Davos, (PL y CCS).- El secretario general de Naciones Unidas Ban Ki Moon criticó hoy el actual modelo consumista imperante y reclamó un cambio en todos los sectores que permita superar las crisis ambiental, en un discurso pronunciado ante los participantes del Foro Económico Mundial de Davos, que reúne a unos 30 jefes de Estado y a 1.400 presidentes de grandes empresas.

La crisis de la deuda pública que golpea las finanzas de varios países de la Eurozona, y diversos enfoques sobre cómo esta última debe accionar para recuperar su salud económica, fueron temas tratados en esta jornada en el Foro de Davos.

Creada por el alemán Klaus Schwab, la fundación privada Foro Económico Mundial (WEF), instalada en la estación de esquí de Davos, gasta millones de dólares y convierten el Palacio de Congresos de la localidad en una verdadera fortaleza.

Analistas coinciden en que unas cuatro décadas de estas reuniones no sirvieron para mejorar la realidad de los pobres del orbe, sino todo lo contrario, la brecha se incrementó de forma abrumadora en ese período. Según un estudio reciente, 10 millones de personas acumulaban en 2010 una suma de 39 billones (millones de millones) de dólares, un 18,9 por ciento más que el total que poseían en 2008.

Necesitamos una revolución del mercado libre que permita una sostenibilidad mundial, destacó el diplomático de la ONU, y opinó que la transformación debe producirse en todos los sectores, incluso en la forma en que la gente vive en la actualidad, cómo se organizan las sociedades y cómo se actúa a nivel político.

A juicio de Ban, se requiere una acción rápida y decidida contra el cambio climático, pues los días del consumo sin reflexión han pasado.

“Te sale más barato comprar uno nuevo”, dice mucha gente con una expresión en su cara de “no seas tacaño” o de “estás loco” cuando su interlocutor pregunta en dónde puede arreglar un aparato averiado, comenta el periodista del Centro de Colaboraciones Solidarios (CCS) Carlos Miguélez Monroy en su columna “El consumo nos consume”.

Según Miguélez, el modelo de consumo actual ha convertido la lógica – cambiar la pieza inservible del aparato averiado – en un proceso que se complica por una creciente falta de técnicos capacitados para arreglar ciertos aparatos, por la falta de refacciones y por las dificultades que ponen muchos fabricantes cuando falla el producto. A la respuesta “ya no manejamos ese modelo” y “esa pieza no se fabrica”, se suma la de siempre: “le puedo enseñar nuestro catálogo para que compre uno nuevo”.

Añade el periodista de CCS que las baterías de teléfonos celulares, de computadoras portátiles y de otros aparatos electrónicos duran cada vez menos. Muchas veces, los dependientes de las tiendas dicen: “se nos han agotado esas baterías, pero tenemos muy buenas ofertas de teléfonos nuevos”. Es más fácil dejarse seducir que llamar o buscar otra tienda donde se pueda conseguir la pila por separado.

Sucede algo similar con muchas impresoras. Su vida útil no viene determinada por el nivel de desgaste, sino por un número de impresiones que registra un chip hasta que, un día, aparece en la pantalla el siguiente mensaje: “una pieza de la impresora ha fallado, y el fabricante le recomienda llevarla al servicio técnico”. El primer obstáculo: la garantía sólo cubre uno o dos años de servicio técnico gratuito. Una vez que el usuario logra hablar con alguien (“si llama por avería, marque 1, llama por…, marque 2, si quiere que le atiendan personalmente, espere en la línea), el fabricante recurre con frecuencia a la fórmula de “ya no se fabrica esa pieza”.

Las bombillas de luz duraban años, hasta que los fabricantes de varios países del mundo se pusieron de acuerdo para fabricarlas de manera que su vida se acortara, lo que incrementaría el consumo y garantizaría el negocio. Lo mismo sucedió con las medias de nylon. De otra manera, razonaron, la industria estaba condenada al estancamiento. El diseño informático funciona de manera similar: los programas y los sistemas operativos se actualizan a una velocidad que impide estar al día sin que haya salido al mercado una nueva versión. En la medida que se desarrollan programas más complejos, tienen que salir al mercado computadoras con mayor capacidad de almacenamiento.

Durante décadas, las sociedades “desarrolladas” se han convencido de que su modelo económico se rige por la oferta y la demanda. En realidad, no se trata de una simple ley que funciona por sí sola, sino de una demanda manipulada por medio de la publicidad y una oferta distorsionada por productos diseñados para morir pronto, advierte Miguélez.

Su conclusión es que después de casi un siglo de idolatría del consumismo, este modelo parece estar cada vez más cerca de tocar techo. Los gobernantes ya no pueden ocultar que el planeta no resistirá el ritmo de consumo que han alcanzado los países “desarrollados” y que países “en vías de desarrollo” y emergentes quieren alcanzar. Han llegado a reclamar un supuesto derecho a tener el mismo nivel de “desarrollo”, aunque esto conlleve a aumentar las emisiones de CO2 y a contribuir a la contaminación de tierras, bosques y mares.

En su criterio, la sociedad de consumo vive en la esquizofrenia de escoger entre salvar su economía por medio del consumo y salvar el planeta. Es posible cambiar de economía y de modelo de consumo, pero no de planeta.