Ginebra, Londres, Bruselas y México (PL).- Los flujos de inversiones extranjeras directas (IED) hacia los países subdesarrollados sobrepasaron, por primera vez, a los de las naciones industrializadas en 2010, informó la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD). Los flujos de las IED se calculan esencialmente sobre la base de la creación de filiales en el extranjero, así como de fusiones y adquisiciones.

En la asamblea anual de la Federación Iberoamericana de Bolsas (FIAB) celebrada en septiembre de 2010 en San Salvador, el presidente de esa organización Adelmo Gabbi anunció que el valor de esas plazas en el mercado internacional creció más de un 35 por ciento. La favorable capitalización bursátil confirmó que la región continuaba en la mira de los inversores internacionales.

Gabbi informo que en ese desempeño sobresalen las bolsas de Brasil, Colombia y Chile, mientras que los índices bursátiles tuvieron un incremento de casi 24 por ciento. Consideró que esos incrementos reflejan que América Latina está de moda para los inversores internacionales, a diferencia de años anteriores cuando solo miraban hacia países europeos, asiáticos, Estados Unidos y Canadá.

Aseguró que después de la quiebra del grupo financiero estadounidense Lehman Brothers, los intereses se viraron hacia los mercados emergentes y los países latinoamericanos con buenas posibilidades de inversión.

A fines de 2010, las IED en países ricos habían descendido 6,9%, pese a la recuperación en Estados Unidos, donde la IED subió 43,3% y computó 186 mil millones de dólares, un nivel bajo comparado con los 324 mil millones de dólares de 2008. En Europa las inversiones extranjeras retrocedieron cerca del 20%, hasta 289.800 millones de dólares, precisó la UNCTAD.

Por su parte, la IED en China superó en unos mil millones de dólares el umbral de los 100 mil millones de dólares. China tambien clasificó como el quinto mayor inversionista del mundo con 56.530 millones de dólares en 2009, 1,1 más que en 2008. Al cierre de 2009, 13 mil empresas chinas tenían inversiones por más de un billón de dólares en 177 países de Asia-Pacífico, Europa y Africa.

En 2010, África se registró una caída de la IED del orden del 14,4%, hasta solo 50.100 millones de dólares. Mientras tanto, Latinoamérica concentró el 21,1% del flujo inversionista con un monto de 141.200 millones.

México fue el país latinoamericano más atractivo para la IED durante 2010, al pasar en un año de 12.700 millones de dólares a 19.100. Según la UNCTAD, este incremento equivale al 52,9%, ocho puntos porcentuales por encima de los resultados de naciones como Perú (44,7%) y Chile (43,4%).

La UNCTAD reiteró su pronóstico de que la inversión externa para el desarrollo global subirá entre 1,3 y 1,5 billones de dólares este año, con un crecimiento más fuerte retenido por la recuperación económica desigual, el proteccionismo de las inversiones, la volatilidad monetaria y las preocupaciones de la deuda soberana.

La economía en 2011

La ONU señaló recientemente que la recuperación global está perdiendo fuerza, pues el avance es insuficiente para recuperar en los próximos dos años los millones de empleos perdidos desde el inicio de la coyuntura recesiva. Advirtió que la debilidad de los países desarrollados, el bajo crecimiento de Estados Unidos y la crisis de deuda europea, agravan aún más la situación internacional.

En épocas de recesión el estímulo fiscal es esencial para impulsar el crecimiento de la economía. Sin embargo, ese presupuesto está en completa contradicción con los severos planes de ajuste impulsados principalmente por gobiernos europeos, con el pretexto de combatir elevados déficit fiscales. En Londres, el Foro Económico de Davos admitió la posibilidad de que continúen las declaraciones de insolvencia financiera por algunos países en 2011.

El club de los ricos del mundo, integrado por empresarios, magnates, banqueros y otros ejecutivos, debatirá del 26 al 30 de este mes su informe anual Riesgos Globales 2011, en el que también se reconocen como amenazas los ajustes en el suministro de recursos básicos como alimentos, agua y energía, con problemas que se acentuaron como resultado de insuficiente inversión en infraestructura.

Daniel Hofmann, economista jefe de Zurich Financial Services, quien contribuyó a la elaboración del informe, dijo que las políticas fiscales son insostenibles en la mayoría de las economías industrializadas. Se admite entre los riesgos la crisis de deuda y las posibilidades de cesaciones de pagos, así como la incapacidad de gobiernos de encarar eventuales impactos adversos.

La debacle financiera agotó todas las capacidades del mundo para enfrentar los choques, advierte el Foro apenas dos semanas antes de su reunión en la tradicional sede de la localidad turística de Davos, en Suiza. Según el texto, los desequilibrios económicos y las deudas sin respaldo financiero son el semillero de potenciales crisis fiscales y monetarias, que exigirán acciones coordinadas para controlarlas.

Citado por BBC Mundo, el director de Predicciones Globales de la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist, Robert Ward, habló de un enfriamiento del panorama económico. Calcula que aunque en 2010 el crecimiento fue de 4,6 por ciento, en 2011 será de 3,7, pero sin descartar la posibilidad de una doble recesión.

La Comisión Europea (CE) calculó recientemente que el avance de la Eurozona se ralentizará 1,5 puntos en 2011, en la medida que los gobiernos disminuyan sus gastos. Estimó una reducción del déficit fiscal en los próximos dos años y un aumento de la deuda soberana.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, opinó que tanto la Unión Europea (UE) como Estados Unidos necesitan un relanzamiento económico en lugar de abundar en la vía de austeridad, que retrasará la salida de la crisis. Insistió en la importancia de potenciar la inversión en sectores como educación, sanidad, investigación e infraestructuras, y recalcó la importancia de trabajar por una mayor regulación del sistema financiero, para frenar la especulación de los bancos.

Stiglitz estimó fundamental un nuevo sistema mundial de reservas o una generalización del dinero del Fondo Monetario Internacional (FMI) (los llamados derechos especiales de giro, o DEG). De esa forma los países pobres no tendrán que inmovilizar cientos de miles de millones de dólares para protegerse de la volatilidad global, y ese dinero se sumaría a la demanda agregada del orbe.