunecinos para participar en una reunión en Madrid.

Los Ben Ali son propietarios directos de buena parte del sector financiero de Túnez, con los bancos Zitouna y Mediobanca (de Sakhr el Matri, yerno de Ben Ali), de la Sociedad MAS de gestión de los servicios del aeropuerto de la capital (con Slim Zarrouk, otro yerno), de la sociedad Cactus, que posee 60 % de las cadenas nacionales de radio y TV (con Néji Mhiri, también presidente del Banco Central) y del Grupo Dar Assabah, que publica los diarios Assabah y Le Temps (también de Sakhr el Matri). La sociedad Ennakl tiene el monopolio de los transporte, y la Société Le Moteur las licencias de Mercedes y Fiat. La familia Ben Ali-Trabelsi posee también las lineas aéreas Karthago Airlines y Frip, así como la administración de casi todos los negocios inmobiliarios urbanos, e inmensas propiedades agrarias.

El Banco Internacional Árabe de Túnez pasó a manos de los Mabruk, aliados de Ben Ali; el Banco de Túnez lo controlaba Belhasen Trabelsi, hermana de Leila, quien otorgó su dirección a la esposa de Abdelwahab Abdalá, un preboste del régimen. Las sociedades inmobiliarias, complejos turísticos, viviendas adquiridas a medio euro, son incontables. La importación de bebidas alcohólicas en el país, la compañía azucarera de Bizerte, la atunera tunecina o el monopolio de la explotación pesquera del lago que colinda con la capital, son otros intereses de los Trabelsi, los Mabruk y tres o cuatro familias más, bajo la jefatura de Ben Ali.

Este “socialista” consiguió así apropiarse, con sus socios criminales y con la complicidad de los gobiernos europeos (francés en primer lugar), inclusive “de izquierda”, y de los monopolios capitalistas extranjeros, de casi todo el sector “tunecino” de la economía nacional, que era 80% estatal inmediatamente después de la independencia concedida por Francia en 1957. Sidi Bou Said y Cartago, ciudades-tesoro arqueológicas, fueron pilladas por la familia del presidente y su esposa (una ex peluquera, segunda esposa del “caudillo de la nación”) en beneficio de museos y coleccionistas europeos y norteamericanos. Las transferencias al exterior (a bancos y paraísos fiscales) de la familia gobernante está estimada, en el periodo 1987-2009, en 18 mil millones de dólares, una suma igual a la deuda externa del país. Para completar, el ya mencionado (y físicamente liquidado) Imed Trabelsi, y su hermano Moaz, sobrinos de Ben Ali por parte de su mujer, y ladrones denunciados en foros internacionales (inclusive de barcos de ricos turistas europeos), eran también los gerentes del muy rendidor negocio del tráfico y prostitución de menores. El nacionalismo personalista-caudillista concluye inevitablemente en la “economía de clan” y la degeneración social y moral: Túnez llevó esa tendencia histórica hasta las últimas consecuencias.

Túnez y el ImperialismoLos monopolios extranjeros se asociaron alegremente a esa economía criminal, explotándola hasta el fin para obtener monstruosos superbeneficios. Los monopolios franceses ocupan el primer lugar en la lista, en el sector turístico (Fram, Accor, Club Med, Nouvelles Frontières: todos repatriaron “de urgencia” a sus turistas), financiero (BNP Paribas, Société Générale, BPCE, Groupe Caisse d’Épargne), distribución (Carrefour, Casino), telecomunicaciones (Orange y Teleperformance), seguros (Groupama) y también industria (Valeo, Faurecia, Sagem, Air Liquide, Danone, Renault, PSA, Sanofi Aventis, Total, Colas Rail, Alstom y General Electric France), con sus filiales tunecinas frecuentemente presididas por miembros de las tres principales familias mafiosas del pais (Mabrouk, Trabelsi – de la esposa del ex presidente – y Ben Ali). La expropiación los espera: no sólo los criminales tunecinos, sino también sus padrinos internacionales, deberían ser puestos frente a un tribunal penal independiente y pagar por sus crímenes contra el pueblo árabe y tunecino.

Sin olvidar a la UE (Unión Europea), que benefició a Túnez con un tratado de libre comercio vigente desde 2008. Debido a los bajos salarios y a la flexibilidad laboral del Maghreb, la UE desplazó crecientemente, en las últimas décadas, su producción industrial hacia Túnez y Marruecos. El apoyo de la UE a los clanes dictadores del noroeste africano nada tiene de “ceguera política”: es, al contrario, una exigencia de la burguesía europea en su conjunto, incluida la alemana. Como observó Michel Camau, Túnez era casi “el vigésimo octavo miembro de la UE”.

Aun así, con sus diez millones y medio de habitantes, una economía “moderna y liberal”, elogiada y respaldada por el FMI y el Banco Mundial, en que los servicios ocupan 54% del PIB (el turismo emplea a más de 400 mil personas), un sector médico avanzado (no para el pueblo, sino en cirugía estética, destinada en primerísimo lugar a la clientela francesa e italiana, con precios altamente competitivos en relación a la metrópolis, en las que lipoaspiraciones, botox, siliconas en las tetas y en el culo, y otros prolongadores artificiales de la ilusión capitalista de la “juventud eterna”, no son, et pour juste cause, reembolsados por la seguridad social) y un estatuto de libertad para las mujeres “avanzado” en relación a los otros “países islámicos” (las mujeres no usan, si no lo desean, velo, tchador o burka: “el estatus de la mujer incomparablemente superior al de los países vecinos”, sentenció Juan Goytisolo), Túnez era considerada la “perla (imperialista) del Mediterráneo”, como otrora Cuba era la “perla” (burdel) imperialista del Caribe.

El “desarrollo” post-independencia (1957) fue muy desigual: las regiones del Sur y el Norte (centros iniciales de la revuelta) son pobres y atrasadas, con la “riqueza” concentrada en el oeste (región de las colinas), con los fosfatos (segundo exportador mundial), y en la costa, con las escasas industrias y el turismo. En tiempos recientes, sin embargo, Túnez ostentaba un crecimiento anual del 5%, el más alto de la región. Pero la crisis derribó el castillo de naipes, acentuando los bajos salarios y los índices de desocupación, oficialmente (esto es, abajo de la realidad) situados entre el 20% y el 30%, en poblaciones en que el 75% son jóvenes de menos de 30 años (el desempleo entre los jóvenes llega al 60%, estiman los analistas).

Son precisamente éstos los que salieron a la calle (provocados por la acción represiva contra personas que practicaban la venta ambulante) desde el mes de diciembre, incitados por el suicidio de jóvenes desocupados, un hecho revelador de una situación social desesperante (las protestas comenzaron espontáneamente en la tarde del 17 de diciembre, cuando un joven desocupado, a pesar de su diploma universitario, Mohamed Bouazizi, se inmoló con fuego para protestar por la confiscación de las frutas y verduras que estaba vendiendo en un puesto callejero). El gesto de Bouazizi fue después imitado en varios países, de Egipto hasta Mauritania. Como observó el antropólogo Hosham Dawod, la autoinmolación no constituye, en estos casos, un acto religioso, sino político, inclusive anti-religioso: “El uso simbólico del fuego quiere decir al mundo: el infierno es aquí”.

Las mujeres han tenido un papel fundamental en esta lucha, no gracias a la liberalidad del régimen podrido, sino contra él. Ya antes de que estallase la revuelta del 17 de diciembre, en la ciudad de Sidi Bouzid, había un puñado de mujeres en primera línea. Entre las más conocidas figura la abogada Radhia Nasraoui, presidenta de la Asociación Tunecina de Lucha contra la Tortura. Nada más que al enterarse de la sublevación de Sidi Bouzid Nasraoui creó un comité de apoyo a su población. Las mujeres de Túnez tenian todos los motivos para odiar a la dictadura familiar de Ben Ali, y a todo el régimen. Sihem Bensedrine, portavoz del Comité Nacional para las Libertades en Túnez, fue víctima, ya en 1993, de una modalidad de ataque de la policía política, que colocó su rostro en lugar del de una actriz pornográfica y distribuyó miles de ejemplares del fotomontaje. Radhia Nasraoui, en 2003, no probó bocado durante 57 días, para protestar contra la represión, mientras las “democracias occidentales” miraban para otro lado.

La fuente de ocupación principal, en Túnez, es (o, tal vez, era) el turismo, especialmente sexual (como, nuevamente, otrora en Cuba), el tourisme/cul “moderno y desprejuiciado” organizado por florecientes empresas como el Club Mediteranée, fundado y encabezado por un modernoso “veterano de mayo del 68” (soixante-huitard), y dirigido a la abundante (y espectacularmente imbécil) clase media francesa, “liberalmente” dispuesta a repetir, in situ y con precios preestablecidos y prepagos, las hazañas sexuales africanas de su pedófilo idolo literario André Gide. De ahí la elogiada pseudo-libertad feminina y juvenil (en un pais sin ninguna libertad), esto es, la “libertad” necesaria para la transformación comercial de sus cuerpos. Hace un par de décadas, el premiado escritor marroqui Tahar Ben Jelloun publicó, en Le Monde, un cuento escenificando esa explotación, justamente, en una filial tunecina del Club Med, provocando la airada reacción de sus espantados lectores (seguramente también clientes de la asquerosa empresa “turística”).

La Revuelta y la Debacle EuropeaEl mismo Tahar Ben Jelloun ahora escribe que “los eventos de Túnez tienen un alcance histórico para todo el mundo árabe, son una onda de choque que puede despertar a las masas de Argelia, del Cairo, de Damasco y de otros países con regimenes autoritarios e impopulares”. Marruecos prohibió las manifestaciones de solidaridad con la revuelta tunecina, pero en Egipto y Argelia el pueblo ya gana las calles cantando “Túnez muestra el camino”: con Túnez es todo el pueblo y la nación árabe que se levanta para sacudirse la porqueria acumulada en décadas (y siglos) de explotación imperial y neocolonial, ayudada, en las últimas décadas, por la complicidad “nacionalista”.

En Libano el gobierno acaba de sufrir una derrota electoral en beneficio de Hezbollah: el diario As Safir, de la izquierda libanesa, planteó que “esta primera revolución popular árabe del siglo XXI sea un modelo para el cambio en el mundo árabe esperado desde hace mucho tiempo”. En Jordania, cientos de manifestantes se congregaron frente al Parlamento en reclamo de la renuncia del gobierno. En Egipto, pais clave de Oriente Medio, las masas ganaran las calles gritando “no queremos a Mubarak, ni a su hijo”…

En los primeros días de la movilización tunecina, la ministra exterior francesa, Michelle Alliot-Marie (llamada MAM…) ofreció a Ben Ali el savoir faire de la policía francesa, para combatir las movilizaciones callejeras (textualmente: Francia “propose son savoir-faire français à la police tunisienne dans la gestion des questions sécuritaires”), lo que es ahora criticado por la prensa francesa como una prueba de estupidez politica. MAM, sin embargo, sólo expresaba la conciencia (ciertamente idiota) de toda una clase social, habituada a considerar a las ex colonias (Túnez fue colonia francesa durante 75 años) como el patio trasero de la metrópolis. El 28 de abril 2008, el presidente Sarkozy declaró durante uno de sus viajes a Túnez: “Su país está inmerso en la promoción de los derechos humanos universales y las libertades fundamentales”. Unos meses más tarde, el director gerente del FMI Dominique Strauss-Kahn, dijo en la capital, Túnez, que el régimen de Ben Ali era “el mejor modelo para muchos países emergentes”.

Dígase de pasaje que otros ministros franceses, como Bruno Le Maire (agricultura) y el muy expresivo Frédéric Mitterrand (cultura, sobrino del ex presidente “socialista”, y al servicio del actual presidente derechista), se expresaron en términos semejantes a MAM. No se equivocó, al contrario, L‘Express (una revista que es para el ultradecadente imperialismo francés lo que The Economist es para el imperio anglo-americano) cuando, en su tapa del número dedicado a la rebelión tunecina, tituló (alarmado) “la revolución árabe”. MAM se enteró de lo mismo cuando, pocos dias después, viajó a Gaza (Palestina) para hacer un poco de demagogia “democrática”, usando a los oprimidos palestinos que, en respuesta (y enterados de la oferta hecha a Ben Ali) le llenaron el coche de huevazos.

Ahora Sarkozy declara, sobre Túnez: “No fuimos capaces de ver su desesperanza”, pero la cagada mayúscula ya estaba hecha. La trayectoria francesa es larga: en 1997, el primer ministro “socialista” (¡ex-“trotskista”!) Lionel Jospin recibió a Ben Ali con un discurso cargado de elogios (ahora también salió a dar explicaciones), lo que no tenia nada de extraño, pues eran “compañeros” en la “Internacional Socialista”.

Frente a la debacle de la diplomacia europea (no sólo francesa, sino también española e italiana) los EEUU, viendo la posibilidad de meterse en terreno ajeno, “aplaudieron”, con Barack Obama, “la valentía y la dignidad del pueblo tunecino” (lo que no hicieron, claro, con el pueblo hondureño, en circunstancias semejantes). Pocos días antes de que cayese Ben Ali, la cúpula del ejército tunecino mantuvo contactos con la embajada norteamericana, que les instó a no intervenir en la represión. Estados Unidos más temprano y luego la UE detectaron la inminente catástrofe del régimen de Ben Ali y maniobraron para diferenciarse del viejo régimen.

Obama finalmente “aplaudió” al pueblo tunecino, pero solamente después de la caída de Ben Ali. Habiendo informado cotidianamente sobre los incidentes en Irán después de las elecciones del año pasado, insistiendo en el asesinato de Neda, una de las pocas víctimas de los mullahs durante los incidentes, los medios de comunicación de los países imperialistas miraron para otro lado mientras era masacrada la juventud en Túnez (y más tarde en Argelia). Tanto los Estados Unidos como la UE permanecieron en silencio hasta último momento, porque consideraban que el pro-imperialista Ben Ali, servil incluso con el sionismo, les era todavía útil. Además, Francia temía y teme una victoria revolucionaria de las masas en el Maghreb, porque podría motivar a los beurs (jóvenes de origen nordafricano nacidos en Francia), los rebeldes de los suburbios de Francia, hacia nuevas insurrecciones.

Crisis Mundial y RevoluciónLa chispa inicial de la revolución tunecina tuvo sus raíces en la crisis capitalista mundial, que volvió a provocar, como en el 2008, una fuerte especulación sobre las materias primas, en especial sobre los granos. En India los precios de los alimentos de primera necesidad aumentaron el 18%, en China en 12%. 29 países se encuentran, oficialmente (FAO), en situación de emergencia alimentaría.

En los países del Maghreb esos aumentos de precios alcanzaron el 30% promedio, en los ingredientes principales, pan (trigo), aceite, azúcar y sémola: el coste de la harina y del aceite dobló en los últimos meses, hasta alcanzar precios récord, mientras que el kilogramo de azúcar, que hace pocos meses apenas costaba 70 dinares, unos 0,7 euros, ha llegado hasta los 150 dinares, 1,5 euros. Las devaluaciones sucesivas practicadas por los gobiernos, para equilibrar presupuestos arrasados por las concesiones realizadas al gran capital (nacional y extranjero) colaboraron para la catástrofe del Maghreb.

En Argelia, país petrolero (de la OPEP), con casi US$ 160 mil millones en reservas inmovilizadas en bancos extranjeros, «la juventud está loca contra el régimen. No entiende por qué un país rico es incapaz de ofrecer trabajo, casas y una vida decente a su gente». La rebelión dejó inicialmente dos muertos y 320 heridos, además de decenas de policías heridos por la ira popular. Los enfrentamientos, que se iniciaron en Orán, capital del oeste argelino, se extendieron a 18 de las 48 provincias de Argelia. Según El Watan, las protestas llegaron a las localidades de Dejlfa, Ouargla y a otras regiones del país. El joven Azzedine Lebza murió tiroteado cuando pretendía penetrar, con otros manifestantes, a la sede de la prefectura en M’sila: la revuelta popular se dirigió directamente contra las sedes del poder político. La “revuelta del hambre” se transformó, rápidamente y desde su inicio, en rebelión política contra los gobiernos.

Estos tienen origen nacionalista (el partido Destour, en Túnez) y hasta “revolucionaria”, con el FLN argelino, Frente de Liberación Nacional fundado en 1954 y protagonista de la lucha armada por la independencia (1954-1962), en la que más de 1.500.000 argelinos murieron (la independencia de Argelia fue declarada el 5 de julio de 1962). Desde hace mucho, sin embargo, son dictaduras burocráticas ultra corruptas (militar en Argelia; los documentos internos oficiales de los EEUU revelados por Wikileaks, a su vez, definían al gobierno tunecino como “una mafia”, basada en un crony capitalism, capitalismo de compadres), aliadas al imperialismo: en Túnez, el “presidente electo” Ben Ali (con casi 90% de los votos, un auténtico “índice Lula”) gobernó durante 24 años (su antecesor, Bourguiba, gobernó 30 años, con Ben Ali como su “ministro de seguridad” en la década de 1980: habían sido los dos únicos presidentes del Túnez independiente).

Vale recordar que Ben Ali se encaramó en el poder gracias a un mini golpe de estado contra el senil Bourguiba, en 1987, preventivo de una crisis política, golpe orquestado por el gobierno italiano del “socialista” Bettino Craxi (de ahi las buenas migas de Ben Ali con la Internacional Socialista): un portavoz de los “servicios” italianos reveló, en ese entonces, que los padres del exitoso golpe tunecino eran “Craxi, Andreotti, il capo del Sismi Martini, il capo dell’Eni Reviglio”, la flor y nata del Estado (criminal) italiano.

La caída de Ben Ali y la “Unión Nacional”Frente a las movilizaciones, Ben Ali reformó su gabinete (destituyendo, entre otros, al ministro de interior, responsable por la represión, y al de comunicación). Desesperado, el 12 de enero ordenó la liberación de todos los detenidos durante los disturbios. También creó un comité especial para “investigar la corrupción”. La “oposición tolerada” (el PDP) intentó “recuperar la rebelión” (con criticas a sectores del gobierno, pero no exigiendo su caida), pero las masas continuaron en la calle, gritando slogans contra “los verdugos del pueblo”, y dirigiéndose espontáneamente a los locales de la UGTT (Union Générale des Travailleurs de Tunisie, central sindical).

Ben Ali prometió por TV 300 mil nuevos empleos: «On s’en fout du chômage, on veut que Ben Ali soit arrêté», fue la respuesta popular. Hasta los abogados se sumaron a las protestas contra la represión contra los jóvenes parados («La huelga es un mensaje claro de que no aceptamos ataques injustificados contra abogados», explicó el presidente de la Asociación de la Abogacía tunecina, quien aseguró que el 95% de los 8 mil abogados tunecinos apoyaron el paro), dejando claro que era un país entero el que se levantaba contra su régimen político.

En Argelia, el titular de comercio, Mustafá Benbada, anunció un consejo interministerial extraordinario dedicado a examinar cómo atajar la subida del precio de los productos de primera necesidad: el pueblo en la calle ya estaba procediendo a su propio “examen”. El presidente, Abdelaziz Buteflika (otro “vitalicio”), prometió además un millón de dólares para construcción de nuevas viviendas antes de 2014. Aspirinas para un cáncer: el nacionalismo post-colonial en las ex colonias francesas ha sido incapaz de sacar a sus países del atraso, hasta en las cuestiones más elementales: en Túnez, la alimentación básica depende de la importación anual de 100 mil toneladas de granos, en Argelia, de 350 mil. El hambre (inmediato) y la desocupación (histórica) provocaron una rebelión de claras proyecciones revolucionarias: “Todo el Maghreb parece bajo el influjo de una rebelión”, declaró el cotidiano financiero italiano Il Sole 24 Ore, alarmado por los acontecimientos de los dos países que se encuentran en su “vereda de enfrente” del Mediterráneo (Argelia y Túnez son los países africanos más directamente vinculados a Europa), equivocándose en el alcance, que incluye a todo el Medio Oriente y los países árabes.

El régimen argelino respondió a las movilizaciones con una brutal represión, que dejó cinco muertos y casi 900 heridos, pero debió dar marcha atrás ante el peligro de que la rebelión popular terminara volteándolo tal como sucedió en Túnez. El gobierno anunció subsidios y la supresión de una serie de impuestos, lo que generaría una baja del 40% en los alimentos, y también proyectó un nuevo plan de viviendas para 2014, lo que generó una merma en las protestas. Sin embargo, la ruptura entre amplias capas de la población – particularmente entre la juventud obrera – y el gobierno es completa.

La jerarquía clerical islámica, en Túnez y en Argelia, hizo llamados a la calma, a los que la población no atendió. El sábado 8 de enero, la policía y las milicias del RCD iniciaron una verdadera masacre de los manifestantes. Pero el 4 de enero, las corrientes combativas de la UGTT se impusieron en el plenario de la central a su dirección conciliadora: a partir del 11 de enero, las centrales regionales fueron liberadas para convocar huelgas generales. Seis federaciones sindicales (profesores, correos, teléfonos, médicos, farmacéuticos, estatales) convocaron a la huelga general y a manifestaciones callejeras: la clase obrera emergió, después de décadas de represión, como la potencial dirección de la rebelión popular.

También Sudán se vio afectada por movilizaciones estudiantiles en la capital por el aumento de precios, luego de que el gobierno suprimiera los subsidios a los productos derivados del petróleo y el azúcar. Sin embargo, las movilizaciones en este país se engarzan con una crisis política de conjunto. El gobierno de Marruecos, por su parte, impidió una protesta de solidaridad en la embajada de Túnez por temor a que las movilizaciones calen en su propio territorio. El régimen de Mohamed VI tiene su propia crisis en casa: hace tan sólo pocos meses desató una feroz represión contra el pueblo saharauí para impedir la autodeterminación de ese pueblo y mantener el control de la región, con el abierto apoyo de la España “socialista” de Zapatero.

El 14 de enero las manifestaciones eran de masas en Túnez, en todo el país, al grito de “rebelión permanente, no a Ben Ali”: “Du pain, de l‘eau, Oui. Mais non à Ben Ali», e «Ben Ali, assassin, Ben Ali doit partir» también eran cantados. Tras un fracasado intento de dictar un estado de excepción contra una movilización imparable, Ben Ali renunció y escapó a Arabia Saudita. Con la caída de Ben Ali, se formó un gobierno substituto, encabezado por Mohamed Ghannouchi (primer ministro de Ben Ali desde 1999), con la participación de los (ex) “opositores” Najib Chebbi, do Partido Democrático Progresista (PDP), y de Ahmed Ibrahim, do partido comunista Ettajdid. Después de designar tres ministros en ese gobierno, la UGTT se negó a reconocerlo o apoyarlo: la presión obrera y popular preservó elementalmente la independencia de clase frente a la maniobra pseudo-democratizante.

Una Crisis RevolucionariaGhannouchi, repudiado en las calles, fue forzado a dimitir por el Consejo Constitucional tras ejercer 16 horas el cargo. Le relevó el jefe del Parlamento, Fuad Mebaza, obligado por ley a convocar elecciones en 60 días. El nuevo gobierno tuvo que liberar a todos los detenidos en los días previos; al mismo tiempo, sin embargo, un comando secuestró a Hamma Hammami, dirigente del PCOT (Partido Comunista Obrero de Túnez). En las prisiones de las regiones de Gafsa y Kaserín (en el centro-oeste del país) y en las de Bicerta y Mornaguía (al norte) se produjeron motines e incendios. La “Plaza 7 de Noviembre” (fecha de la llegada al poder de Ben Ali, en 1987) fue rebautizada “Plaza de los Mártires”: la conciencia de una acción histórica independiente estaba presente en todo el pueblo.

El nuevo “gobierno de unidad”, encargado por Fuad Mebaza, conservó los titulares de cuatro importantes ministerios del antiguo Ejecutivo: Defensa, Finanzas, Asuntos Exteriores e Interior, este último nombrado una semana antes de caer por Ben Ali. 12 de los 20 nuevos ministros son miembros del partido del depuesto presidente: “Las figuras del partido de Ben Ali en el gobierno no estuvieron conectadas a la represión ni a la corrupción. Son tecnócratas que no se han ensuciado las manos”, declaró Omeyya Seddik, miembro de la dirección del PDP, a modo de justificación. La ex “oposición” asumió cargos secundarios: Sanidad, Desarrollo Regional y Educación Superior. En las calles, militantes arremetieron a gritos contra Ahmed Ibrahim, líder de Ettajdid, uno de los partidos “de oposición” legalizados por Ben Ali, incorporado al gobierno.

No es necesario ser demasiado inteligente para percibir la trampa que se ha tendido a la revolución tunecina. Para Fathi Chamkhi, miembro de la Liga Tunecina de Derechos Humanos, la composición del Gabinete es “deplorable”: “Los problemas son más profundos que la cólera contra una familia. Este régimen de actores de teatro quiere hacernos creer que lo que detestan los tunecinos es a Ben Ali y a los Trabelsi, y que ahora todo irá bien. Lo que quiere la gente es trabajo. El nuevo gobierno es la contrarrevolución”. “¡Alí Babá se ha ido; ahora deben irse los 40 ladrones!”, coreaban los manifestantes que protestaban por la permanencia de ministros del antiguo régimen.

Los tres ministros de la UGTT (Anouar Ben Gueddour, Abdeljelil Bedoui y Houssine Dimassi, que habia asumido el Ministerio de Trabajo) , y el líder del Foro Democráticos por el Trabajo y las Libertades, renunciaron, no reconociendo al nuevo Ejecutivo después de haber aceptado formar parte de él (conociendo, obviamente, su composición continuista). El secretario general del sindicato dejó claro que tomaban esa medida en “respuesta a las demandas del pueblo en las calles”, informando que retiraban igualmente a sus representantes en el Parlamento y el Consejo Económico y Social. La crisis es completa, y en su base está la continuidad y radicalización de la movilización obrera y popular. Hasta la policía se está dando vuelta: “La policía dice no a la dictadura”, “el pueblo ha liberado a la policía”, son lemas escritos en las calles. Los agentes exigen el derecho a crear un sindicato, mejoras salariales y echan pestes al inspector jefe Ali Mansur: “Solo obedecíamos órdenes. Ahora necesitamos protección”, “Nosotros también hemos sido víctimas del régimen”.

La oposición burguesa, “comunista” e islámica, no obstante, reclama del gobierno continuista “un acuerdo con la oposición real” y la organización de un proceso politico democrático. La izquierda y el nacionalismo “radical” reivindica, al máximo, la expropiación de los bienes de Ben Ali y su familia (lo principal de éstos ya estaba depositado en bancos extranjeros) o, como en el caso del PC tunecino, una asamblea constituyente convocada por el “gobierno de unidad nacional”, en vez de la completa destrucción del antiguo régimen y el establecimiento del control obrero y popular de toda la producción (principalmente de los monopolios extranjeros), el control de cambios y la nacionalización del sistema financiero, como medidas elementales de salvaguardia de la economía nacional y popular.

La Revolución Árabe2011 será un año electoral en Africa y, por tanto, propenso a las crisis políticas. Habrá elecciones en Nigeria, Benín, Chad y Congo. Pero es la explosión de Egipto el inevitable paso siguiente de la revolución árabe, con consecuencias para todo Oriente Medio y la política mundial. Un chiste que se cuenta en El Cairo da una idea al respecto: “El avión de Ben Alí paró en Sharm El Sheij (donde tiene su residencia el presidente egipcio Hosni Mubarak) para que suban más pasajeros”. El dictador de 82 años que con el beneplácito del imperialismo gobierna Egipto desde hace 30 años bajo una Ley de Emergencia, ha sido puesto en el punto de mira desde que su homólogo tunecino embarcó en un avión: el imperialismo ya se ha puesto a preparar su recambio.

El país del Nilo, con una población de 85 millones de personas (un tercio de la población árabe) de las que casi la mitad viven por debajo del umbral de la pobreza, ha visto auténticas revueltas callejeras cuando el precio del pan se ha incrementado. En el último año la inflación de los productos básicos disparó: los precios de la carne y aves de corral han aumentado un 28,7%; los de los productos lácteos, un 8,1%; los de la fruta y hortalizas, un 16,2%, y los del azúcar, un 16,3%.

En Egipto el Estado subvenciona el pan, para un elevado número de egipcios la base de una dieta en la que no abunda la carne, cuyo precio ronda las 75 libras egipcias (10 euros) el kilo, mientras el sueldo de un profesor es de 1.000 libras (133 euros) al mes. Como paliativo, Egipto compra una media de ocho millones de toneladas de trigo anualmente para producir pan. En 2008 una cincuentena de personas perdieron la vida en las colas de las panaderías. Pero ahora la movilización egipcia es directamente política, contra el régimen dictatorial, represivo y corrupto. “Escuchen a los tunecinos, ahora les toca a los egipcios”, corean los manifestantes.

El camino de Túnez, sin embargo, brilla en contraste con “el ejercicio de la democracia” en Irak por parte de los imperialistas. Las masas egipcias han comenzado a ganar las calles. Los movimientos opositores como Kifaya, Jóvenes del 6 de Abril o Todos Somos Khaled Said (un joven torturado hasta la muerte por la policía en 2009) están tratando de organizar una revuelta popular que acabe con el gobierno del raíz. Han cambiado sus perfiles en Facebook por una imagen en la que se funden la bandera egipcia y la tunecina y claman por una protesta internacional ante sus embajadas en el extranjero. Saqueadores imperialistas (en Irak y el Líbano) de la gran civilización árabe, y sus lacayos; reyes, jeques, emires (de los países del Golfo); dictadores (de Egipto, Siria, Argelia, Sudán y Libia) y burócratas (de Palestina) están con las barbas en remojo. En Israel, el vice-primer ministro (Shalom) declaró que los acontecimientos tunecinos constituyen una amenaza para el Estado sionista…

La revolución en Túnez es una respuesta de masas a los efectos de la bancarrota capitalista internacional, en un continente donde el crecimiento en las cifras económicas se traduce en una mayor explotación del territorio por parte de las potencias imperialistas y en un agravamiento de las condiciones de vida de las masas. La crisis social, política y humanitaria que atraviesa Africa es la consecuencia de siglos de explotación y saqueo brutal por parte de las potencias imperialistas que han utilizado el continente africano según sus propios gustos y necesidades, como en pocos lugares. Esta tendencia histórica no puede más que agravarse en el marco de la crisis capitalista, que pone al rojo vivo las viejas y nuevas contradicciones. El comienzo de un proceso de respuesta obrera y popular a la crisis que ya derribó a una dictadura de un cuarto de siglo marca una perspectiva para salir del abismo.

Como afirma el DIP (Iniciativa por un Partido Revolucionario de los Trabajadores) de Turquia: “La revolución tunecina es, por lejos, la consecuencia más importante de la lucha de clases en la gran depresión que sacude el mundo desde 2008. La causa inmediata del largo mes de lucha que desembocó en la revolución fue el aumento del desempleo a un nivel insoportable, como resultado del golpe propinado al turismo por la crisis económica que se ha extendido por el mundo y sacudido a Europa, el rico vecino de Túnez y la fuente principal de ingresos de la economía tunecina. Además, las duras medidas impuestas por la UE para evitar la inmigración de trabajadores en el contexto de la crisis, ha destruido la esperanza de la juventud del norte de Africa en una salvación individual. En este sentido, la revolución tunecina ha sido marcada por la misma dinámica que llevó a la rebelión en Grecia en 2008 y la formidable lucha de clases en este país en 2010, la lucha de Tekel en Turquía en 2010, las huelgas generales y las rebeliones estudiantiles que tuvieron lugar en Francia, España, Italia, Portugal, Irlanda y Gran Bretaña durante todo 2010. Haciéndose eco de las contradicciones acumuladas y de las tradiciones de la lucha de clases de los países europeos de la costa del Mediterráneo, ahora se levantan los pobres, los desocupados y la clase obrera del norte de Africa. El Mediterráneo se está transformando en una cuenca de la revolución”.

Asustada por la revolución tunecina, la Liga Árabe ha salido a jugar el papel de bombero, constituyendo un fondo de dos mil millones de dólares para ayudar a los “países más pobres”: “La revolución tunecina no está lejos”, declaró su secretario general, Amr Moussa. Todos los mecanismo de cooptación política y de colaboracionismo clasista serán puestos en práctica para neutralizar la revolución árabe.

El terrorismo de matriz religiosa, a su vez, a pesar de sus hechos espectaculares, ya ha demostrado, en más de una década, su fracaso político, sin hablar de la completa nebulosidad de sus objetivos. La independencia de clase, la constitución de una dirección revolucionaria, el internacionalismo proletario, constituyen, ahora más que nunca, las claves de la victoria árabe. La revolución en curso cambiará las coordenadas políticas en todos los continentes, en un plazo más breve del que se espera.

Cronología- 17 de diciembre. Mohamed Bouazizi, un desempleado de 26 años, se prende fuego en Sidi Bouzid como acto de protesta por la crisis. Bouazizi falleció en el hospital el 5 de enero.- 24 de diciembre. Mueren los dos primeros manifestantes a causa de los disparos de la policía en una protesta en Menzel Bouzayane, una localidad ubicada en el centro del país.

– 2 de enero. El grupo de hackers Anonymous anuncia la Operación Túnez en solidaridad con las manifestaciones. Las webs del Gobierno tunecino se colapsan por una serie de ataques informáticos.- 4 de enero. Se anuncia una huelga general en protesta por la represión gubernamental. Los trabajadores tunecinos se movilizan contra la burocracia que dirige la central obrera única del país, la UGTT, alineada con el gobierno, a la cual tras semanas de protestas le arrancaron la convocatoria a la huelga general.

– 7 de enero. El gobierno de Ben Ali lanza una gran operación represiva y detiene a decenas de periodistas y activistas. La oposición da por desaparecidos a varios.- 8 de enero. El sindicato UGTT convoca a la huelga. Mueren seis manifestantes y otros seis son heridos de gravedad durante las protestas en Tala. Otras tres personas mueren en enfrentamientos con la policía en la región de Kasserine.

– 10 de enero. En un discurso televisado, Ben Ali intenta “calmar los ánimos” y promete 300.000 puestos de trabajo.- 11 de enero. El Gobierno reconoce 18 muertos en los enfrentamientos, mientras los sindicatos hablan de más de 50. Continúan las protestas y Ben Ali decreta el toque de queda en Beja, Gafsa, Kasserine y Telab.

– 12 de enero. El toque de queda se extiende a la capital, tomada por vehículos blindados. El primer ministro, Mohamed Ghanouchi, destituye al ministro de Interior, Rafik Belhaj Kacem, y anuncia la puesta en libertad de algunos detenidos.

– 13 de enero. El presidente Ben Ali anuncia su retirada en 2014 y promete un “completo y profundo cambio político”. La lucha no cesa en las calles y se registran 13 muertos más.- 14 de enero. Miles de personas manifiestan en la capital al grito de “¡Fuera Ben Ali!”. El presidente destituye al gobierno y decreta el estado de excepción. Ben Ali abandona Túnez. El primer ministro (Ghannouchi) asume la presidencia interina del país.

– 15 de enero. Ghannouchi, repudiado en las calles, es forzado a la renuncia: lo substituye el jefe del Parlamento, Fuad Mebaza, obligado por ley a convocar elecciones en 60 días. El nuevo gobierno libera a los detenidos en los dias previos

– 16-24 de enero. El gobierno tunecino declara tres días de luto nacional en memoria de las víctimas de la represión. Las manifestaciones continúan salpicando el territorio tunecino, desde la capital hasta la remota ciudad sureña de Tataouine. Detenido el propietario del único canal privado de televisión en Túnez, acusado de “traición” por fomentar la violencia contra la revuelta popular.

– 25 de enero. El pueblo egipcio baja a las calles, en El Cairo y otras ciudades, reclamando el fin del gobierno de Hosni Mubarak y su dinastia familiar. Las manifestaciones “tunecinas” se multiplican en todos los paises árabes.

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* Fuente, PRENSA OBRERA.