Nueva Delhi, (Prensa Latina).- La región de Cachemira administrada por la India vivió este año una nueva espiral de violencia separatista, que se tradujo en la muerte de 111 manifestantes a manos de las fuerzas de seguridad. El fallecimiento en junio pasado del joven de 17 años Tufail Ahmad Mattoo, alcanzado en la cabeza por una granada de gas lacrimógeno disparada por la Policía, fue el detonante.

A partir de ese momento, y al grito de “Azadi (libertad) y “Fuera India”, miles de personas salieron casi a diario a las calles de Srinagar y de otras ciudades del estado, en abierto desafío al toque de queda impuesto por las autoridades.

A las piedras lanzadas por los manifestantes, la Policía y las fuerzas paramilitares ripostaron con balas, tanto de goma como de plomo, en un círculo vicioso de protestas-represión-protestas que aún prosigue y amenaza con perpetuarse.

Para tratar de atajar el baño de sangre, el gobierno central nombró a tres interlocutores que se entrevistaron con todos los actores políticos y sociales cachemires, sin que hasta el momento esa gestión haya arrojado algún resultado concreto.

Esa mediación se realizó, tal y como aclaró el Primer Ministro Manmohan Singh, partiendo del entendido de que el territorio -centro también de una disputa fronteriza con Paquistán- es, y seguirá siendo, parte indisoluble de la India.

La posición de Nueva Delhi choca, sin embargo, con la asumida por los líderes separatistas radicales, que aprovechan el descontento existente entre los jóvenes para sumar adeptos a su causa.

Según el octogenario líder separatista de línea dura, Syed Ali Geelani, la única solución a la crisis pasa por el reconocimiento de Cachemira como un territorio en disputa bajo las regulaciones de la ONU, la retirada de las tropas indias y la liberación de todos los presos políticos.

Exige además la revocación de dos leyes que otorgan poderes especiales a las fuerzas de seguridad, y que los responsables de la muerte de los manifestantes sean llevados ante los tribunales.

Aunque el líder musulmán no menciona a Paquistán, analistas locales consideran que el país vecino (que reclama como suyo el territorio desde la partición del subcontinente en 1947 y hasta ahora ha sido parte del problema) debe también ser tomado en cuenta para una posible solución.

Islamabad insiste en abordar la cuestión de Cachemira en las conversaciones de paz con Nueva Delhi, las cuales se encuentran estancadas desde los ataques terroristas contra Mumbai en noviembre de 2008, a pesar de recientes intentos de ambas partes para reanudarlas.

Según la India, no existe posibilidad de diálogo mientras las autoridades del país vecino sigan sin dar muestras fehacientes de su disposición a acabar con los grupos anti-indios que operan desde territorio paquistaní.

Nueva Delhi considera que el tema no incumbe a su vecino, y tampoco acepta la mediación de una tercera parte en un conflicto que desangra al único territorio indio de mayoría musulmana, donde, mientras tanto, siguen lloviendo piedras y balas.

Conflicto India-Paquistán: Pocos avances en 2010

Cachemira y el terrorismo siguen siendo los escollos principales para la normalización de relaciones entre India y Paquistán, después de resultar insuficientes en 2010 los intentos de destrabar el diálogo de paz estancado desde los ataques de Mumbai. La India sabe bien que sin que se resuelva la disputa por Cachemira no puede haber ni confianza mutua entre los dos países, ni una paz viable en la región, advirtió el vocero de la cancillería paquistaní, Abdul Basit, a pocas semanas de concluir el año en curso.

Las declaraciones del portavoz corroboran las presiones realizadas por Islamabad para incluir en la agenda de las negociaciones bilaterales la añeja disputa fronteriza que ha motivado al menos dos guerras y varias escaramuzas entre ambos países desde la partición del subcontinente en 1947.

En su afán de conseguir ese objetivo, el gobierno paquistaní incluso acusa a su vecino de incumplir las resoluciones de la ONU que aconsejan la realización de un referendo que permita a la población cachemir decidir su destino.

Para Nueva Delhi, sin embargo, cualquier discusión sobre Cachemira, la única región de mayoría musulmana de la India, está descartada, por considerarlo un asunto interno. El gobierno indio afirma además que ningún reclamo de las autoridades paquistaníes será atendido mientras no cumplan su promesa de acabar con los grupos armados anti-indios que se refugian en el territorio del país vecino.

No se pueden sostener conversaciones (con Paquistán) mientras la maquinaria de terror está más activa que nunca, aseguró el Primer Ministro indio, Manmohan Singh, en noviembre pasado, durante la visita al paìs del presidente estadounidense, Barack Obama.

Singh incluso consiguió el apoyo público de Obama, quien desde Nueva Delhi instó a Islamabad a llevar ante la justicia a los responsables de los ataques terroristas que dejaron 166 muertos y centenares de heridos en Mumbai, en noviembre de 2008. Fue precisamente el asalto al corazón financiero de la India el que dio al traste con el diálogo de paz iniciado en 2004.

En 2010 hubo varios contactos bilaterales a nivel de cancillería, e incluso Singh y su homólogo paquistaní, Yousuf Raza Gilani, se reunieron en privado durante una cumbre regional celebrada en abril pasado en el reino himalayo de Bután, pero ninguno de esos encuentros sirvió para destrabar el diálogo.

Para el año próximo está anunciada la visita a Nueva Delhi del canciller paquistaní Mehmood Qureshi, lo que de por sí constituye un buen augurio de que proseguirán los contactos entre dos países poseedores de armas nucleares, que para el bien de toda la humanidad, necesitan restaurar la confianza mutua.

Paquistán 2010: Entre el terrorismo y las inundaciones

Las graves inundaciones que cubrieron la quinta parte del territorio de Paquistán y afectaron a unos 20 millones de personas, se sumaron en 2010 a las calamidades provocadas por el terrorismo que desangra al país islámico.

La tragedia causada por las lluvias monzónicas se inició en agosto pasado en el noroeste, para después extenderse al centro y suroeste, con la crecida de los ríos, y la apertura de las compuertas de varias presas en peligro de reventar.

Más de mil 700 personas perecieron en las crecidas, consideradas las peores en la historia de Paquistán, donde según las autoridades, más de 600 mil viviendas fueron destruidas, cuatro millones de hectáreas de cultivos quedaron anegadas, y se perdieron unas 200 mil cabezas de ganado.

El número de paquistaníes damnificados de forma directa se acercó a los ocho millones, de los cuales, la mitad son menores de edad. El nivel del agua comenzó a descender desde mediados de octubre, aunque todavía existen algunas zonas anegadas, y alrededor de seis millones de personas aun dependen de la ayuda del gobierno para sobrevivir.

De acuerdo con fuentes de Naciones Unidas, la mayoría de esos damnificados están en peligro de morir de hambre y frío, mientras se hace cada vez más lenta la llegada de los fondos prometidos por la comunidad internacional.

No podemos olvidarnos de Paquistán, donde mucha gente todavía sufre, fue el dramático llamado hecho semanas atrás en Islamabad por la portavoz de la ONU Stacey Winston, tras quejarse de que cada día que pasa, las donaciones demoran más en llegar.

Según la vocera, el crudo invierno que se abate ahora sobre la zona norte del país islámico, podría desatar otra tragedia entre los damnificados que aún permanecen a la intemperie. La prioridad, dijo, es garantizar los materiales para que las personas que perdieron sus viviendas puedan reconstruirlas en la mayor brevedad.

La ONU también advirtió que la ayuda humanitaria para Paquistán está a punto de agotarse, y que la falta de alimentos ya ha provocado un incremento de la malnutrición infantil en varias zonas del país islámico. De los mil 900 millones de dólares prometidos por la comunidad internacional, hasta noviembre sólo se habían recibido poco más de 700 millones, según las autoridades.

El fantasma del terrorismo

La catástrofe natural no puso freno, sin embargo, al terrorismo que atenaza a Paquistán desde hace varios años. Estimados extraoficiales cifran en más de dos mil las víctimas provocadas en 2010 por las explosiones de coches bombas, atentados suicidas y ataques ocurridos a lo largo y ancho del país, aunque con mayor frecuencia en el noroeste.

Esa zona es considerada un feudo del Tehrik-e-Taliban Pakistan, la principal organización integrista local, acusada además de tener vínculos con el movimiento talibán afgano y la red internacional Al Qaeda.

La violencia sistemática también se hizo sentir en la suroccidental provincia de Balochistán, cuna de un fuerte movimiento nacionalista, y en Karachi, principal polo económico del país, aunque en esta última ciudad la mayoría de los atentados tuvieron un carácter sectario.

Al terrorismo local se sumó además un incremento este año de los bombardeos de los aviones sin pilotos de Estados Unidos contra presuntas posiciones insurgentes en el noroeste de Paquistán.

Washington justifica esas incursiones aéreas con el argumento de que en esa zona se ocultan miembros del Talibán afgano y de la red Al Qaeda, que resisten a las tropas invasoras de la OTAN desplegadas en Afganistán.

El gobierno paquistaní ha criticado públicamente los bombardeos, y ha dicho que son contraproducentes porque contribuyen a exacerbar el sentimiento anti-estadounidense entre la población, pero analistas locales opinan que las incursiones cuentan con la aprobación de Islamabad.

Según uno de los cables secretos estadounidenses revelados recientemente por el portal independiente Wikileaks, el Primer Ministro Yousuf Raza Gilani dio personalmente su consentimiento en una reunión con la entonces embajadora de Estados Unidos en Paquistán, Anne Patterson.

No me importa si lo hacen (los ataques), mientras acaben con la gente correcta. Protestaremos ante la Asamblea Nacional, y luego lo ignoraremos, asegura el documento que expresó el gobernante.

De acuerdo con cifras compiladas por la prensa local, unas dos mil personas, la mayoría civiles, han muerto en el noroeste de Paquistán desde 2004, como resultado de los misiles disparados por los llamados drones operados desde una base secreta de la CIA, que algunos incluso especulan se encuentra dentro del propio territorio paquistaní.

* El autor es corresponsal de Prensa Latina en la India.