En los días del turbulento gasolinazo, me tocó un minibus entre Tiquipaya y la ciudad de Cochabamba. El viaje estuvo cargado de agrias fricciones con el conductor cada vez que se tenia que desenfundar un monedero. Durante el recorrido, los pasajeros, casi todas mujeres, no escatimaron palabras para expresar sus enojos. “Estos choferes se están aprovechando, si estas movilidades funcionan solo con garrafa” “¿Por qué están subiendo tanto el pasaje?”

Y en una lluvia de ideas, del gasolinazo zarparon a otros temas: “- El Evo ya ha decretado un aumento para los militares, ellos están contentos, no van a hacer nada”. – “Los que tiene trabajo van a poder aguantar y los que no?” “Este gobierno esta peor que el Goni”. – “Sería que los de El Alto se levanten” – “Pero en El Alto hay harto masista”. –“Pero la gente ya se va a cansar”

“- Y ahora todo va a subir – “Y encima, la sequía” –“Yo pensaba que la falta de lluvia era un castigo de Dios, como el Evo no cree en Dios”. – “Hasta al padrecito lo han hecho disculpar”(se refiere a Monsenor Tito Solari)– “Y ese otro señor? – El que ha golpeado el auto del Evo, pues. – Tanto se ha disculpado, igual nomás. Abusivo se ha vuelto el Evo”.

Aquella acalorada charla aparecía como un buen termómetro político de Evo y su gobierno. Más allá del desafortunado gasolinazo, se sumaban al rosario, una serie de cuentas que expresaban la sensación de frustración ante la arbitrariedad con la que se maneja el gobierno. Asomaba el espectro del desencanto con un Presidente a quien percibían que el poder lo había transformado. Asomaba la perplejidad ante un gobierno cuyas pluri-multi políticas diferían poco de las recetas neoliberales.

Aunque hoy el gasolinazo es noticia resfriada, esta mini-asamblea me vino a la memoria al escuchar al vicepresidente argüir que la violencia solo provenía de pandillas contratadas y que el descontento solo era un ardid de la derecha fascista. Como quien ve una escena repetida, escuchaba al vicepresidente pretender ocultar el sol de una mala gestión gubernamental bajo el dedo (pretexto) de los ardides de la oposición.

Intuyo que esa sensación de descontento e incertidumbre que transmitían esas mujeres poco ha cambiado después de escuchar al Vicepresidente declarar “no se donde vamos a sacar la plata, pero vamos a obedecer al pueblo” Que un gobierno arguya escuchar y obedecer al pueblo es un merito; pero si no existe un plan gubernamental para respaldar esas demandas, ¿de que estamos hablando? Cuánto más podemos estirar la ficción del presente haciendo cenizas el futuro ¿Será que las mujeres del minibus que salio de Tiquipaya son parte de la derecha fascista?