Preguntarse si ha llegado a su fin el ciclo de transformaciones políticas y económicas que ha desplegado Evo Morales en sus primeros seis años de gobierno, después del “gasolinazo” impuesto por las petroleras, el 26-XII-10, el más severo que se recuerde en la historia del país, es, por lo menos, complicado.

En efecto, ¿cómo podría agotarse tan rápidamente el régimen que ha rescatado la autoestima de pueblos oprimidos al cabo de siglos de colonialismo interno, lo que ha permitido dictar la ley contra el racismo y una norma educativa que elimina la discriminación étnica, complementada con el ingreso de cadetes indígenas al Colegio Militar, sin olvidar que ha derrotado al separatismo de la “Nación Camba” y afirmado la presencia de las FFAA en las fronteras? ¿Después de nacionalizar los hidrocarburos (el 01-05-06), aún cuando la medida hubiera sido desvirtuada? ¿Después de avances estatistas en minería, como la instalación de una planta de carbonato de litio, otra planta hidrometalúrgica de cobre, ampliado el ingenio minero de Huanuni, así como la fundición de estaño de Vinto y creado la Empresa Boliviana del Oro (EBO), que permitirá rescatar el precioso metal de la depredación privada?

Lo que ocurre es el que el “gasolinazo” ha generado el sentimiento de que las petroleras han recobrado el dominio del país y que su exitosa oposición a la reorganización de YPFB, les está deparando inimaginables resultados. El “gasolinazo”, pese a que fue abrogado de manera temporal, hizo evidente la incapacidad de Evo para detener el contrabando de carburantes por todas las fronteras y que, si quiere impedirlo, mediante la vigencia de precios internacionales, perderá su popularidad. El “gasolinazo” ha puesto en evidencia la debilidad del gobierno para llevar gas a los yacimientos de hierro del Mutún, a fin de viabilizar la industria siderúrgica. El “gasolinazo” ha recordado que el yacimiento de plata, zinc y plomo de “San Cristóbal”, en Potosí, produce, gracias a la gestión de George Soros, una utilidad anual de mil millones de dólares y tributa 35 millones, en tanto que las reservas monetarias están sirviendo para el gasto corriente y no para proyectos estratégicos. “El “gasolinazo” ha demostrado, asimismo, que las transnacionales mineras y petroleras, así como los banqueros, el FBI, el Banco Mundial y el BID, se hallan íntimamente articulados y que si alguno de ellos logra penetrar en las murallas defensivas de un régimen, permite el ingreso de todos los demás.

No es casual que la ciudad de “El Alto”, luego de provocar, el 2003, la fuga del neoliberal Sánchez de Lozada, aprobara la “Agenda de Octubre”, en cuya esencia plantea la nacionalización del gas y del petróleo. El avance ideológico de las empresas se demuestra al observar que el periódico oficialista “Cambio”, del 10-01-11, publica la opinión de dos expertos que reflejan los intereses petroleros: Alvaro Ríos, de “Gas Energy Latin América”, y Bernardo Prado, de “Hidrocarburos Bolivia”, quienes sostienen que la única manera de resolver los problemas energéticos del país es a través de una nueva ley del sector y de nuevos contratos que eliminen las restricciones a los intereses foráneos. “Cambio” no suele difundir textos que faciliten la entrega de recursos naturales.

Si las petroleras alcanzan sus objetivos, el proceso que lleva adelante Evo Morales habrá llegado a su fin y que no quedará otro camino que pugnar por reabrirlo. Ese proceso comenzó con Tupaj Katari, continuó con Belzu, Busch, Villarroel, Ovando y Torres y el MNR lo traicionó, al permitir que la Gulf, las empresas mineras de Sánchez de Lozada, el FMI, el BID y el Banco Mundial penetraran en el torrente sanguíneo de la Revolución del 9 de abril de 1952.