El reciente descubrimiento de 69 obreros santiagueños que trabajaban en terribles condiciones para la empresa Nidera en una localidad de San Pedro, ha abierto el debate. Estos trabajadores se empleaban en el desflore de maíz, actividad que tradicionalmente recluta fuerza de trabajo entre los desocupados de Santiago del Estero y la emplea en condiciones de extrema explotación capitalista. Las mismas son, como han ilustrado algunos medios, deplorables. Sin embargo, ni Nidera, ni la actividad del desflore de maíz constituyen una excepción.

La misma realidad se repite en otros lugares del país donde los santiagueños realizan tareas rurales, como, por ejemplo, en la cosecha del arándano. Carentes de fuentes de empleo en su provincia de origen, los obreros santiagueños se ven obligados a migrar a otras zonas del país para proveerse un ingreso.

El desflorado, hoy la principal actividad dentro de su circuito migratorio, consiste en quitarle la flor a la planta de maíz, para evitar que se contamine. Se realiza antes de la cosecha, entre los meses de octubre y marzo, y requiere gran cantidad de mano de obra. El objetivo es la producción de semillas híbridas, que se destinan, mayoritariamente, a la exportación. La producción de semillas híbridas es una actividad relativamente nueva, que se halla en ascenso desde la década de 1980 y que recibió un nuevo impulso con el auge de los biocombustibles.

A comienzos de la década de 1990 existían unas 30 empresas de mejoramiento genético (criaderos) y unas 500 multiplicadoras de variedades (semilleros), con un predominio, en ambos casos, de las empresas transnacionales.

El desflore de maíz comienza en octubre en el norte de Santiago del Estero, Catamarca y Salta, donde se extiende hasta noviembre. Sólo en la zona de Santiago y Catamarca pueden emplearse hasta 3000 personas, según Manpower, una compañía de trabajo eventual. Desde mediados de diciembre y fines de marzo la tarea se traslada a la provincia de Buenos Aires (Pergamino, Rojas, Junín, Venado Tuerto, San Nicolás), sur de Santa Fe y Córdoba (Villa María principalmente). En la zona núcleo llegan a emplearse 5000 personas, también según datos de la empresa contratista mencionada, casi todos migrantes santiagueños.

Manpower es una de las principales empresas que se encarga de reclutar trabajadores para la actividad. Tiene oficinas en Santiago del Estero, y desde allí se pone en contacto con los cabecillas, quienes se encargan de juntar a los peones golondrina, y con el capataz general, quien coordina las cuadrillas. Cada cabecilla recluta 15 personas, por lo tanto, considerando al cabecilla y al cocinero, se arman cuadrillas de 17 personas. El capataz general tiene a su cargo 15 cuadrillas. Los trabajadores son trasladados en micros, previo chequeo médico, y acampan en la zona hasta que termina el desflore que, según el lugar, dura entre 20 y 30 días. Cuando la actividad termina en una zona regresan a la ciudad de origen y permanecen allí hasta que son llamados para trasladarse a otra de las provincias del circuito.

Los obreros del desflore cumplen jornadas de entre 10 y 12 horas y prácticamente no cuentan con días de descanso. Las empresas a veces les conceden los domingos, pero por lo general los trabajan, al igual que los feriados. Los días de lluvia también son laborables si la actividad lo requiere. Por otro lado, dadas las elevadas temperaturas a las que se ven sometidos y a la carencia de agua fresca, muchas veces sufren desmayos en medio del campo.

Asimismo, el trabajo excesivo ha causado, en más de una oportunidad, la muerte de obreros por paro cardíaco. Los obreros también nos han referido el caso de trabajadores que fallecieron al ser interceptados por rayos, cuando eran obligados a trabajar bajo la lluvia. Las picaduras de víboras y los cortes en los ojos con las mismas hojas del maíz debido a que carecen de zapatos apropiados y antiparras para protegerse son accidentes comunes.En algunas zonas, como en la provincia de Córdoba, cuentan con casillas fijas, pero lo habitual son los campamentos con casillas rodantes para 18 personas.

El capataz general es el único que tiene la suya propia. No cuentan con electricidad ni baños. Mientras dura la actividad deben permanecer en el campamento, no tienen permitido salir siquiera cuando ha terminado la jornada. En cuanto al salario, los trabajadores terminan percibiendo menos de lo que las empresas dicen que les van a pagar. Cobran entre 55 y 60 pesos diarios. Asimismo, la paga final resulta inferior a lo pautado ya que muchas veces les descuentan lo que consumen en la proveeduría del lugar.

Por otro lado, los obreros resultan estafados en cuanto a la cobertura de salud, pues les exigen haber trabajado tres meses seguidos en la actividad para poder hacer uso de la obra social. Así, aun si las empresas pagaran por ese beneficio, los trabajadores no podrían utilizarlo, pues nunca se los emplea el tiempo mínimo necesario. Sin embargo, como en el caso de Nidera, la empresa les descuenta igual. Aun cuando la ley se cumple, el obrero se encuentra desprotegido.

Lo mismo ocurre con la jornada laboral: el nuevo Estatuto del Trabajador Rural, sancionado el año pasado, habilita que la jornada de trabajo se extienda “según la naturaleza de la explotación y los usos y costumbres”. El mismo estatuto habilita también otras divergencias con las pautas generales que rigen la Ley de Contrato de Trabajo. De esta manera, también en el plano legal, los obreros rurales son hoy obreros de segunda, con derechos devaluados.

¿De qué van a vivir los santiagueños que fueron enviados de regreso a su provincia? En ausencia de un verdadero subsidio al desempleo que les garantice su subsistencia, seguramente ya se encuentran en busca de un nuevo empleador que difícilmente les provea mejores condiciones de remuneración. No son esclavos, sino obreros empujados a aceptar la explotación por el hambre y la miseria, y no por formas de coacción extraeconómica como ocurría durante el esclavismo o la servidumbre.

Por ello, una solución parcial a sus problemas estaría dada por el mejoramiento de sus condiciones de trabajo y no tanto por el cercenamiento de sus fuentes de empleo. Para ello, resulta indispensable, por un lado, el control de las empresas semilleras que, por su grado de concentración, es sencillo de efectivizar; por otro, la revisión completa de la ley que reglamenta su actividad.

La vida endos distritos santiagueños

En octubre pasado hemos visitado las localidades santiagueñas de Añatuya, Canal Melero, Quimilí y Los Juríes. Presentamos aquí una descripción de la vida en las dos primeras localidades. En el caso de Añatuya nos concentramos en El Triángulo y Campo Rosso, dos de los barrios más pobres. Aunque en la mayoría de los casos las familias cuentan con animales y cultivos, éstos no aseguran la subsistencia del grupo. Por ello, los hombres se emplean en las cosechas como obreros temporarios, producen carbón y ladrillos a destajo y cuentan con planes sociales. Este último también es el caso de las mujeres que, además del plan Jefas de Hogar, suelen recibir el subsidio de madres de más de siete hijos.

Añatuya se encuentra a 200 km de la capital provincial santiagueña y es la ciudad cabecera del departamento General Taboada. Al 2001, según datos del INDEC, contaba con 20.261 habitantes. Los barrios El Triángulo y Campo Rosso son uno de los más precarios: casas de ladrillo, con techo de paja y chapa, o ranchos de adobe. En algunos casos, los baños están construidos fuera de las casillas. Casi todos tienen gallinas, algunos cabritos, chivas, chanchos. También se ven, en casi todos los casos, hornos de barro donde elaboran carbón. Algunas viviendas no cuentan con agua de red, por lo tanto, los pobladores juntan agua en bidones de algún canal cercano. La situación es similar a 20 km de Añatuya, en el paraje Canal Melero que, aunque debe su nombre al canal cercano, al momento de visitar el lugar los aljibes se encontraban vacíos por falta de abastecimiento de agua, contando sólo con 3 horas de suministro al día. Por lo tanto, dadas las características del paraje, sólo es posible sembrar una vez al año. Además, deben pagar para utilizar el agua del canal para riego. Les cobran 15 pesos por hectárea y les dan una hora para regar; sin embargo, debido a la sequedad de los suelos el tiempo otorgado no es suficiente y terminan pagando el doble. Por lo tanto, si cuentan, por ejemplo, con 3 hectáreas de tierra deben pagar por 6. La mayoría de los cultivos sirven de forraje a los animales. Por la falta de agua no se siembran calabazas u otros alimentos.

La crianza de animales se ve dificultada no sólo por la escasez de agua, sino también por la falta de cultivos que, como el maíz, hacen las veces de alimento. Algunas organizaciones no gubernamentales, como INCUPO (Instituto de Cultura Popular) brindan cursos de capacitación a los pobladores y los instruyen, por ejemplo, respecto al modo en que pueden alimentar a sus animales por medio de la fabricación de un alimento balanceado casero. Sin embargo, no es capacitación lo que les hace falta a los pobladores. Al respecto dice un entrevistado tras la charla del INCUPO: “Tenemos conocimiento de todo ese trabajo que nos están asesorando ahora. Tenemos conocimiento, pero desgraciadamente nos faltarían máquinas para hacer, nada más. Eso nos falta.” (1)

Los escasos animales que poseen les sirven como medios de subsistencia, pero no son, como veremos, el principal sustento. Algunos venden cabritos y chivas: “Yo tengo animalitos, chivas, cabritos, llevo a Añatuya a vender y con eso voy tirando. Autoconsumo también, y así.” (2) Pero es evidente que la escala de producción y lo obtenido por la venta está lejos de garantizar la reproducción de una familia entera: “Aquí los cabritos los estoy vendiendo a 10 pesos y llevando a Añatuya lo estoy vendiendo a 12. A veces en un mes estoy vendiendo 10 cabritos, 5.” (3) Lo que supone un ingreso mensual de 100 pesos mensuales en el mejor de los casos. Otros consumen y venden huevos de gallina.

El chagas es una de las enfermedades más comunes entre los pobladores. Transmitido por la vinchuca, el parásito se instala en la sangre de la víctima y afecta principalmente el corazón. Se trata de un insecto que pica de noche, pues durante el día se refugia del calor en los techos de paja de los ranchos; no distingue edades, muchos chicos son chagásicos. Debido a esto, muchos santiagueños cobran una pensión por invalidez de 500 pesos, que en la mayoría de los casos representa el único ingreso fijo: “Acá es una pobreza, una tristeza. Gano 500 pesos, no me queda para nada. Yo gasto mucho por mi enfermedad, tengo asma, y ahora parece que tengo el problema del corazón grande. A veces yo no tengo nada, yo les miento a ellos [mis hijos], que tengo para comer, a veces no tengo nada.” (4)

Pero no sólo el chagas enferma; en el monte santiagueño algo tan simple de resolver como una apendicitis puede costarle la vida a quien la padece o dejarlo incapacitado para trabajar. En efecto, aunque algunos parajes cuentan con postas sanitarias, no poseen insumos ni personal y lo mismo sucede con el recientemente inaugurado hospital de Añatuya. Por ello, para recibir una atención medianamente adecuada, los enfermos deben trasladarse a Santiago, corriendo el riesgo que implica atravesar, enfermo, un trayecto que demanda más de 2 horas.

Ladrillo, carbón y planes sociales

Los pobladores tienen algún cultivo y poseen chivos y gallinas. Pero no llegan a obtener más que 100 pesos mensuales por la venta de estos animales, cuando los entrevistados informan que sus gastos en proveeduría alcanzan los 1000 pesos mensuales. ¿Cómo cubren el resto? Con su principal fuente de sustento: el trabajo asalariado y los planes sociales gubernamentales.

En primer lugar, cabe destacar que todos nuestros entrevistados varones trabajan o han trabajado en el desflore de maíz; en cuanto a las mujeres, todas tienen algún familiar que trabaja en la actividad que, como hemos mencionado en anteriores artículos, emplea a grandes contingentes de obreros santiagueños. (5) Debido al peso que esta actividad tiene, en Canal Melero las mujeres festejan todos los años solas las Navidad, pues los hombres están siempre en el desflore.

Otra actividad es la fabricación de ladrillos y carbón. El trabajo en el carbón consiste en cortar y juntar la madera de los árboles, monte adentro. La leña recogida se pica con motosierra y es trasladada a los hornos con la zorra (plancha de madera con ruedas tirada por una mula). Salen a las 6 de la mañana y regresan a las 2 de la tarde. Esta tarea no les deja, sin embargo, demasiado dinero:

“En el resto del año se hace carbón. Es muy poca la venta pero no hay otra cosa que trabajar. Para poder vivir, subsistir, hacemos carbón. La mayoría vivimos así, haciendo carbón. De abril para adelante ya empezamos a trabajar el carbón, porque ya no podemos sembrar, se viene el frío, no hay otra cosa que cultivar, y bueno, vivimos así. Vendemos carbón, por ejemplo 5 mil, 6 mil kilos y con la plata que hacemos compramos la mercadería para el mes, 3 paquetes de azúcar, un bolsón de fideos de 5 kilos, 2 bolsas de harina, una caja de grasa, y así. Eso para el mes, y el mes siguiente lo mismo. Y ahora para llegar al mes tenemos que gastar 1.000 pesos, con todo lo que han aumentado las cosas. Y a veces no llegamos, no nos alcanza. Se trabaja mucho, todos los días hay que estar, haga calor, no haga calor, frío, hay que estar lo mismo, porque si no, no se puede vivir aquí.” (6)

Los ladrilleros y carboneros son asalariados que al igual que los cartoneros trabajan a destajo para quienes les compran su producción, cobrando por la cantidad producida a una tarifa fijada por quien aparece como su cliente:

“La mayoría hacemos carbón y lo vendemos. Ahora no vienen los compradores como antes, no lo podes vender. Son 250 pesos por tonelada. El trabajo en el carbón es un trabajo muy pesado. Para llenar un horno tardamos una semana, poniéndose todos los días. Cuanto más grande es el horno más tiempo lleva. No tenemos un comprador fijo.” (7)

En el mismo sentido, otro entrevistado comenta: “Yo tengo que sacar, para un horno, 12 viajes, con 12 viajes tengo que llenar. Con 12 viajes de leña yo estoy sacando 1.300, 1.400 kilos. Son 300 pesos, casi 300 pesos, más no.” (8) La confección de ladrillos también es recurrente y, al igual que sucede con el carbón, deja muy poco dinero:

“Mi marido hace ladrillos, sufre del corazón, tiene Chagas, no sirve para trabajar. Hace ladrillos, con mi hijo mayor van, en la ladrillería de la intendencia. Tiene que pagar la leña, el peón, hay que comprar todo, y poca ganancia le da. Los ladrillos se venden, pero así como se venden no le queda, ¿la leña cuánto nos sale? Y el agua es la mortificación.” (9)

Piqueteros

Ahora bien, lo cierto es que el único ingreso fijo que estas familias perciben proviene de los planes sociales gubernamentales: en todas las familias hay un beneficiario/a del plan jefas/jefes ($150) o alguna mujer que percibe el plan madre de 7 hijos ($700), o algún chagásico que cobra una pensión por invalidez ($500):

“Antes era más brava nuestra situación que ahora, por ejemplo ahora, mi señora tiene la pensión de la madre de siete hijos. Con eso compramos mercadería. Antes no, antes no teníamos nada. Después tenés el plan jefas y jefes de hogar, y bueno, con eso vamos tirando. Si no hubiéramos tenido eso no hubiéramos estado vivos, pienso yo que no estaríamos acá.” (10)

Todos estos planes y subsidios no han sido otorgados por el gobierno gratuitamente, sino que son producto de la lucha que la clase obrera desocupada viene dando hace 10 años. Como miembros de esa clase, los obreros santiagueños se han visto beneficiados por aquellas luchas. Ni el MOCASE ni las ONG como el INCUPO con sus proyectos cooperativistas y sus planes de capacitación, han podido mejorar las condiciones de vida de estas familias. El movimiento piquetero lo hizo.

De esto se deduce que sólo nucleándose con el resto de su clase podrán mejorar sus condiciones de existencia. La organización de los obreros del arándano y del limón, por tomar sólo dos ejemplos, muestra cómo pueden conseguir simultáneamente mejoras en sus condiciones laborales y planes especiales -interzafra- para el período en que se encuentran desocupados. Pero para ello es necesaria la decisión política de construir en Santiago una alternativa al cooperativismo agrario.

Notas:

1 Poblador de Canal Melero, entrevista en poder de la autora. Octubre 2009.2 Ídem. 3 Ídem. 4 Pobladora barrio El Triángulo, entrevista en poder de la autora. Octubre 2009.5 Desalvo, Agustina: “Los obreros del agro santiagueño en el desflore de maíz”, en El Aromo, nº50, 2009.6 Poblador de Canal Melero, entrevista en poder de la autora. Octubre 2009.7 Ídem.8 Ídem.9 Pobladora del barrio El Triángulo, entrevista en poder de la autora. Octubre 2009.10 Poblador de Canal Melero, entrevista en poder de la autora. Octubre 2009, resaltado nuestro.

* Socióloga, fuente: CONICET-CEICS-Razón y Revolución.