El primero de enero pasado se cumplieron 17 años de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), fecha que para la mayoría de los mexicanos pasó desapercibida. Y es que no es motivo de celebraciones, más bien de repudio a una acción del gobierno mexicano que llevó al desmantelamiento de la planta industrial y con ello la pérdida de miles de fuentes de trabajo, agudizando la pobreza; e, igualmente grave, que se haya perdido la soberanía alimentaria con un campo destrozado.

Alejandro Villamar, integrante del Consejo Ejecutivo de la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC), destaca que “después de 17 años no conozco gente cuerda que en este momento diga que el gobierno tenía razón. Hoy ya no les da miedo a los industriales decir que les ha ido como en feria, que han perdido sus negocios, que se han cerrado empresas, que se han destruido empleos”.

Es vergonzoso que hoy seamos importadores del 46 por ciento de todos los alimentos que consumimos en este país; es vergonzoso que estemos produciendo sólo 20 millones de toneladas de maíz e importando otros 12 millones de toneladas de maíz a precios subsidiados y con ello destrozando la economía de campesinos e indígenas. “Y después se espanta el gobierno de que la gente, al no tener con que vivir en el campo, busque mejorar yéndose a las ciudades o hacia el norte exponiendo aún su vida”, manifestó Villamar. Por su parte Alberto Arroyo Picard, investigador de la UAM y miembro también del Consejo Ejecutivo de la RMALC, afirma que “detrás de la propaganda de aumento de las exportaciones y de la inversión directa de nuestro país se pretende ocultar que dichas ventas al exterior están cargadas de importaciones previas, lo que ha llevado a la desintegración de las cadenas productivas y a la desnacionalización de nuestra planta productiva. Con el TLCAN México no se ha convertido en una potencia exportadora, sino en el lugar desde el que exportan las transnacionales”. No obstante el fracaso del TLCAN, pues no ha logrado sus objetivos, en la reunión de este lunes 10 de enero en la ciudad de México, la Comisión de Libre Comercio del TLCAN insistió en las supuestas bondades y beneficios de ese tratado comercial. El secretario de economía de México, Bruno Ferrari, el embajador Ronald Kirk, representante comercial de Estados Unidos y el ministro de comercio internacional de Canadá, Peter Van Loan, argumentan que la apertura de fronteras y la eliminación de las regulaciones al comercio y las inversiones, son los principios que deben profundizarse para hacer más competitiva la economía de América del Norte. Incluso afirman que el TLCAN es el “catalizador para nuestra recuperación económica”. Parecen olvidar que el modelo económico en que se sustenta dicho tratado, es precisamente el que ha provocado la crisis global que padecemos. Para la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC) son 17 años en los que se ha demostrado la falsedad de las promesas que hicieron los gobiernos cuando firmaron y quisieron convencer a la ciudadanía de que el TLCAN era la solución de México para llegar al primer mundo, para tener mejores salarios, mejores empleos, mejores capacidades industriales, etcétera. Casi, casi el paraíso. * Aún cuando el TLCAN ha significado una integración subordinada de México a la economía estadounidense y ha representado la pérdida de soberanía nacional, el actual gobierno insiste no sólo en profundizarlo, sino en reanimar el Consejo de Competitividad de América del Norte (NACC por su siglas en inglés), integrado por las cúpulas empresariales de los tres países y conformado en el marco de la Alianza para la Seguridad de América del Norte (ASPAN). Para la Secretaría de Economía de México es muy importante contar “nuevamente con recomendaciones consensuadas de los sectores privados de la región”. Es decir, contar con las directrices de las grandes empresas transnacionales y de 10 grandes empresarios mexicanos que se les asocian para definir la política nacional. Esta petición del gobierno mexicano refleja su necedad entreguista. El gobierno no es capaz siquiera de adoptar medidas de sanción efectivas en el diferendo sobre el autotransporte transfronterizo de carga. Al contrario, se muestra dispuesto a aceptar la propuesta norteamericana de un “programa piloto” (que no está considerado en el TLCAN) con inspección y supervisión a gusto del gobierno estadounidense. Por tanto, para la RMALC, es hora de que la ciudadanía, toda junta, expresemos nuestro rechazo a ese tipo de situaciones. Es hora de defender y rescatar a la Nación. * La RMALC ha publicado periódicamente balances que muestran los efectos negativos del TLCAN sobre la mayoría de los mexicanos; se pueden consultar en la Sección de Libros en la página www.rmalc.org.mx