(Prensa Latina).- Las festividades de fin de año, celebraciones más solidarias del cristianismo, en África podrían transcurrir entre la incertidumbre y el horror debido a amenazas de un baño de sangre perpetrado por entidades de fanáticos. Un grupo armado, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA), cuyo origen ya no representa su ciudadanía pues internacionalizó sus operaciones, atemoriza a cuatro Estados en el corazón del continente: Uganda, Sudán, Congo Democrático y la República Centroafricana.

Esa formación -integrada por niños-soldado y adultos que los manipulan-, la cual actúa como guerrilla o como contingente mercenario, según el caso, pone en riesgo la seguridad regional.

El movimiento, acusado de cometer delitos de lesa humanidad, aumentó su influencia en 2010 con el asesinato de civiles y forzó a miles a huir de sus zonas de residencia, todo bajo la égida de Joseph Kony, un ex catequista antigubernamental autoproclamado médium.

El LRA surgió en el norte ugandés a finales de la década de 1980, cuando se enfrentó a la administración del presidente Yoweri Museveni, quien derrocó a Tito Okello, de la comunidad norteña acholi, un cambio de jefatura política que oxigenó a los guerrilleros de Kony, cuya mayoría de miembros procedía de la mencionada etnia.

Aunque supuestamente en una crisis que está acabando con sus soportes, la decadencia del Ejército de Resistencia del Señor no es total y su capacidad de maniobra lo convierte en una amenaza permanente y muy letal.

“En estos momentos Kony es seguido de cerca por sus perseguidores, entre los que el régimen ugandés ha incluido a algunos de sus antiguos correligionarios, y la prioridad para el gobierno de Kampala es su eliminación y la de todos sus fieles”, puntualizó el articulista español Carlos Echeverría Jesús.

Hace siete meses el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) manifestó su preocupación por los informes que advertían de un dramático aumento, tanto en la frecuencia como en la brutalidad de los ataques del LRA contra civiles en la República Democrática del Congo, Sudán y la República Centroafricana.

A finales de 2010, la dinámica relacionada con el grupo armado señaló un empeoramiento de la situación de seguridad, lo cual desmitifica la propuesta ideológica de crear un Estado de base confesional cristiana en obediencia total a los mandamientos bíblicos y descubre sólo a un grupo de vándalos erigidos en señores de la guerra.

“Según cálculos, desde su fundación, el Ejército de Resistencia del Señor raptó entre 20 mil y 30 mil niños, que luego empleó como soldados, esclavos sexuales y braceros para trasladar la impedimenta”, informaron medios de prensa en referencia a las arbitrariedades de esa agrupación.

Tales fuentes indicaron, en el año por concluir, que la contienda contra el grupo armado ha causado más de 15 mil muertos, sin incluir las víctimas letales por enfermedades y malnutrición, a las cuales occidente identifica como bajas colaterales, simples números, olvidando que son seres humanos.

Un grupo de 19 organizaciones humanitarias alertó que el LRA se propone ejecutar espectaculares matanzas en las postrimerías de 2010 e inicios de 2011, como ocurrió en los años 2008 y 2009.

Esas entidades agregaron en un informe que el LRA es el grupo armado más antiguo y más sangriento de la región central del continente por la brutalidad de sus ataques a poblaciones de la de la RDC, el sur de Sudán y la República Centroafricana. Aseguran que fue el movimiento antigubernamental más mortífero en los últimos dos años en el Congo Democrático.

También recordaron que durante las tres semanas posteriores al día de Navidad de 2008, aniquilaron a más de 800 habitantes del noreste de la RDC y el sur de sudanés, y secuestraron a cientos de civiles.

El pasado año el LRA dio muerte a más de 300 aldeanos congoleses, pocos días antes de las Pascuas; un vocero del LRA rechazó que ese movimiento estuviera vinculado con esas masacres, pero fuentes de socorro lo reiteraron.

Hace cinco años, en octubre de 2005, la Corte Penal Internacional emitió acusaciones y pedidos de arresto contra Joseph Kony y otros cuatro jefes, Vincent Otti, Okot Odhiambo, Dominic Ongwen, y Raska Lukwiya. Los delitos que se les imputan incluyen violaciones y asesinatos, ampliaron documentos de ese tribunal.

“La orden de detención a Kony se basa en 33 cargos en su contra, 12 por crímenes contra la Humanidad (homicidio, esclavitud, esclavitud sexual y violencia) y 21 por crímenes de guerra (homicidio, comportamiento cruel contra personas, violencia voluntaria e intencionada contra civiles, reclutamiento forzado de menores y saqueos)”.

“Contra Otti se presentaron cargos similares (hasta un total de 32), Odhiambo (10), Ongwen (siete) y Lukwiya (cuatro)”, subrayó la prensa sobre el caso. Existen muchos antecedentes para dudar sobre una posible masacre en el contexto navideño y de fin de año por parte del Ejército de Resistencia del Señor, que abandonó su conducta de idólatra exaltado para mostrar las fauces del depredador que puede volver a matar.

Somalia: agotada antes de llegar a la meta

Somalia sufre hoy una tragedia semejante a la del corredor de fondo, que se agota antes de llegar a la meta. Sin un Estado sólido, carente de un pacto social coherente, el país cruzó los últimos 12 meses entre cañonazos de una guerra con ofensivas intermitentes, la militarización de zonas apoyada por la Unión Africana (UA), y la letanía de un discurso radical en exceso, que emite señales confusas hacia el auditorio internacional.

En sus memorias, el 2010 no olvidará que la organización rebelde Al Chabab jugó peligrosas cartas para la región, como fue trasladar al escenario ugandés parte de la violencia que consume a Somalia y -según un vocero del movimiento, Ali Mohamoud Rage–, como respuesta a Kampala por su apoyo a la UA en el conflicto armado.

Sin embargo, ante los atentados, Uganda reforzó el criterio de que continuaría su apoyo a la fuerza multinacional de la Misión Africana para Somalia (Amisom, en inglés), que al cierre del año tenía unos ocho mil soldados enviados por el gobierno del presidente Yoweri Museveni y por el Ejecutivo burundés de Jean Pierre Nkurunziza.

Así la guerra, que emitía síntomas de estancamiento, se orientó hacia otra dirección y puso en crisis las posibilidades de un entendimiento entre los insurgentes y el frágil Gobierno Nacional de Transición, encabezado por Charif Cheik Ahmed Mohamed, quien sustituyó en el mando a Abdullahi Mohamed Yusuf.

“La victoria que persigue la estrategia de guerra de baja intensidad no es sólo militar. Busca una victoria más completa, efectiva para un largo plazo, mediante el aniquilamiento de la fuerza política y moral de la insurgencia”, recuerda el analista argentino Francisco Pineda en una definición que se aviene al conflicto somalí.

No obstante, su coterráneo y colega Jorge Pérez, amplía que: “El conflicto de Baja Intensidad (CBI) exige que el problema se aborde mediante un enfoque de factores sociales, económicos, políticos y militares entrelazados”, es decir en el ámbito de la complejidad política. Eso trae como consecuencia que la posible solución al dilema esté más allá de una definición de blanco y negro.

En Somalia se deciden cuestiones que no se perciben superficialmente. Entre otras, la validez de la injerencia foránea en un conflicto que afecta la seguridad regional y lo inadecuado en la contemporaneidad de establecer un estado teocrático a ultranza en lugar de una opción menos radical.

También pesa el hecho de la destrucción de un Estado en función de intereses favorables a la secesión más que al necesario proceso africano de integración y sin perder de vista la importancia geoestratégica de Somalia, un territorio ubicado frente al surtidor mundial de petróleo árabe.

Todo lo anterior impone valorar con profundidad los criterios respecto a qué Estado se está moldeando cuando el próximo enero se cumplan 20 años del derrocamiento del ex presidente Siad Barre, el último que gobernó al territorio aún integro y que hoy está dividido en tres: Somalia, Somalilandia y Puntland.

La guerra aún es el tema de partida de cualquier análisis sobre este país del Cuerno Africano donde millares de personas tratan de resguardase del fuego cruzado, pero también de la hambruna, la intolerancia y el desdén de los ricos de occidente.

También el año se despide con noticias que subrayaron las actividades de piratas en el litoral del país, pero sobre quienes persiste la incertidumbre respecto a sus verdaderos objetivos. Como en toda guerra, hay aspectos de menor nivel que se diluyen antes de llegar a ser notables, en el asunto que se aborda uno de esos es el apoyo a Charif Cheik Ahmed Mohamed de milicias que aparecen y desaparecen del escenario y se enfrentan a los guerrilleros de Al Chabab, quizás para conseguir una porción de autoridad.

Esos grupos actúan como auxiliares del poder, pero esa actitud podría entrar en fase de remisión y lo que defendieron una vez luego ser tema de disgusto y ruptura en un proceso de reconstrucción del estado-nación que va a la deriva. En definitiva, este año que concluye, el corredor de fondo tampoco llegó a su meta.

Sudán: La paz se mueve sobre dos ejes

Acariciando las últimas páginas del calendario 2010, resurgen las dudas sobre el futuro inmediato de Sudán, un país que podría fraccionarse mediante un referendo, torturado por una guerra en la occidental región de Darfur.

El gigante africano es en la actualidad internacional uno de los Estados más señalados también por las complejidades de su política interna, relaciones ideológicas y peso en cuanto a la seguridad y estabilidad del entorno inmediato.

Para concluir en 2005 más de 20 años de guerra entre el gobierno y la guerrilla del Movimiento Popular de Liberación de Sudán (MPLS), de John Garang, las dos partes suscribieron un pacto, el Acuerdo Integral de Paz, que plantea realizar el próximo 9 de enero un referendo sobre el destino de la región sureña.

“Los protocolos sobre la distribución de la riqueza y el poder son centrales para el Acuerdo y piezas fundamentales del proceso para construir un nuevo Sudán”, coincidieron entonces diversos análisis.

De ahí que la consulta someterá a consideración la permanencia de la zona austral en la composición sudanesa o su salida formal de ese territorio del actual Sudán, con la presumible creación de otro Estado africano, lo cual afectaría al tradicional criterio continental de respetar las fronteras heredadas del colonialismo.

No obstante, hay un precedente sobre la presencia de un nuevo país y es el caso de Eritrea, surgido en 1993, por lo cual no se puede descartar que otro se sume a los integrantes de la organización regional, la Unión Africana.

Si bien la finalizada guerra entre el gobierno y el MPLS, la cual causó dos millones de muertos y cuatro millones 700 mil desplazados, abrió una página de optimismo, al acercarse la fecha del referendo existe el peligro de otro conflicto armado, esta vez potenciado por razones insatisfechas en el proceso de paz que siguió a la contienda.

Uno de los problemas que no encontraron solución en estos últimos cinco años, por ejemplo, es el de la inconformidad de la población con su estado de pobreza, luego que las partes acordaron una distribución al 50 por ciento de los beneficios de la explotación petrolera.

Los habitantes del sur de Sudán también marcharán el 9 de enero a las urnas para ventilar sus problemas como subregión, pero observadores internacionales estiman que esa votación podría abrir una puerta a la solución de otro asunto que daña al país como es la guerra en la zona de Darfur.

El año por concluir dejó lagunas en cuanto a resolver la contienda que cumplió siete años y en la cual convergen guerrilleros de varias tendencias ideológicas, el ejército y grupos de vándalos y, en lo más interno, se mueven intereses extranjeros, en buena medida los petroleros.

Acerca del conflicto quedaron vacías o se desnaturalizaron las gestiones de paz que en algunos momentos fructificaron, pero a la larga desaparecieron del tapete político para dar luz verde al uso de la fuerza, lo cual afectó a todos.

Para caracterizar al conflicto entre el norte y el sur, se destacaba como un enfrentamiento entre grupos étnicos y confesionales distintos, pero en Darfur la mayoría de los habitantes son musulmanes, es decir, varía el enfoque.

La situación allí se remite a contradicciones surgidas por la falta de paridad en la distribución de la propiedad, que según los rebeldes siempre favoreció al segmento árabe de la población, en detrimento de los restantes sectores.

En esta guerra participan el Movimiento de Liberación de Sudán, el de Justicia e Igualdad, el Yanyauid (jinetes armados), las fuerzas gubernamentales y la facción del Movimiento de Liberación de Sudán, liderado por Minni Acrua Minnawi.

Mientras algunos cálculos fijan en unas 300 mil las víctimas de los combates en Darfur, otras fuentes hacen más énfasis en el aspecto sustantivo del dilema de cara a una enmarañada y estancada búsqueda de paz, una gestión a la que asisten las Naciones Unidas y la Unión Africana (UA).

Este año que termina fue testigo de las gestiones para lograr la distensión; una de las acciones más eficientes fueron las conversaciones de septiembre pasado en Doha, Qatar, en las cuales participaron el gobierno de Sudán y el Movimiento para la Justicia y la Liberación.

Los mediadores -ONU, UA y Qatar- pidieron a las guerrillas enfrentadas al gobierno de Omar Hassan al Bashir (el Movimiento de Justicia e Igualdad y una facción del Ejército de Liberación de Sudán) sentarse de nuevo a la mesa de las negociaciones, mientras se confeccionaba el borrador del acuerdo final. Sin embargo, eso no se concretó en un final feliz.

El representante especial conjunto de la misión de paz de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur (Unamid), Ibrahim Gambari, señaló que “el proceso de paz en Darfur está viviendo un momento decisivo”.

Según diplomáticos, en el pacto propuesto se estima que se deben cesar los ataques a la población civil en los campos de refugiados y liberar a los presos políticos.

Aún hay una parte de los guerrilleros que en este mes final de 2010 se opone a tratar con el Gobierno, a pesar de mostrar señales de que quiere solucionar el conflicto, pero sin desechar las operaciones militares contra los insurgentes en su conjunto.

El pasado 17 de diciembre, el ejército enfrentó por tercera ocasión en una semana a destacamentos insurgentes en Darfur. Los soldados intercambiaron fuego por más de dos horas con guerrilleros del Movimiento de Liberación de Sudán (SLM), seguidor de Acrua Minnawi en la villa de Khor Abeche, en el sur de Darfur, afirmaron los cascos azules, lo cual ilustra el bloqueo de la paz allí.

Níger: un golpe que estremeció a la Unión Africana El 18 de febrero último la programación radial habitual en Niamey fue interrumpida y en su lugar comenzaron a difundir marchas militares, mientras ganaba fuerzas entre la población el rumor de un golpe de Estado.

La asonada fue conformada poco después cuando se informó que un grupo de militares encabezados por oficiales de diversa graduación, derrocó al presidente Mamadou Tandja y lo mantenía cautivo, historia reiterada tres veces en los últimos 11 años.

Una fuente castrense afirmó que el golpe de Estado era guiado por el mayor Adamou Harouna, pero luego dijo que Salou Djibo y Mahamadou Danda, asumieron como mandatario y primer ministro, respectivamente.

La confusión tocaba a todas las puertas y nadie podía precisar con certeza quién era el líder de la operación a la cual vinculaban también al coronel Goukoye Abdul, quien al parecer contaba con respaldo de un autoproclamado Consejo Supremo para la Restauración de la Democracia.

El exitoso complot colocó fuera del juego político a Tandja, quien en noviembre de 1999 ascendió a la jefatura de Estado tras unas elecciones calificadas de limpias, pero en el momento de ser derrocado preparaba condiciones para extender su mandato, lo cual provocó una agria polémica política.

Los complotados, quienes durante su acción irrumpieron en el Palacio Presidencial cuando sesionaba una reunión del Consejo de Ministros, detuvieron al gobernante y a varios titulares, sobre quienes todavía se sabe poco o nada.

Así, en la práctica, comenzó el año político en Níger, uno de los países más pobres de África, pese a la existencia de sobresalientes yacimientos de uranio, mineral imprescindible para el desarrollo.

Aunque esa nación posee además fuentes de carbón, hierro, fosfatos, oro, petróleo, estaño, cinc y molibdeno, se evalúa como una de las más rezagadas a nivel mundial en cuanto al Índice de Desarrollo Humano (IDH)

Ante el golpe, la Unión Africana (UA) suspendió a Níger de la organización, como decidió el Consejo de Paz y Seguridad.

Mientras la UA, la ONU, y otras entidades y personalidades internacionales condenaban con dureza a la junta militar, en Níger la vida comenzó a retornar a la normalidad al enfrentarse a otros problemas, entre esos la preocupante situación humanitaria enfrentada por el país en 2010.

El número de personas víctimas de la hambruna en Níger aumentó después de la última sequía, que causó la pérdida de cosechas y la escasez de alimentos.

Agencias de ayuda humanitaria hicieron una exhortación porque cerca de la mitad del país está pasando hambre en la actualidad, informaron medios de prensa. Según esas fuentes, millones de personas carecen de alimentos, en tanto se comenta que muchas zonas sufren hambre no por disponibilidad de víveres, sino por la distribución de esos.

“La realidad de la crisis en Níger no tiene tanto que ver con la producción, sino con la extrema pobreza existente en determinadas regiones, donde las familias no tienen dinero para acceder a los alimentos”, puntualizó el sitio web mo.be.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) precidó que ese Estado, ubicado entre los países más pobres del mundo, tiene 7,1 millones de personas afectadas.

“La situación nutricional en Níger se ha deteriorado con más de 114 mil niños tratados en los centros de alimentación para desnutridos durante el primer semestre”, destacó Unicef.

Niamey necesitaba 229 millones dólares para financiar el plan de respuesta a la emergencia, según una convocatoria dirigida a países donantes por las agencias de Naciones Unidas.

En el sur nigerino, en Diffa y Maradi, las tasas de malnutrición alcanzaron altísimos niveles, mientras que la desnutrición aguda grave, que amenaza con el incremento de la mortalidad infantil, pasó de 2,1 por ciento al 3,2 en estos 12 meses.

Una encuesta nacional sobre vulnerabilidad de los hogares realizada en abril, arrojó que la inseguridad alimentaria afectaba al 47,7 por ciento de la población, lo que significaba a más de siete millones de ciudadanos, subrayaba Unicef.

El golpe de Estado y la calamitosa situación humanitaria dieron paso este año a una crisis que podría lanzar al país a una bancarrota con dos ejes difíciles de sortear, la ingobernabilidad por irrespeto a la institucionalidad y la muerte por hambre.

Nigeria dice adiós al año del cincuentenario

Nigeria se despide de 2010 con un cambio de presidente, un conflicto confesional larvado y una guerrilla que en la región sureña, la petrolera, exige una redistribución diferente de las ganancias de la explotación del crudo.

El país más poblado del continente africano observó en los pasados 12 meses la sucesión del presidente Umaru Yar Adua por su vicepresidente, Goodlook Jonathan, proceso que se prorrogó por la enfermedad del mandatario y que concluyó con el fallecimiento del jefe de Estado el 5 de mayo.

La dolencia de Yar Adua amenazó con debilitar el equilibrio en la estructura del poder central, en el cual funciona la alternancia basada en la composición confesional existente en el país para definir gobernante.

No obstante respetarse ese factor de convivencia que se relaciona con la legitimidad, otros aspectos también inciden en la construcción de la autoridad y en el perfeccionamiento institucional.

Uno de los elementos favorable a la viabilidad de la gestión de gubernamental es que este sea capaz de garantizar la supervivencia y convivencia de comunidades distintas, teniendo en cuenta que una crisis entre esos componentes puede desatar un conflicto de grandes dimensiones.

En 2010 varios grupos étnicos forcejearon por la posesión de territorios que reclaman por su fertilidad y fuentes fluviales, requeridas para la agricultura y la ganadería.

A principios de año, más de 500 habitantes de villas cristianas murieron en ataques perpetrados por ganaderos musulmanes en tres aldeas al sur de Jos, capital del estado de Plateau, en el centro de Nigeria, un peligroso desajuste de las relaciones religiosas y tribales.

Según testigos, las víctimas fueron macheteadas y quemadas en lo que calificaron como escenas dantescas.

Las fuerzas de seguridad de Plateau y de estados vecinos fueron puestas en alerta máxima por orden del hasta entonces presidente interino, Goodluck Jonathan.

El país está integrado por más de 250 grupos étnicos, que se enfrentaron en conflictos de diversos tipos, los cuales provocaron decenas de miles de muertos y siempre fueron una amenaza para la estabilidad y la seguridad.

Los enfrentamientos por propiedades por lo general se vinculan con necesidades inmediatas, pero para comprenderlos hay que remitirse al proceso de consolidación y ruptura de la comunidad, un ciclo que continúa y que si bien superó el modo de vida primitivo, no ofreció más equidad ni humanidad.

También las contiendas entre comunidades multiplican su complejidad al incluir al componente confesional, es decir, cuando se asocia con la vida espiritual de los grupos ciudadanos.

Cualquier historia al respecto pone en claro mecanismos que le posibilitaron sobrevivir a los núcleos humanos en la formación de la nación, dinámica en la cual se destaca junto con la alineación étnica la filiación religiosa, que cohesionó a la comunidad sobre pilares de solidaridad y también de rechazo a los rivales.

En Nigeria, la guerra confesional sobresalió, pero en la mayoría de los casos se definió como amenaza subyacente.

Tal vez el medio siglo de madurez post independencia es el freno más efectivo para disminuir las fricciones y evitar crisis que echen abajo todos los ejes sobre los que se mueve el Estado. Otro aspecto presente al resumir los pasados 12 meses nigerianos es la situación de guerra intermitente en el sureño estado del Delta del Níger.

Ese conflicto renovó su importancia mediática el 1 de octubre último en el aniversario 50 de la independencia del país, cuando los festejos centrales fueron saboteados por la guerrilla.

En el continente interactúan mecanismos económicos, políticos, sociales y culturales que fuerzan en muchas ocasiones a comportamientos de una forma que no es la mejor, pero que los individuos asumen porque de otro modo arriesgarían su supervivencia inmediata, en lo que ya se considera un mar de desesperanza.

Tal consideración incluye a casos como el del rebelde Movimiento de Emancipación del Delta del Níger (MEND), guerrilla que se responsabilizó con los atentados dinamiteros perpetrados en Abuja en los festejos por la independencia y por los que se abrieron procesos judiciales por separados contra los hermanos Henry y Charles Okah.

El MEND reclama la necesidad de una distribución diferente de los beneficios generados por la explotación del petróleo procedente de ese estado. Según la organización se requiere un reparto que favorezca el desarrollo económico y social del área, una de las más pobres y deterioradas ecológicamente.

Sin todas las definiciones de los tintes ideológicos que colorean al asunto, a simple vista el tema del Delta del Níger es una asignatura pendiente de este año que se despide y cuando en breve se prevé la celebración de elecciones presidenciales.

La doble “p” de Nigeria: petróleo y pobreza

El libro del mundo al revés tiene un capítulo dramático en Nigeria, el mayor exportador de petróleo de África, donde el 70 por ciento de sus 150 millones de habitantes son paupérrimos. Los caminos del subdesarrollo conducen al Delta del río Níger, de donde se extrae un 75 por ciento del crudo nigeriano, mientras la mayoría de sus 30 millones de pobladores carecen de electricidad, agua potable, hospitales y escuelas.

La región del sudeste del país, abarca 70 mil kilómetros cuadrados, de los cuales 31 mil pertenecen a las instalaciones de la transnacional anglo-holandesa Royal Dutch Shell. Ante este desequilibrio mortal, protestaron etnias, que están al margen de los dividendos ganados por compañías del primer mundo como la Shell, la italiana AGIP, y las estadounidenses Chevron y Exxon Mobil.

El movimiento de los ogonis a inicios de los años 90 protagonizó manifestaciones pacíficas contra la destrucción ecológica ocasionada por la Shell, y conmocionaron a la opinión pública mundial tras la ejecución de su guía, el poeta Ken Saro-Wiwa, y ocho activistas.

Después, la etnia ijaws, que agrupa unos 10 millones de personas, proclamaron en la Declaración de Kaiama en diciembre de 1998 su propósito de luchar por sus derechos y tierra. Casi todos los jóvenes ijaws sobrevivían de la pesca, cada vez más amenazada por la contaminación petrolera.

La conflagración entre rebeldes ijaws y el ejército nigeriano aumentó hasta que en 2006 surge el Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND, por sus siglas en inglés). Los secuestros y sabotajes del MEND contra autoridades militares redujeron en 2009 la extracción petrolera de la zona en un 30 por ciento, lo cual presionó al Gobierno federal a negociar.

Este grupo armado sin presupuestos étnicos anunció el 15 de julio de ese año un alto al fuego por 60 días tras la liberación de su líder, Henry Okah, preso desde 2008. Tal decisión permitió comenzar conversiones de paz con el gobierno del presidente Umaru Yar´Ardua, quien 20 días antes ofreció una amnistía a los rebeldes que depusieran las armas. Unos 15 mil guerrilleros cesaron los combates con la esperanza de encontrar una salida política y social satisfactoria para sus demandas.

Sin embargo, la llegada al poder de Goodluck Jonathan el 6 de mayo último, tras el fallecimiento de Yar‘Adua, no generó un cambio en la situación del Delta. Para captar el respaldo de la opinión pública internacional, el Movimiento ha desarrollado una estrategia en cuatro años con ataques a militares, oleoductos, estaciones de bombeo, gasoductos, instalaciones de extracción, buques auxiliares y petroleros.

Según el Gobierno, entre 2006 y 2009, las exportaciones cayeron de 3,2 a 1,6 millones de barriles diarios, como consecuencia de las acciones de los insurgentes de esa organización.

Tanto esta como otras agrupaciones armadas han raptado a empleados de empresas petroleras, a quienes devuelven sanos y salvos días después del secuestro. El diálogo entre el gobierno central y los rebeldes no se vislumbra, pues los miembros del MEND acaban de anunciar una ofensiva para incrementar aún más sus ataques a plataformas petroleras de empresas extranjeras en Nigeria.

* El autor es periodista de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.

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Represión tras el telón de arena

Moisés Saab *

La ocupación marroquí de dos terceras partes del Sahara Occidental tuvo una manifestación cruenta a 35 años de su inicio debido a la toma por la fuerza del campamento de Gdeim Izik en El Aaiun. La operación dejó casi 160 muertos saharauis y, peor aún, un crecido número de desaparecidos.

El incidente estalló en noviembre y las autoridades de Rabat acudieron a extremos inéditos incluso para las normas empleadas para perpetuar su presencia en el territorio que a pesar de su carácter desértico guarda en sus entrañas importantes recursos mineros.

La posición geográfica, colindante con uno de los más importantes bancos pesqueros del Atlántico, ese Mare Nostrum de la alianza bélica euro-estadounidense, es otra de las razones que explican la terquedad marroquí en rechazar el referendo sobre el destino del territorio, la fórmula más coherente para la solución del conflicto.

Esas características explican el grado de injerencia en el conflicto de potencias mundiales, en especial Estados Unidos y Francia, cuyas transnacionales exploran y explotan recursos en un planeta cada vez más necesitado de minerales estratégicos.

Los hechos desatados por la represión contra los saharauis asentados en Gdeim Izik, entre ellos el cierre del acceso a la prensa internacional, pusieron en evidencia que, a pesar de la aparente resignación de parte del mundo al hecho consumado, los partidarios de la independencia prosiguen en sus esfuerzos por lograrla.

Las dificultades que comporta llegar a esa meta en el contexto político del mundo unipolar quedaron retratados en el inicio de conversaciones en Nueva York entre representantes de Marruecos y de la República Árabe Saharaui Democrática, un ejercicio intermitente que linda con la futilidad, pero que, al parecer, es inevitable.

La situación de ese diálogo es compleja para las tres partes involucradas: Marruecos desea evitar el marbete de inflexible y los saharauis no están dispuestos a perder el único canal de comunicación de alcance mundial, junto al nivel de legitimidad que les confiere su condición de interlocutores válidos.

Para la ONU, atribulada por críticas desde varios cuarteles, el dilema es más sencillo y tangible: el caso del Sahara Occidental es el único pendiente en la agenda de su Comité de Descolonización, cuyo cincuentenario se cumplió este año.

Pero el problema tiene ramificaciones más agudas debido al cansancio y la impaciencia de sectores dentro del gobierno saharaui ante las tácticas dilatorias de la monarquía alauita, además de la certeza de que el diferendo podría extenderse en el tiempo hasta límites inadmisibles.

Tras la llamada Marcha Verde con la cual la monarquía de Hassan II se apropió de la mayor parte del Sahara, el Frente polisario inició una resistencia armada que se extendió hasta inicios de la década de los años 90, hasta que la realidad aconsejó a ambas partes en conflicto sentarse a la mesa de unas conversaciones sin solución de continuidad.

Por extraño que parezca los combatientes saharauis lograron éxitos militares importantes en esa geografía árida, entre ellos el agotamiento de Mauritania, que se había embarcado con Marruecos en la aventura de la ocupación.

La voluntad de combate de los guerrilleros saharauis y el dominio del teatro de operaciones queda retratado en una conversación con un dirigente del Fpolisario en La Habana quien, ante la extrañeza del entrevistador por las posibilidades de eludir a las bien armadas tropas marroquíes en una zona sin árboles ni escondites, como los que poseían los africanos del sur del continente.

El interlocutor respondió con laconismo y una sonrisa cómplice: “Nosotros sin embargo nos preguntamos cómo ellos pueden hacer la guerra en esas condiciones”.

La factibilidad de un reinicio de la lucha armada, sin embargo, es cuando menos discutible. A un experto en guerras, Napoleón Bonaparte, se le atribuye una máxima que es aplicable al caso saharaui: “Para hacer una guerra con éxito hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero”, habría dicho el pequeño corso. Y los saharauis, aquí y ahora, carecen de las tres.

* El autor es jefe de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.

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ONU, Sahara Occidental y derechos humanos

Victor M. Carriba *

El papel Naciones Unidas en la cuestión de los derechos humanos en el Sahara Occidental aparece hoy como un tema de necesaria discusión en la nueva reunión informal entre el Frente Polisario y Marruecos. En ese sentido se acaba de pronunciar el coordinador saharaui en la Misión de la ONU para el Referéndum en ese territorio (Minurso), Mhamed Jadad, al comentar la cuarta ronda de pláticas no oficiales.

En declaraciones conocidas aquí, el representante del Polisario recordó el asalto realizado a principios de noviembre pasado por fuerzas militares y de seguridad marroquíes contra el campamento saharaui de Gdaim Izik.

Dijo que esa agresión agravó el clima de terror existente en el Sahara Occidental, lo cual -opinó- constituye una afrenta escandalosa e inaceptable a los esfuerzos de Naciones Unidas y de su enviado especial para el tema, Christopher Ross.

Jadad consideró urgente poner fin a esa situación y subrayó la necesidad de que la Minurso se encargue de la supervisión de los derechos humanos en el territorio, como lo hacen “todas las misiones de paz de la ONU en todo el mundo”.

Con vistas al encuentro de Nueva York, apuntó que el Polisario asistirá con la voluntad y la determinación de hacer todo lo posible para contribuir al éxito de los esfuerzos de la ONU para encontrar una solución justa y duradera al conflicto.

La cita de tendrá lugar dos días después de la celebración en Naciones Unidas del aniversario 50 de la histórica resolución 1514, que contiene la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales.

Luego de las cinco décadas transcurridas, la organización mundial todavía hoy se ocupa de 16 casos de los llamados territorios no autónomos, entre ellos el Sahara Occidental, además de la cuestión particular de Puerto Rico.

La Asamblea General aprobó una resolución sobre el Sahara Occidental que reafirma “el derecho inalienable de todos los pueblos a la libre determinación y la independencia”.

El texto saluda las reuniones realizadas entre el Polisario y Marruecos y destaca las gestiones de Ross para “una solución política, justa, duradera y mutuamente aceptable que conduzca a la libre determinación del pueblo del Sahara Occidental”.

Y otro párrafo “exhorta a las partes a cooperar con el Comité Internacional de la Cruz Roja y a cumplir las obligaciones que les incumben conforme al derecho internacional humanitario”. El pasado viernes, la Asamblea también adoptó otra resolución con motivo del aniversario 50 de la 1514 que ratifica el derecho inalienable de todos los pueblos de los territorios no autónomos a la libre determinación, incluida la independencia.

Agrega que la continuación del colonialismo en cualquiera de sus formas y manifestaciones es incompatible con la Carta de la ONU, la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales y el derecho internacional.

El nuevo encuentro informal Polisario-Marruecos será el cuarto de ese carácter realizado desde agosto de 2009 en respuesta a la resolución 1871 del Consejo de Seguridad que llamó a buscar la reanudación de las conversaciones oficiales.

El más reciente tuvo lugar a principios de noviembre pasado cuando las dos delegaciones persistieron en su rechazo a las propuestas de la otra parte como base para futuras negociaciones, según informó Ross en un comunicado.

No obstante, el emisario de la ONU indicó que en esa oportunidad los representantes del Polisario y Marruecos comenzaron a “construir una nueva dinámica para los próximos pasos del proceso negociador”.

Antes de esos contactos informales, el Polisario y Rabat celebraron varias rondas de negociaciones oficiales que comenzaron en junio de 2007 y continuaron en agosto de ese año y enero y marzo de 2008, cuando quedaron interrumpidas.

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Madagascar: golpe de Estado y referendo

Randy Saborit Mora *

Un grupo de militares intentó subvertir el orden de Madagascar mediante un golpe de Estado el 17 de noviembre, el mismo día que los ciudadanos votaron por un referendo constitucional criticado por opositores. El motín coincidió con la celebración de la consulta para aprobar una nueva Constitución que establezca la reducción de la edad mínima de los candidatos presidenciales de 40 a 35 años.

De acuerdo con grupos opositores, la aprobación de esa reforma facilitaría la continuidad en el poder al joven mandatario Andry Rajoelina, de 36 años; sin embargo, el gobernante negó que aspire a presentarse en los comicios presidenciales previstos para mayo de 2011.

Madagascar amaneció este 17 de noviembre con el anuncio del general Noel Rakotonandrasana, de que el gobierno transitorio de Rajoelina había sido defenestrado. “A partir de ahora, todas las instituciones existentes están suspendidas, y los asuntos del país serán administrados por un comité militar”, señaló.

Otro de los amotinados, el teniente coronel Charles Andrianasoavina, informó que un grupo castrense estaba al frente de la isla de 20 millones de habitantes. “No voy a renunciar, tengo fe, no temáis”, aseguró por su parte Rajoelina a la prensa desde el centro electoral de Ambatobe, en la capital, Antananarivo. “Madagascar es un Estado de derecho, hay un presidente de transición y un primer ministro. Cualquier otra información es falsa”, sostuvo quien llegó a la presidencia el 17 de marzo de 2009 apoyado por militares.

Para el primer ministro Camille Vital, el Gobierno de Rajoelina seguía en el poder y llamó a mantener la calma y la unidad de las fuerzas armadas. “Madagascar es un Estado de derecho y tomaremos medidas contra los infractores de la ley”, advirtió.

Los agentes de seguridad dispersaron con gases lacrimógenos una multitud reunida en respaldo a los amotinados, en un cuartel cercano al aeropuerto internacional de Ivato, a 20 kilómetros de Antananarivo. Testigos afirmaron que casi mil personas levantaron una barricada y prendieron fuego a neumáticos, cerca de donde estaban los soldados en armas.

Ya el 20 de noviembre un centenar de soldados del Ejército rindió a los amotinados. La operación terminó sin derramamiento de sangre y con el arresto de los sublevados, reveló un responsable del gobierno que demandó el anonimato.

Según testigos, hubo intercambio de disparos entre las partes y también se escuchó una explosión. Un día antes, el gobierno malgache había llamado a la población civil a abandonar las cercanías de la instalación tomada por los amotinados.

“Pedimos a las familias que habitan el campo militar de Ivato y a los habitantes de los alrededores que dejen temporalmente sus lugares y se trasladen a sitios más seguros”, apuntó el mensaje del Ministerio de Defensa, difundido por radio y televisión.

El día del referendo, el depuesto presidente Marc Ravalomanana y el ex mandatario Albert Zafy convocaron a los militares para que “asuman su responsabilidad”, en un momento en el cual consideran que “la patria está en peligro”. Asimismo el ex presidente Didier Ratsiraka instó a no participar en el escrutinio y consideró una violación de los Derechos Humanos el arresto de opositores que promovían la abstención.

El presidente de la Comisión Electoral, Hery Rakatomanana, informó que el 74 por ciento de los electores apoyó el referendo, en el cual participó poco más de la mitad de los siete millones de convocados a las urnas.

Sin embargo, muchos ciudadanos se lamentaron por las irregularidades. Varias personas no pudieron votar por falta de documentación, afirmaron grupos opositores. Un grupo de jóvenes intentó quemar un centro electoral por no encontrar su nombre en las listas de votantes en Mayunga, al noroeste de la isla ubicada en el Océano Índico.

El 16 de marzo de 2009, militares opuestos al gobierno de Marc Ravalomanana tomaron distintos edificios estatales, incluido el Banco Central. Al día siguiente, el gobernante dimitió y cedió sus poderes a un consejo militar, fiel a sí mismo, encabezado por el vicealmirante Hyppolite Ramaroson.

No obstante, la mayoría de la cúpula militar consideró una maniobra la acción de Ravalomanana, y en consecuencia, respaldó al alcalde de Antananarivo, Rajoelina, como presidente de un gobierno de transición. Rajoelina designó a Monja Roindefo como primer ministro, anunció comicios para dentro de dos años y modificaciones a la Constitución.

La Unión Europea no reconoce al nuevo gobierno por considerar que fue instalado por la fuerza, mientras la Unión Africana suspendió la membresía de esta nación el 20 de marzo de 2010.

Aunque varios gobiernos extranjeros evitaron legitimar este régimen, la Corte Constitucional reconoció en un documento la orden de traspaso de poderes del directorio militar.

* El autor es periodista de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.

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Angola 2010: estreno de una Constitución y avances económicos

Oscar Bravo Fong *

La aprobación de una nueva Constitución, la Copa Africana de Naciones de Fútbol y avances económicos y sociales, marcaron con mayor fuerza este año 2010 en Angola, país africano en vías de desarrollo.

En enero último la Asamblea Nacional dio luz verde a una Carta Magna, que con posterioridad resultó promulgada por el presidente de la República, José Eduardo Dos Santos. Teníamos una ley constitucional provisional que regía desde 1992, cuando cambió el sistema político en Angola con la realización de las primeras elecciones generales, afirmó a Prensa Latina el diputado Francisco de Castro María, presidente de la Sexta Comisión.

Luego de que comenzara a regir la flamante Ley de Leyes, autoridades gubernamentales apreciaron que ese instrumento refleja el empeño de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento y las aspiraciones del pueblo angoleño.

Como hecho significativo, 228 de los 244 artículos de la Carta Magna resultaron suscritos por consenso de los integrantes de la Comisión Constitucional, tras conformarse con las propuestas de partidos políticos, diversas organizaciones y la sociedad civil.

Al presentar el texto ante el Parlamento, el presidente de la Comisión Constitucional, Bornito de Souza, manifestó que el documento consagra la democracia pluralista y el primado de la ley.

También estableció, entre otros aspectos, un Ejecutivo asentado en una matriz presidencialista parlamentaria, basada en el sufragio universal, libre, igual, directo, secreto y periódico, con participación ciudadana.

En el marco de la Ley Magna, el Ejecutivo procedió a la nominación de un nuevo elenco gubernamental, con destaque para el vicepresidente de la República, Fernando Piedade Dias dos Santos.

Este año también se renovó el Ministerio de Relaciones Exteriores, con la designación de George Rebelo Chicoty para el cargo de canciller, en reemplazo de Asunçao Afonso dos Anjos, exonerado por alegadas razones personales.

Angola, país con unos 17 millones de habitantes, fue sede, por otra parte, de la 27 Copa Africana de Naciones de Fútbol, que con la participación de 16 equipos, se jugó del 10 al 31 de Enero en las ciudades de Luanda, Benguela, Cabinda y Lubango.

La lid se desarrolló sin mayores contratiempos, pese a que la selección de Togo se retiró del evento tras sufrir un ataque de un grupo terrorista armado en los límites de Cabinda con países vecinos de Angola, que dejó un saldo de un muerto y varios heridos.

A la postre, los Faraones Egipcios se proclamaron campeones del torneo al derrotar en el partido final a su similar de Ghana 1-0 gol, triunfo que les permitió retener el título por séptima ocasión en copas africanas.

La importante cita deportiva dejó como saldo global, además del sabor del disfrute, nuevos estadios e instalaciones que conceden a Angola la posibilidad de desarrollar el deporte en múltiples disciplinas, entre ellas el fútbol, el atletismo y el baloncesto.

Esas obras son parte del semillero de construcciones civiles, incluidas carreteras, que se erigen por doquier en las 18 provincias de este país africano, comprometido con la construcción de un millón de viviendas para necesitados hasta 2012.

De cara al desarrollo y como parte de la diversificación económica, este Estado bordeado por el océano Atlántico, al tiempo que aumenta su producción petrolera (segundo país de África) y de diamantes, impulsa la agricultura y sectores industriales.

En consonancia con esos avances, todo indica que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) previsto para 2011 en Angola será del 7,6 por ciento, superior al 6,7 por ciento registrado el actual año 2010, según el Ministerio de Finanzas. El índice de inflación acumulado para el próximo año, por otro lado, podría ser del 12 por ciento, un punto porcentual por debajo del registro del pasado año.

Al calor de un intenso proceso de reconstrucción nacional, tras la paz alcanzada hace ocho años, Angola tiene importantes retos como bajar la tasa de mortalidad infantil ya que aún uno de cada cuatro niños muere antes de cumplir los cinco años de edad.

Encara, al mismo tiempo, la alfabetización de miles de iletrados, lo cual al tiempo que significa crecimiento espiritual para esas personas, deviene importante fuerza para una fase superior de avance del país.

Múltiples son los esfuerzos del gobierno por mejorar la salud de la población, como el emprendimiento de campañas de vacunación contra la poliomielitis y el cólera, y la lucha por erradicar la pobreza social, que padece un tercio de la población de este territorio africano.

Para citar un ejemplo, el presupuesto asignado a la salud para el próximo año es un cinco por ciento superior al del actual, lo que significa 300 millones de dólares más. A ello se agrega la puesta en marcha por el gobierno de un programa de atención primaria de salud, que beneficiará a las comunidades rurales más desfavorecidas.

Asentada en una compleja economía de mercado, Angola tiene entre sus objetivos aumentar los niveles de empleo, garantizar un ritmo de desarrollo económico sostenido, y lograr la transformación y diversificación de las estructuras en ese campo.

Dentro de esa proyección se inscribe el esfuerzo por mejorar la calidad de vida de los angoleños, estimular el empresariado nacional y reforzar la integración competitiva del país, en medio de un escenario internacional marcado por una acentuada crisis económico-financiera.

* El autor es corresponsal de Prensa Latina en Angola.

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Francia: Un vistazo a su imperio en África

Roberto Correa Wilson *

En el siglo XIX Francia había consolidado un notable imperio colonial en África, cuyas posesiones se extendían a casi todas sus regiones, aunque con particular énfasis en el África Occidental, islas del Océano Indico y el norte continental.

Un imperio que por sus dimensiones sólo fue comparable con el de Gran Bretaña en la región. Los enfrentamientos territoriales entre las potencias europeas condujeron al reparto oficial de África en la Conferencia de Berlín (1884-1885) convocada por Leopoldo II, rey de Bélgica.

En otras partes del planeta la nación gala también poseía colonias, como en el Caribe o Asia. Las arcas de París se nutrían de las riquezas que provenían de esas zonas plagadas de países empobrecidos a causa de la explotación.

La relación de Francia con África se inició con la participación de muchos de sus ciudadanos desde el siglo XVI en la trata de esclavos enviados a las plantaciones en Haití, Guadalupe, Martinica, y otras posesiones en el Caribe y Guayana, en América del Sur.

En 1834 la Corona británica prohibió el comercio de esclavos en sus colonias al estar en curso la Revolución Industrial. Londres decidió perseguir a los violadores de la norma y con ese objetivo instaló bases navales en África. Francia se sumó a esos propósitos y en algunas zonas las autoridades cooperaron con las fuerzas punitivas británicas.

En la nueva coyuntura política económica que vivía Europa no era conveniente el régimen esclavista cediendo su espacio a la explotación colonial.

Francia retuvo su mayor número de posesiones en el occidente y centro del continente donde alrededor de una docena de naciones, algunas con territorios varias veces superiores al de la metrópoli, fueron convertidas en colonias, e implantó una explotación tan cruel como la esclavitud.

El dominio galo se impuso en Alto Volta y Dahomey (Burkina Faso y Benin, respectivamente, después de la independencia), las actuales República del Congo, República Centroafricana, Costa de Marfil, Senegal, Chad, Gabón, Malí, Níger y Togo.

Ciudadanos franceses se apoderaron de las mejores tierras desplazando a la población nativa, controlaron el comercio y la actividad económica de esas naciones. Atraídas por las inmensas riquezas minerales y forestales arribaron las compañías que impusieron un sistema laboral de semiesclavitud.

En el plano político, París creó la denominada África Occidental francesa que tenía como centro las decisiones del gobierno francés, ejecutadas por un gobernador general – también francés – sin participación de los nacionales.

Esa situación generaba descontento e inconformidad en la población, que en su propia tierra carecía de derechos elementales, debía obedecer órdenes de un extranjero despótico que reprimía con extrema crueldad las acciones de protesta o rebeldía. En esa región está Camerún que fue conquistada por Alemania.

Después de la derrota germana en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la nación europea perdió sus posesiones en África.

Camerún fue dividido y adjudicado como mandato de la Sociedad de las Naciones (antecesora de la actual Organización de Naciones Unidas). El occidente de ese territorio pasó a poder de Gran Bretaña y el oriente quedó bajo la autoridad de Francia.

Cuerno de África y el Indico

En el otro extremo del África Subsahariana está ubicado el Cuerno Africano, y encerrado entre Etiopía, Somalia y el Golfo de Adén se encuentra Djibuti. Desde mediados del siglo XIX, Francia se posesionó en el pequeño país.

Casi a fines de ese siglo decidió darle un estatus colonial bajo el pomposo nombre de Costa Francesa de los Somalies y Dependencias, y posteriormente como en la actualidad se conoce. Más al sur, en pleno Océano Indico, Madagascar se muestra como la cuarta mayor isla del planeta y la más extensa de África.

En 1885 Francia se arrogó por la fuerza un mandato de protectorado, reconocido por su opositora, Gran Bretaña, a cambio de concesiones en otras partes del continente. Después, al exigir Francia un dominio total sobre el país por medio de un ultimátum, la población malgache se sublevó pero fue derrotada.

Tras nuevos levantamientos, todos ahogados en sangre, la enorme ínsula se convirtió en colonia de París. Al noroeste de Madagascar se ubica la diminuta Seychelles.

La primera expedición francesa de conquista arribó a esas islas en el siglo XVIII, pero en el escenario de guerra de rapiña en que los colonialistas habían convertido a África, antes de finalizar esa centuria, en un episodio bélico de poca monta, Gran Bretaña le arrebató Seychelles a Francia.

De mayor envergadura fue la batalla por la conquista colonial de Mauricio a mil cien kilómetros al este de Madagascar. Primero llegaron los holandeses, quienes dieron el nombre actual al país, y fueron expulsados. Los franceses reclamaron esa posesión y Holanda, más débil militarmente, no pudo sostenerla. Igual suerte corrió Francia frente a Gran Bretaña.

París declaró a la isla su colonia, y sirvió como base naval durante las guerras napoleónicas, y sus ciudadanos se establecieron en el territorio, pero Gran Bretaña se apoderó de Mauricio después de violentas batallas. Francia fue derrotada por su archienemiga en aventuras coloniales.

Cuatro naciones del noroeste y norte de África colindantes con el desierto del Sahara fueron colonias de Francia: Mauritania cuyo territorio está casi totalmente inmerso en el gran arenal; Túnez, el más septentrional de los países africanos, Marruecos y Argelia, esta última, la segunda nación del continente por su extensión territorial después de Sudán.

El imperio francés, que sembró tanto dolor, sufrimiento y muerte en África fue tan vasto y en tan disímiles regiones que cuando los primeros rayos de sol anunciaban el nuevo día en Madagascar, en el oriente, las últimas sombras de la noche apenas habían abandonado totalmente las colonia en el occidente.

* Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.