¿Qué pasaría en nuestro país si un día se fueran todos los bolivianos? ¿Cómo quedaría nuestra economía? ¿Como sería nuestra vida cotidiana sin los bolivianos? Veamos las consecuencias: Sorpresivamente faltaría en nuestra mesa, lechuga, cebolla, pepino, ajo, zapallo, tomate, papa y toda otra hortaliza. Tampoco tendríamos frutillas, melones ni sandías. Son familias bolivianas las que en el conurbano bonaerense siembran y recogen de las chacras éstos productos que consumimos diariamente.Seguramente Chile, Uruguay y Brasil nos venderían las verduras y frutas faltantes. Las huertas que hoy trabajan los bolivianos serían cubiertas con soja.

El último censo hortícola señala que en la provincia de Buenos Aires el 40% de los productores del área hortícola son bolivianos. El 88% son arrendatarios y el 12% ya compraron su parcela. En las principales ciudades del país como Mendoza, Alto Valle del Río Negro, Neuquén, Chubut, Córdoba, Salta y Jujuy la situación se repite. El éxito boliviano en la horticultura se debe fundamentalmente a la cooperación, solidaridad y la organización para el trabajo. Logran precios competitivos porque ellos mismos llegan del productor al consumidor. Sólo hace falta meter las manos en la tierra. Sin los bolivianos en la Argentina se produciría una crisis inédita y los precios en los alimentos aumentarían impredeciblemente.

Mucho se ha dicho sobre el trabajo esclavo. Los bolivianos en nada se diferencian de anteriores corrientes migratorias que se dedicaron a los textiles: polacos, armenios, coreanos, rusos y otros provenientes de Europa. Por lo general las familias inmigrantes se auto-explotan para salir adelante: una generación se sacrifica para hacer profesional a la que sigue. Sucedió el siglo pasado con los italianos y españoles. Las grandes marcas nacionales y extranjeras utilizan la mano de obra inmigrante para sus productos, que luego venden en las mejores y más prestigiosas casas de prendas y shoppings triplicando los precios. Los trabajadores bolivianos fueron fortaleciéndose y ahora muchos ya tienen sus empresas y marcas propias. El explotado obrero inmigrante llegado del altiplano ya compró su máquina de coser, ahora tiene su pequeño negocio; sus hijos estudian y trabajan en el estampado de remeras. Sin bolivianos en la Argentina los precios de la ropa y la desocupación aumentarían significativamente.

Los contratistas de la construcción prefieren a los obreros bolivianos y paraguayos. Tal vez por su dedicación al trabajo o por su calidad profesional los empleadores dan lugar a los inmigrantes. En muchos casos empresarios inescrupulosos eluden impuestos, obra social y vacaciones; pero la realidad es que no lo hacen sólo con los bolivianos; también cuando pueden, con los obreros argentinos. A la hora de explotar no hay xenofobia. De todas maneras la movilidad social es una realidad: ya hay empresarios bolivianos en la construcción. Hoy en el Municipio de la Costa y en el de Pinamar las casas de los bolivianos se alzan a un par de kilómetros del mar, como las de los turistas porteños. Pero los bolivianos no van de vacaciones: viven todo el año. Sin bolivianos en la Argentina los precios de la construcción también aumentarían.

El mercado de La Salada preponderantemente boliviano es uno de los mayores de América Latina y cumple un papel fundamental en la economía nacional. Funcionarios de la AFIP junto a fabricantes bolivianos estudian mecanismos de integración y blanqueo de una de las mayores fuentes productivas del país. Economistas del más rancio liberalismo señalan que la economía informal, en relación a los mercados, juega un papel dinamizador en la estructura laboral y productiva argentina. Sin la producción informal boliviana, nuestra desocupación aumentaría ya que genera múltiples fuentes de empleo.

Si en la Argentina no vivieran bolivianos, no contaríamos con el compromiso por parte del gobierno de Bolivia en privilegiarnos en la venta del gas natural. El gas que consumimos en nuestros hogares (es bueno saberlo) es básicamente boliviano. A Brasil, el principal consumidor del gas boliviano, no se le vende todo lo que necesita ya que Bolivia guarda un cupo para la Argentina. A Bolivia no le conviene vender gas a la Argentina sino a Brasil y Chile, que pagan mucho más. Sólo por razones de buena vecindad Bolivia vende su gas a la Argentina a menor precio que los valores internacionales. Pero sin privilegios de ningún tipo, Argentina se quedaría literalmente sin gas natural. La energía (nafta, gas oil y gas natural) subiría a precios que llegarían a las nubes generando una espiral inflacionaria en toda la economía.

Si Argentina no recibiera a ciudadanos bolivianos, tal vez, en reciprocidad, los argentinos no serían recibidos en Bolivia. En ese caso argentinos como Eduardo Epztein y tantos otros inversores no podrían comprar miles de hectáreas de tierra a los campesinos bolivianos, como hacen en la actualidad para sembrar soja. Esta eventualidad -que argentinos ricos dejen de comprar sus campos- podría finalmente beneficiar a los bolivianos.

Podríamos concluir con un: “perdón bolivianos si los hemos ofendido”. Mejor sería: “gracias bolivianos por habernos elegido”. Y para hablar con fundamento: ¡gracias compatriotas bolivianos por darnos al primer presidente argentino! Cornelio Saavedra fue consagrado Presidente el 25 de Mayo de 1810 por la Primera Junta de Gobierno. Saavedra, nacido en Potosí, Bolivia, fue quien en 1807 organizó la triunfante defensa de la Ciudad de Buenos Aires ante las invasiones inglesas. Fue el mejor vecino de la ciudad y el más valiente.

¡Los compatriotas bolivianos no son extranjeros en la Argentina!

* Víctor Ramos, fundador del INADI y actualmente edita el periódico Mundo Villa. http://www.discriminacion.org/victor-ramos.php