Hermano presidente: A propósito de su defensa a ultranza de las Fuerzas Armadas (FA) y su insistencia en que los crímenes de lesa humanidad cometidos por militares durante las dictaduras fueron sólo producto de la “obediencia debida”, me dirijo a Ud. con todo el respeto que me merece su investidura pero también con todo el respeto que me merece mi conciencia. Una conciencia limpia, con una vida de lucha por la justicia y por un mundo mejor; utopía y práctica que me llevó primero a las mazmorras del dictador Hugo Banzer y luego al exilio en el golpe de García Mesa.

Al amparo de esa conciencia, no sólo, presidente, le di mi voto con esperanza de tiempos mejores, sino que regresé a Bolivia para dar lo mejor de mí en ese proceso tan caro a la vida y lucha de nuestro pueblo y tan propio de él.

Como Ud. ha dicho muchas veces, todo cambio, nuestro país se lo debe a la vida y sangre de sus mártires y a quienes lucharon y luchan por frenar al oscurantismo, la depredación social y moral y la política delincuencial que asoló a nuestro país por décadas y hasta siglos. Política delincuencial que ahora parecería que sólo perteneció a los gobiernos neoliberales de los últimos 30 años y no a la que asoló a Bolivia por larga data y que –a partir de la república- tuvo sus peores momentos en las dos décadas de regímenes militares instalados en el poder con golpes de Estado.

Desde mi ética política, no comparto el pragmatismo político, menos aún el pragmatismo ahistórico, pero podría entender que desde esa óptica usted quiera tener contentos a los militares en la búsqueda de fórmulas que eviten que estos repitan su experiencia e historia de golpes de Estado y en esa línea los quiera tener felices premiándolos por no dar un golpe cuando, el 2008, la más recalcitrante derecha fascista del país quiso sacarlo del lugar donde legítimamente lo puso el voto popular.

Puedo entender su intención, pero permítame preguntarle ¿por qué hay que premiar a una institución por el sólo hecho de cumplir con su más básico y sagrado deber, por simplemente respetar la Constitución? ¿No es acaso un premio precisamente porque sabe que esa institución puede y tiene la potencialidad armada y la experiencia histórica para volver a hacer del país un prisionero de espurios intereses cuando sus propios intereses lo estimen? Si no es así ¿Por qué otorgarles un premio por cumplir con su deber? ¿Se borra a la historia sólo con la palabra de un líder, por más legítimo que sea?, ¿se controla a los criminales con halagos o se los controla haciendo justicia a sus crímenes, sanando el pasado y enseñando al futuro nuevas éticas sociales?

Los guardianes de la democracia no son ni pueden ser las armas ni quienes las poseen. No se puede hacer jugar, una vez más, un rol político a las armas forzando su adscripción a doctrinas políticas y menos a nombre de la democracia y del cambio. El verdadero guardián de la democracia es un pueblo consciente, que construye su sociedad en permanente y libre debate de opiniones, que conoce y analiza críticamente su historia y su pasado, que ha aprendido a no confundir el recuerdo con la memoria y que ha sanado sus heridas con actos de justicia y reparación (justicia y reparación, los dos principios de la justicia comunitaria). Los momentos democráticos de nuestra historia se hicieron en contra de las fuerzas armadas, a pesar de sus masacres y represiones y los construyó el pueblo en lucha con su sangre y sacrificio.

Pero además, presidente, premiarlos con una Orden al mérito democrático que lleva el nombre de Marcelo Quiroga, un líder socialista que desaparecieron las propias FA, no sólo es como que el gobierno Argentino premiara a sus militares con una Orden al mérito democrático que se llamara “30 mil desaparecidos” o que Chile premiara a sus fuerzas armadas –ya que ahora se están portando bien-, con una orden “Salvador Allende”, es además una afrenta, una tenebrosa burla al propio Marcelo que dio su vida combatiendo contra el poder de las armas y por instaurar el poder de la inteligencia, la conciencia, la libertad, la solidaridad y el amor. Le aseguro que ni el actual gobierno derechista chileno, hijo y heredero en democracia del gobierno pinochetista, se atrevería a hacer eso, hasta ellos han aprendido a mantener un poco de recato.

Usted afirma, señor presidente, que los golpes de Estado no fueron acto de las FA como institución sino sólo de algunos militares a título individual. Eso significa entonces, Sr. Presidente, ¿que esos cientos y cientos de uniformados y no uniformados pagados por las nóminas del ejército, que secuestraron, mataron, torturaron, hicieron desaparecer a muchos hermanos y hermanas, asolaron nuestras calles, allanaron nuestras casas, traficaron droga, nombraron generales honorarios a criminales nazis, intercambiaron información de inteligencia y personal uniformado con las dictaduras vecinas, que hicieron terrorismo de Estado, “sólo cumplían órdenes”?

¿Porqué un líder como usted que reivindica las palabras justicia y cambio repite la argumentación de los neoliberales y derechistas argentinos Raúl Alfonsín y Carlos Menem para evitar no sólo los juicios contra los hechores sino también el juicio de la historia contra las FA? Ante esta argumentación permítame recordar las palabras de Madres de Plaza de Mayo cuando dijeron, “Argüir la obediencia debida es usar los mismos argumentos que los asesinos de Auschwitz en el proceso de Frankfurt , quienes basaron su defensa en ese único punto: “cumplíamos ordenes”. ¿Puede haber, Presidente, una verdadera revolución que se olvida de la historia y la repite?

Usted insiste y reitera que no puede haber desclasificación de los archivos militares porque ya no existen documentos probatorios, que éstos fueron destruidos por orden de García Mesa y Arce Gómez, que usted ya lo averiguó y que está seguro de eso. Es decir, eso ya pasó, ya no existe nada y Punto Final.

Usted es el Comandante en jefe de las FA, y tiene toda la autoridad para pedir información y sin duda recibirá las respuestas que sus subordinados estimen convenientes y no dudamos que la respuesta recibida es la que Ud. afirma. Pero las víctimas y los familiares de desaparecidos vienen investigando por 30 y hasta 40 años y también tienen información, además de mucha y dolorosa práctica en las evasiones y falsas respuestas. Experiencia que Ud. no sólo no ha querido escuchar sino que repitiendo argumentos del fascismo cuando descalificaba a Madres de Plaza de Mayo con las palabras “las locas de mayo”, ahora descalifica la lucha por la justicia y contra el olvido en nuestro país acusándola de intereses políticos en su contra.

Si lo que usted busca son las declaraciones en las torturas o las órdenes directas de prisión, desaparición o asesinato, es posible –tal vez- que ya no existan. Pero no es eso lo que hay que desclasificar para tener información que ayude primero a terminar con el delito imprescriptible y permanente de la desaparición y luego a hacer justicia. Como comandante en Jefe Ud. debe saber que el servicio militar se maneja con el escalafón, las hojas de trabajo de cada miembro, los reportes diarios que se dan, los pagos recibidos; que los ascensos y movimientos de oficiales y suboficiales se hacen con base en la currícula de cada militar con sus misiones y órdenes cumplidas. Ud. debe saber que las FA mantienen una contabilidad y un archivo administrativo, órdenes de pago y órdenes de trabajo, allí están las claves, allí están los documentos del escalafón que sí existen y que han resultado clasificados ilegalmente y en los hechos, ya que por ley –debe Ud. saberlo- toda documentación del Estado pasa a ser pública a los 20 años. Allí están los documentos probatorios donde hilar las responsabilidades. Estos no pueden haber desaparecido porque de ellos depende la vida profesional de cada militar, su grado, su salario. Esa documentación está ahí y lo estará aunque usted no quiera verlos ni que se vean.

Obediencia Debida y Punto Final, con los cuales Ud. indulta en los hechos a quienes cometieron los peores crímenes, los de lesa humanidad, eximiéndolos de toda responsabilidad, no sólo jurídica sino histórica y les permite andar libres por las calles como lo hace Felipe Froilán Molina Bustamante, “el killer”, interventor directo en el asesinato de Marcelo Quiroga y Carlos Flores. Con sus argumentos está usted indultando a decenas y decenas de asesinos, golpistas, militares y paramilitares, que viven felices mientras los familiares viven la tortura de andar por los pasillos de la justicia.

Ud. es presidente con un apoyo nunca visto en nuestra historia, como individuo tiene Ud. el mismo derecho que todos a tener su opinión personal, pero Ud. es presidente del Estado Plurinacional, no puede Ud. juzgar, indultar y eximir de responsabilidades penales y judiciales a quienes cometieron delitos de tanta gravedad. Nada ni nadie le da esa autoridad.

La impunidad, la obediencia debida, el punto final y los indultos explícitos o implícitos son la renuncia a la justicia y a la sanación social. Sus consecuencias afectan a la sociedad en su conjunto. Es la institucionalización de la injusticia por quienes están llamados a hacer justicia. Y lo peor de todo, a nombre del cambio, de la revolución, del vivir bien.

El NUNCA MÁS, en este caso el evitar que su legítimo gobierno sea destituido por la fuerza de la sinrazón y las armas, no se construye con premios que echan sal en las heridas, no se lo hace con halagos y gratuitos regalos, con argumentos de obediencia debida y punto final ni con perdones extrajudiciales, se lo construye con justicia, con memoria, con verdad, con actos reparadores de la dignidad y el valor inherente a cada ser humano, como dicen la Declaración Universal de Derechos Humanos y todos los convenios internacionales en la materia signados por Bolivia.

¿De qué democracia se nos habla cuando los criminales pasean por las calles, los responsables son indultados por la palabra de un líder, a la memoria se la suplanta por un pragmático deseo de olvido, a la justicia por la adulación, mientras cientos de tumbas siguen vacías?

Sería bueno, presidente Evo, no sólo una respuesta política y descalificadora a todas estas interrogantes en tres frases de una apurada conferencia de prensa, sino un diálogo abierto sobre estos temas, un diálogo sin temor y de cara a la sociedad y a los mártires que dieron su vida para que usted esté donde está, pero sobre todo, para abrir las grandes alamedas a reales posibilidades de un futuro mejor.

* Esta carta fue leída durante la conferencia de prensa en la que los familiares de desaparecidos políticos desmintieron el argumento del presidente de “seamos serios, ya no hay documentos que desclasificar” y presentaron un legajo de documentos secretos, “llegados a sus manos por el Wikyliks boliviano”, que se encuentran entre los archivos secretos que las fuerzas armadas se niegan a mostrar al país. Entre ellos documentos del Estado Mayor Militar donde se demuestra el intercambio de oficiales con las dictaduras del cono sur y un legajo de documentos que muestra el espionaje que se hacía a Marcelo Quiroga Santa Cruz, todos los cuales podrán ser consultados en el sitio: www.mujeresporjusticia.org