Argel, (PL).- La crisis detonada por las prolongadas manifestaciones populares en Túnez bordea el caos hoy, apenas horas después que el presidente Zine El Abidine Ben Alí prometiera rebajas de precios de la canasta básica. Ben Alí tuvo que abandonar el país y asumió el primer ministro Mohammed al Ghannoushy, reportaron las cadenas Al Arabiya y Al Yazira.

El anuncio presidencial es el segundo sobre temas acuciantes, como el desempleo y la rampante corrupción administrativa, otras de las razones detrás de un mes de protestas sociales que se extendieron desde el interior hasta la capital tunecina.

El gobierno de Argelia abarató en 41 por ciento los precios del azúcar y del aceite comestible, intentando aplacar las protestas populares por el alza de precios de los alimentos, que hasta el 9 de enero provocaron tres muertos y más de 300 heridos. El ministro argelino del Interior Daho Ould Kablia confirmó el fallecimiento de tres jóvenes en M´Sila, Tipasa y Boumerdes.

El Consejo de Ministros acordó acabar con el monopolio parcial del azúcar en el mercado local, y suspendió de manera excepcional las tarifas aduaneras (cinco por ciento) y el Impuesto al Valor Agregado (17 por ciento) para la importación de azúcar blanco del 1 de enero al 31 de agosto de 2011. Esas medidas reducirían en 41 por ciento el precio del azúcar y del aceite, los principales detonantes de los disturbios registrados desde mediados de la semana pasada en Argel y en otras 18 provincias del país.

Ben Alí prometió a inicios de semana la creación de 300 mil puestos de trabajo e investigaciones sobre denuncias de corrupción administrativa, pero las promesas fueron ignoradas por los manifestantes.

Las acciones se sucedieron durante toda la mañana de hoy en el centro metropolitano a pesar del toque de queda, de las 21:00 a las 06:00 decretado el martes pasado. El Gobierno decidió la víspera terminar la presencia del Ejército en puntos candentes capitalinos, pero aumentó la custodia de dependencias vitales, en especial el Ministerio del Interior, protegido por miembros de los cuerpos de elite con armas largas.

Mientras, diversas fuentes aludieron al incremento de la relación de víctimas mortales, que el Gobierno sitúa en 23, pero entidades sociales y sindicales, apoyadas en medios hospitalarios, afirman que superan las seis decenas y sigue creciendo.

Se estima que medio centenar de personas han muerto ya en Túnez en violentas protestas sociales por al alto nivel de desempleo. Los disturbios y saqueos de establecimientos comerciales se extendieron a localidades del centro y el norte del país, en especial a Kaserín y Thala. El 12 de enero el gobierno tunecino impuso el toque de queda en la capital Argel.

Las protestas contra el Gobierno de Ben Alí asombran por su magnitud y coordinación a pesar de que ningún partido ni organización ha salido a la palestra como portavoz de los manifestantes.

Hasta ahora, la voz cantante en las declaraciones sobre la crisis la tiene la Unión General de Trabajadores, que muestra un apoyo implícito a las reivindicaciones, pero sin reivindicar liderazgo.

Además de la magnitud de las protestas, inéditas en este país desde su llegada a la independencia, el Gobierno de Ben Alí enfrenta ahora un serio problema: la salida en masa de los turistas, aconsejada por agencias de viajes y embajadas por razones de seguridad, acorde con informes de fuentes internacionales recogidos aquí.

El presidente Zine El Abidine Ben Alí destituyó al ministro del Interior y prometió adoptar medidas contra la corrupción administrativa, además de crear 300 mil empleos, en un esfuerzo por contener la movilización social, pero las protestas callejeras prosiguieron. Se trata de la mayor crisis que enfrentó en sus más de dos décadas de ejercicio del poder.

Nuevo gobierno

Ben Alí partió hoy rumbo a Malta, aunque otros reportes afirmaron que su destino es Francia. En un discurso televisado, el jefe del gabinete anunció que se ocupó de las responsabilidades de Ben Alí, pero como presidente interino y hasta la celebración de las anunciadas elecciones anticipadas.

Al Ghannoushy prometió respetar la Constitución y restablecer la estabilidad en el país, que sufrió severas jornadas de disturbios, aunque para algunos medios de prensa él es un elemento de continuidad y no de ruptura.

“Fue él quien anunció días atrás la destitución del ministro del Interior tras las condenas internacionales posteriores a la represión a las protestas. Y fue él la voz oficial ante los medios mundiales”, recuerdan esos órganos.

La televisión del Estado indicó que los militares se responsabilizaron con la seguridad pública, en lugar de la policía, y tomaron el control del aeropuerto capitalino, el principal de Tunez, cuyo espacio aéreo fue cerrado.

Apenas horas antes de su salida del poder, el mandatario anunció que convocaría a elecciones legislativas en un plazo de seis meses, pero las promesas resultaron superadas por la crisis y las demostraciones callejeras que concluyeron con su mandato.