Es un país africano vecino de Egipto. El norte, musulmán y el sur cristianizado y animista. Entre una región y otra hubo confrontaciones por motivos de fe. Oscuros intereses aprovechan la beligerancia y ahora mediante un referéndum se decide -muy democráticamente y en las urnas- si la patria se preserva o se suicida. El señuelo es la Independencia.

Consiguiéndola creen los separatistas que “el sol asomará -al día siguiente del escrutinio- cuadrado”. Los suramericanos sabemos que no es así. Por eso es que Kwame Krumah -líder e ideólogo- que fuera Presidente de Ghana expresa “Prefiero que mi país sea la última república de una África unida antes que la primera de una Africa desmembrada”. Como Bolívar ara en el mar y hoy el continente negro es un archipíélago de Estados raquíticos y empobrecidos. Los africanos no aprenden la lección y los sudaneses optarán por la fisión antes que por la fusión. Los imperios la convertirán -y muy pronto- al nuevo Estado en factoría petrolera.

Los procesos de desmenuzamiento -lo explica Ortega y Gasset en “España invertebrada”- se nutren de particularismos. Añado que éstos son activados por los imperios. EEUU defiende su integridad -“con dientes y muelas” con una Guerra Civil encabezada por Lincoln. Sin embargo, impulsa la escisión de la provincia colombiana de Panamá. El Reino Unido convierte a Honduras Británica en República de Belice. En torno a 1810 fomenta la fragmentación de las provincias ibéricas del Nuevo Mundo. Su meta -frustrada por la Operación Rosario- es el montaje de la Falkland Island Republic con 1.500 kelpers. En los 70 Timor Oriental por motivos lingüístico y confesionales se escinde de Indonesia. ¿Acaso ya olvidamos la pulverización de Yugoslavia? Por tal motivo no se logra comprender el beneplácito brindado por La Habana y Caracas a los etarras y la simpatía en Cuba y Venezuela por el indigenismo. Por ese motivo -con Andrés Soliz Rada- se deplora lo de Sudán.

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Centro de Estudios Chilenos (CEDECH)