La oposición se ha vuelto exquisita: exige una democracia en la que el voto, la Asamblea Legislativa y lo judicial no sean manoseados por el gobierno actual.

Lo acusan de aplicar persecuciones judiciales a sus oponentes con claros indicios de una dictadura escudada con el voto popular mayoritario recibido y que utiliza el poder judicial a su antojo, robándole su independencia, base primordial de una verdadera democracia. Afirma que el MAS quiere avasallar y hacer arrodillar a cuanto disidente importante existe, incluso salido de las propias filas, infringiéndole miedo, cuando no apoyándose en decisiones arbitrarias de la Asamblea Legislativa.

Pero ¿por qué demanda una democracia que nunca existió en Bolivia? Recordemos a la del período 1952 a 1964, o aquellas nacidas de los dictadores militares Barrientos y Banzer, quienes se consolidaron como demócratas con el voto popular o la representativa, al final convertida en puentes sobre ríos de sangre para usufructuar del poder. Reclama democracia a ultranza porque la actual le frena toda perspectiva política, incluida la golpista, como antes lo hacía cada que perdía el poder.

Rasga sus vestiduras en defensa de una democracia ideal, como la del admirado estadista “tata Paz”, abogado y catedrático en vejar las instancias judiciales hasta dar asco, así como al mismo Parlamento: ver “Ley Patiño” de 1961. Abierta siempre a excesos revolucionarios sobre la base de un control político, campos de concentración, policía económica, milicianos, que en aspectos menores llegó incluso a la liberación judicial de una asesina de la calle Ayacucho, para después propiciarla como representante diplomática de Bolivia en un organismo internacional. Esa misma democracia que, a mi conocimiento, ni siquiera dio lugar a una acción legal con lo sucedido en la calle Alfredo Ascarrunz.

Otra democracia fallida fue la udepista con su desdolarización e hiperinflación de 24.000% año. Empobreció a ahorristas y asalariados y su justicia nunca encarceló a culpables, no por el contexto internacional que motivó la subida del “prime rate” de 8% al 21% año, lo que encareció intereses de una Bolivia endeudada a bancos privados multinacionales por préstamos para cultivar algodón en el oriente boliviano y que terminaron en la construcción de casas en Equipetrol para los jerarcas políticos de esa época, por ejemplo. Sino por todos los negociados con las divisas oficiales entregadas por el BCB, muchas veces a importadores de insumos para su producción local, pero con bastante frecuencia para que sus beneficiados las negocien en el mercado paralelo y se capitalicen como nunca antes. Mientras los Parlamentos posteriores jamás aclararon esos hechos penales.

La democracia participativa masista ¿está al límite de abusos que enlodaron a las anteriores? El gobierno cuenta con el voto popular y el respaldo de la ley, sus más contundentes factores de fuerza. Perderlos sería su caída.