El “Caso Separatismo” está a punto de ingresar a una segunda fase que promete revelar la identidad de quienes pusieron el dinero para impulsar la creación de la “República de Santa Cruz”. En estas circunstancias, apareció un video en el que un personaje al que los medios identifican como Ignacio Villa Vargas (El Viejo), recibe lo que parece ser un soborno.

Aún se realizan las investigaciones para establecer cómo salió esa filmación que supuestamente debería permanecer bajo siete llaves en el Ministerio de Gobierno y no en manos de un periodista que sin medir consecuencias y sólo para aumentar su ego lo difundió, sin más.

Estas circunstancias me traen a la memoria, los conceptos referidos a los mecanismos que sobreviven en el Ministerio de Gobierno desde hace mucho y su grado de relacionamiento con la CIA norteamericana, presente en todos los vericuetos del gobierno.

El libro “La CIA en Bolivia”, escrito por Gregorio Selser en 1970, a poco de finalizada la guerrilla de Ñancahuazú, revela cómo el organismo de espionaje norteamericano dominaba los organismos del Estado boliviano y sus funcionarios, eran prácticamente prisioneros del sistema dirigido desde Washington.

Esa publicación que circuló poco en Bolivia, incluye una entrevista realizada al ya ex ministro de René Barrientos y procesado tras ser descubierto como autor de la entrega de una copia de los papeles del “Che” a Fidel Castro.

Antonio Arguedas Mendieta, señalaba en la entrevista: “En América Latina, los ministros del Interior no saben lo que ocurre en sus propios ministerios. Los servicios de inteligencia, reclutan sus agentes entre los llamados Cuadros Técnicos, no entre las principales cabezas de gobierno. Por eso, puede haber cuantos cambios de gobierno se les ocurre, pero esos cuadros técnicos permanecen. Y una de sus principales funciones consiste en desinformar a las autoridades”.

Más adelante, dice que si bien se sentía prisionero de la CIA en su propio ministerio, decidió quedarse por iniciativa propia, hasta lograr identificar a los agentes que le espiaban para Estados Unidos. Tras aislarlos, se ocupó de crear un servicio de inteligencia auténticamente nacional.

Vigilado de cerca por la CIA, Arguedas Mendieta logró asestarle tremendo golpe cuando en 1968, por azar, el diario del “Che” llegó a sus manos. La entrevista inserta en “La CIA en Bolivia”, señala luego:

-Mientras tanto, usted fingía trabajar para la CIA.

-No fingí. Acepté el status en que se encuentran todos los jefes de inteligencia de América Latina.

-Entonces, usted reconoce que trabajó para la CIA.

-Desde mi concepción filosófica, sí. Acepté trabajar para un servicio extranjero que tiene un poder omnímodo. Pero en mi fuero interno, eso me creaba un gran complejo de culpa.

-Para lavar ese complejo, entregó el diario.

-No diría que para eso. Mi criterio era que el imperialismo quería utilizar el diario para matar al Che dos veces: para asesinarlo moralmente después de muerto.

Las circunstancias de 1970, no parecen haber cambiado mucho, pues como se conoce públicamente, una oficina de la CIA estaba instalada descaradamente en pleno palacio de gobierno con el beneplácito de los neoliberales. El gobierno de Evo Morales, lo cerró. ¿Pero, los que trabajaban para ese tenebroso organismo, habrán sido identificados y despedidos o siguen allí? Es algo que debe llamar la atención.

El video sobre el presunto soborno a “El Viejo”, aparentemente es parte del accionar de ese tenebroso mecanismo que tiene acceso a todo y ahora parece estar interesado en impedir que el proceso sobre el separatismo que coordinaba el mismo embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, siga su curso y no se revelen las fuentes de financiamiento.

El Ministro Sacha Llorenti y su antecesor Alfredo Rada, acaban de especificar: “Cuando está a punto de presentarse el juicio oral, y cuando está a punto de abrirse un nuevo caso, el caso terrorismo II, en el que no sólo se tiene que indagar la existencia de una célula terrorista dirigida por Eduardo Rózsa Flores, sino cuál es la estructura de financiamiento o respaldo, siempre aparecieron este tipo de cosas”.

Al margen del show alentado por los medios, urge que las autoridades, por iniciativa propia, divulguen el contenido completo de las investigaciones realizadas hasta el momento y ojalá, también se incluyan las actividades de los “periodistas separatistas”, porque de haberlos, sí los hay, y permanecen con capucha.