El presidente ha usado dos imposturas para tomar el pelo a los bolivianos: la primera, en lugar de hacer un balance de la calamitosa situación económica del 2010 y sus consecuencias fatales para los ingresos de los bolivianos ha tomado en cuenta el promedio de los últimos cinco años de la gestión administrativa del MAS para mostrar una situación casi bonancible de la economía nacional.

No cabe duda, durante el 2007 y el 2008, debido sobre todo a los altos precios de las materias primas en el mercado mundial, Bolivia ha visto crecer considerablemente sus ingresos; sin embargo durante el 2010 esa situación favorable se revierte en una desastrosa debido al fracaso de la política hidrocarburíafera, a la caída en la producción alimentaria, al alza desmesurada de los precios de los artículos de primera necesidad. La consecuencia lógica de este proceso se expresa en el contrabando, la especulación, el ocultamiento, etc.

La otra argucia a la que recurre es a comparar el desastroso quinquenio del 2000 al 2005 con el de la administración del Estado en manos del MAS, infinitamente más favorable en el marco de la economía mundial sobre todo para los hidrocarburos y los minerales. En realidad, Morales –sin decirlo- se empeña en tapar las condiciones favorables de los precios en el mercado mundial y su incidencia en la economía nacional para tratar de mostrar la subida espectacular de los ingresos del país y la acumulación de las reservas internacionales como si fuera producto de la genialidad de los gobernantes masistas.

Sólo para mostrar el tamaño de la impostura de Morales comentamos el siguiente razonamiento que insulta a la inteligencia de los bolivianos: sostiene que en los últimos cinco años las reservas internacionales han crecido en más de 9 mil millones de dólares mientras que los gobiernos anteriores –en 150 años de vida republicana- sólo han dejado como herencia 1.500 millones de dólares; pero no dice nada o echa la culpa a otros de la millonaria deuda que ha contraído el Estado en los últimos cinco años, de las organizaciones financieras internacionales y de Venezuela que asciende a 3.564 millones de dólares y 1.300 millones de los bancos privados nacionales y de las AFPs, haciendo un total de más de 4.864 millones de deuda, que restados de los 10 mil millones no quedan como reservas efectivas más que 5.136 millones. Por otra parte, ha desarrollado la curiosa teoría de que la deuda interna es una forma de potenciar la soberanía del país porque se tiene menos dependencia de las organizaciones internacionales.

Ha sostenido que se ha producido una considerable mejora en los ingresos de los bolivianos durante el último quinquenio cuando señala que la capacidad de ahorro ha crecido y la cartera en mora de los bancos ha disminuido porque los que contraen créditos pueden pagar intereses y amortizar el capital sin ninguna dificultad.

Ha señalado que los sueldos y salarios para los sectores dependientes del Estado han aumentado como nunca en la historia del país, por ejemplo ha dicho que los sueldos del magisterio subieron en un 42% sin señalar que los precios durante este mismo período materialmente se han duplicado, fenómeno que se ha exacerbado durante el 2010.

Más allá de la interminable lectura de datos estadísticos, ha dicho que se tiene previsto la ejecución de un montón de proyectos, la construcción de aeropuertos internacionales en todas las capitales de departamento, de miles de kilómetros de caminos asfaltados, de grandes puentes en diferentes puntos del país, de hospitales de tercer nivel, de empresas productivas, etc., sin señalar concretamente el financiamiento de tan monumentales obras.

No cabe duda que el mensaje tiene la finalidad de tender una cortina de humo para tapar la desastrosa situación económica del país que condena a los bolivianos a la miseria y al atraso, para tapar la falsa nacionalización de los hidrocarburos y sus consecuencias lamentables en materia energética, la política rentista irresponsable y demagógica que cada día se convierte en un dogal que asfixia al TGN, etc. Todo este informe es contradictorio y choca brutalmente con la realidad. Es difícil seguir embriagando a los explotados con estadísticas y discursos demagógicos cuando el hambre que sienten rasga sus entrañas. Este mensaje, lejos de distraer a los hambrientos, tendrá el efecto contrario y puede terminar impulsándolos a las calles para ajustar cuentas con los demagogos.

Los explotados tienen que comprender que el destino de Bolivia -en manos de los gobierno burgueses como el de Evo Morales- está condenada a seguir soportando hambre y atraso a pesar de las coyunturas favorables del mercado mundial porque todos ellos desarrollan una política entreguista al servicio del imperialismo. La única vez que tengamos autonomía alimentaria y total soberanía para administrar nuestros recursos será cuando acabemos con la propiedad privada y la transformemos en propiedad social expulsando a las trasnacionales del país y acabando con la parasitaria clase dominante nativa.

* Profesor de Filosofía y dirigente de la Unión Revolucionaria de Maestros (URMA).