(APe).- Apenas un encendedor corta la oscuridad. Una luna flaquita, en creciente, no aporta mucho para que ella tenga alguna certeza de que las sombras que van y vienen, las corridas y los tiros no vayan a rozar a sus criaturas. Las sostiene entre los brazos, las manos como tenazas. No tiene leche para darles. Y sabe que en cualquier momento deberá correr, con la traba de sus polleras, y cargarlas como se pueda. No sabe de quiénes tiene que huir. Pero deberá correr. Con la angustia de que no habrá una casa donde entrar y cerrar con llave y resguardarse en un calorcito que es propio.

Esa noche hubo muertos. Ella vivía entre cuatro chapas alquiladas en la Villa 20 y le dijeron que loteaban el Parque Indoamericano. Si al final era un basural. Un depósito de autos viejos. Un pastizal de ratas y mosquerío. Si loteaban había que estar, elegir un lugar y sentarse a esperar. Llevarse una lona y armarse un techito, hasta que empezaran a construir. Nadie tiene casa por ahí. Había que apurarse.

No sabe qué pasó de pronto. Cuando aparecieron las hordas armadas. Cuando la policía empezó a tirar desde el puente. Y cayó el marido de su vecina. Y la mujer que vivía cerca de su casilla. Y ella corrió, corrió con sus cachorros alzados y tapadas las caritas con sus manos que parecían veinte manos pero eran dos, sólo dos para cuidarlos de las piedras y las balas. En la Villa 20 viven unas 25 mil personas en casillas de cuatro por cuatro. Pagan 700 pesos de alquiler. Se les va el ingreso en la renta. Hacinados, enfermos, atrapados por la telaraña política y criminal, saben que jamás saldrán de allí. Viven junto al cementerio de autos de la Policía Federal. La mayoría de los chicos tienen altos niveles de plomo en la sangre. Nacieron de padres que vivían en una villa. Y sus hijos acaso mueran de viejos o de un balazo en los mismos pasillos, pateando una pelota contra un paredón. Soñando con ser Carlitos Tévez y aferrarse a un rayo de la luna esquiva y bajarse en otro mundo.

Alguien apareció en la semana y les dijo que lotearían el Parque Indoamericano. Les cobró por parcelas que son fiscales. Y ellos fueron en catarata a ocupar el lugar para que otro no se lo birlara después. Todo lo que creen propio es así: arrebatable en las primeras de cambio. Hubo un plan para construir 1.600 casas y nunca se levantó una sola. El gobierno de la Ciudad ejecutó apenas el 16,8% del presupuesto para vivienda previsto para 2010. El gobierno de la Ciudad no mira hacia las villas. No las ve. Están definitivamente excluidas, caídas de la capital esplendorosa de Puerto Madero. Pero existen. En los arrabales del oropel. Como símbolo atroz de la desigualdad.

Cuando empezaron los tiros empezó a correr. Tiene la cara redonda y oscura. Con los ojos pequeños y la palabra corta. Se llevaba los críos bajo el brazo. Corría y por su cabeza desgranaba las fotos de su historia. El hambre en Bolivia, el cruce de la frontera, la búsqueda de un lugar en el mundo, la llegada a la capital. Donde están la vida, las cámaras, dios. Las villas y los asentamientos crecieron, según el censo de octubre, un 50% desde 2001 en la Capital Federal. En los asentamientos la mayoría son migrantes de los países vecinos. Si en diez años la marginalidad brutal y la carencia de una casita donde asentar los huesos a la hora de descansar aumentaron exponencialmente el Estado fracasó. La política fracasó. Y la lógica de dominación que necesita de excluidos fuera de toda estructura engorda victoriosamente como el rey Minos en el corazón del laberinto.

Hay catorce villas y 57 asentamientos. En total son 150 mil personas. Es el 5 por ciento de la población porteña.

Ella corría en la noche, bajo la lucecita avara de la luna en creciente, con las criaturas atenazadas contra su cuerpo. Ella es parte de la “inmigración descontrolada” a la que Mauricio Macri culpó de todos los males, incluida la delincuencia y el narcotráfico. Arrastrado por su propia ideología berlusconiana, lepeniana y bebedora del Tea Party norteamericano, no dudó en ser vocero de la xenofobia propia de la sociedad porteña, de legitimarla y encenderla hasta que muchos vecinos de Soldati se sintieran libres de emprenderla a pedradas contra los ocupadores de una tierra que no es de nadie.

Mientras ella corría en su propio desbande, esquivando los cascotes y escondiendo a sus hijos de la balacera el Estado se hacía añicos. La policía Federal tiró y se fue, mandada por nadie, con una autonomía que hiela la sangre. Y que deberán explicar sus responsables políticos nacionales, defensores a mansalva de una fuerza brutal y represora que disparó en Soldati y se hizo la distraída cuando una patota mató a Mariano Ferreyra. Entre las atrocidades más recientes.

Los punteros y barrabravas, delincuentes armados y legitimados por las dirigencias deportivas y políticas más encumbradas del país, golpearon, quemaron las carpas y las flacas pertenencias de los despojados, echaron a las ambulancias e impusieron su propia ley en un terreno que fue otro mundo, otro planeta, donde no quedó una mísera garantía en pie. Eran punteros macristas, kirchneristas, duhaldistas. Todos enviados por alguien. Buscando sembrar un caos sistemático y estratégico.

Mientras, Mauricio Macri se negaba rotundamente a dialogar con los pobres y los bolivianos. Y Cristina Fernández mantenía un silencio inexplicable. Con tres muertos o cuatro o quién sabe cuántos (¿alguien sabrá dónde fue a parar el cuerpo de chico arrancado de la ambulancia del SAME y linchado por decenas de patoteros? ¿alguien sabrá realmente si hubo tres, cuatro, cinco o seis muertos si son pobres, morochos, sin domicilio, sin documentos, sin identidad?). Con el incendio a unas decenas de cuadras CFK montó su celebración del Día de los Derechos Humanos cuando se violaban, a esa hora exacta de la historia, todos los derechos humanos posibles. Con el Estado en retirada. Con el histeriqueo político en el gran escenario de los medios y las redes sociales. Con Eduardo Duhalde pidiendo “orden” desde los Estados Unidos. Con el Gobierno desconfiando de su propia policía, a la que enalteció desde hace años y hoy descubre brutal y oscura.

Mientras tanto ella sigue huyendo de los golpes y las pedradas, en medio de la noche más noche. Corre en los arrabales de donde no podrá escapar. Ella y sus niños aferrados a sus polleras verdes y rojas, están condenados al desamparo transgeneracional, al uso y descarte, al ghetto de la miseria.

Si la luna es piadosa y le derrama un hilo de luz en la frente, le verá los dientes apretados. Cuando llegue el día, tendrá que buscar otra casa debajo del cielo.

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El parque está en orden

Como siempre señalo, el desenlace muestra la ideología del autor. Los diversos acontecimientos, anécdotas, episodios, pueden reflejar mas o menos de las intenciones ocultas o dispersas. Pero aun en el supuesto que el tiro del final no va a salir, lo que si va a salir para la cultura represora es una solución, que todavía puede no ser final, pero que siempre es letal para el anhelo de construcción de poder popular. En última instancia, quizá en primera instancia, de eso se trata siempre.

El Estado Siempre Presente, mas allá que cuando resuelve hacer más picardías de las tolerables dice que está ausente, toma la fuerza de sus ocasionales adversarios, para aumentar su propio poder. Que no es poco, ya que suma inmensos recursos económicos y financieros, un aparato de propaganda y difusión siempre listo y, la nada despreciable aunque en si misma despreciable, monopolio de la fuerza pública. Este monopolio también tiene sucursales: policía federal, metropolitana, bonaerense, side, barrabravas, y otras malas yerbas. Una de las formas de enfrentar al poder popular es corromperlo por dentro y por fuera.

La toma de tierras, los asentamientos urbanos, los saqueos, son señales intolerables para el Estado siempre Presente, especialmente cuando sobrepasan el folklórico minimalismo para inaugurar el siempre peligroso momento de la insurrección popular. El terror del Estado / Gobierno /Funcionariato es que algo de justicia, algo de salud, algo de bienestar, algo de educación, algo de poder, circule por fuera de sus territorios representativos, republicanos y democráticos y empiece a circular por fuerza de sus propios luchadores /militantes /activistas.

Corromper es degradar y para eso nada mejor que la didáctica de los punteros, los ventajeros de la ilusión ajena, los que han mejorado el “cuento del tío” en la fábula sádica de escrituras a futuro, alquileres extorsivos a presente. La mugre, la fetidez, el veneno, no es solamente de los terrenos. Nuestra democracia made in capitalismo serious, no ha podido lograr los antídotos necesarios contra la lógica perversa de la relación costo beneficio. Lo único que intenta es a través del llamado clientelismo, que no es otra cosa que un pacto perverso, ciertos beneficios primarios y secundarios para aquellos que no sacan los pies, ni las manos, ni las nalgas, del plato del Estado Siempre Presente. Incluso se llegan a formas cooperativas desde el Estado, con lo cual se corrompe la lógica cooperativa. O se bendicen algunos piqueteros y se maldicen otros, con lo cual se corrompe la lógica piquetera. Pero el mayor triunfo de haber puesto la casa en orden, es mostrar en vivo, en directo, mostrar a los muertos indirectos que osaron actuar sin Estado.

El mensaje mas reaccionario que escuchamos es, palabras mas, palabras menos, palabras al pedo, es: Sin estado la gente se mata. Entonces apadrinemos, amadrinemos, encerremos, censemos, escuchemos (pero poco) ataquemos, desalojemos, reprimamos, armemos, confundamos, abochornemos. Todo es negociable, pero el Estado debe quedar como Prenda de Paz, aunque todos sepamos que apenas puede ser la tanga de una tregua. Mientras los militantes son asesinados, Rafael Levy, Juan Carlos Lopez y tantos otros disfrutan de la impunidad con factor protección 50.

La lucha del Movimiento Cromagnon intenta con la fuerza de la verdad y de la dignidad, que ese factor de protección desaparezca. Pero el pez fascista por la boca mata. Entonces el Estado siempre Presente, travieso jodón que jugaba a esconderse, reaparece no ya con la Federal (¿se acuerdan cuando cantábamos que era la vergüenza nacional?) ni con la metropolitana (cana bien, pretenciosa y engrupida, garantía macrista de matar) y entonces insiste con la Gendarmeria. Como son terrenos inundables, también la Prefectura. Y en caso de tener que ocupar pozos ciegos, mandarán a los Buzos Tácticos sin olfato. Y el cerco perimetral, cárcel express, nadie entra, nadie sale, todas y todos se joden.

El Estado siempre Presente muestra su frac de gala: no hay arquitectos, educadores, médicos, enfermeros, psicólogos sociales, antropólogos, (y todos los oficios y profesiones útiles) sino que reaparece con sus galas: EL Monopolio de la Fuerza Pública. (fuerte ese aplauso reaccionario) La verdadera fuerza bruta. Ahora todo es claro, es simple. No es lo mismo los Altos de Palermo que Los Bajos de Soldati. Al carajo la legitimidad, lo que importa es la legalidad. Precaria, berreta, miserable, pero legalidad al fin. Préstamos, domicilios legalmente constituídos, amores que matan. Censos de último momento, racismos barridos, pero como no hay alfombra, quedan ahí, a cielo abierto. Como los basurales. Una sola enseñanza debemos hacer propia, los que todavía luchamos, cantamos sin necesidad de megarecitales, resistimos aunque el diario no hable de ti, ni de mí.

TODOS CONTRA EL MACRIFASCISMO. Pero no cualquiera todos. El ala derecha del kirchnerismo es un tero que no puede ser invitado. Bastante con haber dividido a la CTA, con la ayuda inestimable de no haber avalado su persona jurídica, entre otras travesuras. Pero toda la izquierda toda, incluso la k, y la de los proyectos al sur, y la clasista, cuanto mas combativa mejor, tiene una deuda política, ética, con los asesinados del Parque Indoamericano, con los cartoneros que siguen en su peregrinación nocturna hacia ninguna capilla, con los que duermen en los bajo autopistas, con las victimas de todas las formas de la trata. Basta de reina del plata. Luchemos para que nuevamente sea “nuestra tierra querida”.

El “imaginario social” de la comunicad organizada ha dado paso al “alucinatorio social” de la desaparición de la lucha de clases. Cualquier lectura de lo que pasó en el Parque, ahora ordenado, demuestra que no es así. Las clases cambian, la lucha continúa. Y esta lucha, cruel, mucha, solidaria, colectiva, permitirá, que la maldita casa del maldita capitalismo tenga su desorden final