Un día de 2005 viajamos en un taxi varios periodistas y se me ocurrió preguntarles si habían votado por Evo Morales, todos, incluso el taxista, me dijeron que sí. Luego me fui a El Alto a participar de un debate sobre la “nacionalización” de los hidrocarburos y todos estaban chochos de la medida que había implementado el nuevo Gobierno indígena. Al final, resultaba que era uno de los pocos que pensaba que el nuevo Gobierno que emergió de las urnas en 2005 era otro Gobierno neoliberal más. Incluso cuando fuimos a vender periódicos por algunas zonas alteñas nos tiraban con cáscara, piedras y lo que podían encontrar en contra de quienes en ese momento osábamos hablar mal del “hermano” Evo.

En ese momento me pregunté si en 1952 se sentían así los trotkystas que habían anticipado que el MNR “caería de rodillas ante el Imperialismo”; traté incluso de imaginarme cómo se sentiría en ese entonces el joven Guillermo Lora, quien armado de sus libros y con muy pocos camaradas, intentaban convencer a las “masas” que Víctor Paz no podría cumplir las tareas que planteaba la Tesis de Pulacayo. Fue una de las grandes escisiones que tuvo en ese momento el POR debido a que muchos de sus cuadros habían decidido engrosar las filas del glorioso movimiento revolucionario.

Lora siempre contaba que en ese entonces los miraban como despistados porque todos, o la mayoría, estaba segura de que el MNR llevaría al país hacia un nuevo Estado, “para eso estamos ingresando al MNR, para hacer cumplir la Tesis de Pulacayo”, les decían a los “radicales”, quienes incluso eran vistos como grandes luchadores, pero que estaban equivocados.

La ventaja de esos pocos es que contaban con un método que fue como una linterna que alumbró su camino hasta hoy, y gracias a ese método es que los poristas fueron los únicos que señalaron que el Movimiento Al Socialismo (MAS) era otro Gobierno burgués. Claro, ahora muchos aparecen repitiendo esta caracterización, pero en su momento se convirtieron en fieros defensores del “proceso revolucionario” del “hermano” Evo.

Recuerdo que en muchas oportunidades tuvimos fuertes discusiones con la gente que todavía creía en el “hermano” Evo Morales, incluso las primeras marchas protagonizadas por los maestros urbanos de La Paz eran resistidas por gente de la calle, por los trabajadores. Pero todo eso cambió el pasado lunes 27 de diciembre, cuando una marcha encabezada por los trotkystas del POR recogió de forma automática el descontento de la gente, al grado que el grito de “¡Evo, Goni, la misma porquería!” golpeaba los labios de los transeúntes que todavía no creían lo que había hecho el Presidente por el que habían votado masivamente hace cinco años. El grito no discrimino a nadie y parecía que salía desde lo más profundo de la historia boliviana.

La gran pregunta

Unos meses antes me toco participar de varios actos donde tuve la oportunidad de conversar con los verdaderos héroes que lograron el derrocamiento de Sánchez de Lozada. El Alto nuevamente me recibió como uno de sus hijos incomprendidos y entre líneas logré entender que se sentían desilusionados porque nuevamente habían sido traicionados.

En octubre de este año y pese al tremendo escenario que habían instalado los militantes del MAS, El Alto nuevamente habló para expresar su bronca de que el “hermano” Evo los había traicionado; ellos pusieron los muertos, otros se habían aprovechado de la sangre derramada.

Y entre líneas, como lo hacen las masas, aseguraban que ahora el problema no era acabar con el Gobierno del “hermano” Evo sino que se preguntaban ¿después de Evo quién? Porque está claro para los “guerreros del gas” que acabar con este Gobierno no era un problema, “si hemos derrotado al Gobierno del Goni, porqué no lo podríamos derrotar a este Gobierno”, me decían.

Hoy miro el pronunciamiento de los mineros de Huanuni y estoy seguro de que las cosas han cambiado en tan solo cinco años. “¡¡Abrogación inmediata del maldito Decreto Nº 0784!!!!!”, “No al gasolinazo masita”, dicen los mineros quienes como lo fueron sus predecesores vuelven a señalar el camino para los trabajadores.

Pese a las dificultades que encuentran en direcciones sindicales “oficialistas” como la gloriosa Central Obrera Boliviana, los trabajadores nuevamente empiezan a recorrer el camino por el que habían transitado hasta aquel fatídico octubre de 2003 en espera de que ahora puedan encontrar el camino correcto.

El destino de los trabajadores bolivianos parece que estará puesto en la ciudad de El Alto, porque fue ahí cuando en octubre de 2003, pocas horas antes de que Gonzalo Sánchez de Lozada presente su carta de renuncia, una reunión de varios dirigentes determinó conformar su propio Gobierno; conformar la Asamblea Popular.

* El autor es periodista paceño.