Los glaciares de la Patagonia que cubren parte de Argentina y Chile, seguido de los de Alaska y sus cordilleras costeras han ido perdiendo masa más rápido y desde hace más tiempo que los glaciares en otras partes del mundo, concluye el informe “Los glaciares de alta montaña y el cambio climático – Desafíos para la Supervivencia y la Adaptación”, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en colaboración con científicos del Instituto Polar Noruego y Norut Alta.

La mayoría de los glaciares se han ido reduciendo desde el final de la Pequeña Edad de Hielo hace unos 150 años. Sin embargo, desde el comienzo de la década de 1980 el índice de pérdida de hielo ha aumentado considerablemente en muchas regiones, coincidiendo con un aumento de las temperaturas promedio del aire.

En algunas regiones, es muy probable que los glaciares desaparezcan en gran medida a finales de este siglo, mientras que la cobertura glaciar de otros persistirán, pero en forma reducida durante muchos siglos, alerta el informe del PNUMA.

El tercero más rápido en pérdida es uno de los glaciares en el noroeste de Estados Unidos y el Suroeste de Canadá, seguido por los de las altas montañas de Asia, incluyendo la región del Hindu Kush del Himalaya, el Ártico y los Andes.

En general los glaciares de Europa han estado aumentando su masa desde mediados de la década de 1970, pero esta tendencia cambió en torno al año 2000.

Si bien la tendencia general decrece, los niveles más altos de precipitaciones en algunos lugares han aumentado la masa y en algunos casos el tamaño de los glaciares, en particular en el oeste de Noruega, al sur de Nueva Zelanda y en algunas partes de Tierra de Fuego en Sudamérica.

Algunas cadenas montañosas están experimentando aparentemente efectos contradictorios. En áreas más pequeñas de la cadena del Karakorum, en Asia, por ejemplo, los glaciares han ido avanzando incluso hasta zonas que habían estado libres de hielo desde hacía unos 50 años. Mientras tanto, en zonas del norte del Karakorum y la mayoría de Tíbet, Tian Shan y el Himalaya, los glaciares están de hecho retrocediendo, y algunos rápidamente.

“La suma de conocimientos nos muestra una tendencia general clara de que el derretimiento de glaciares está ligada al calentamiento climático y quizás a otros impactos, como el del depósito de hollín que reduce el reflejo del calor al espacio”, dice el subsecretario General de la ONU y director Ejecutivo del PNUMA Achim Steiner. (*)

“Este informe subraya una tendencia global, observada durante muchas décadas en diversas partes del globo, que tiene implicaciones a corto y largo plazo para un número considerable de personas en lo que se refiere a suministros de agua y vulnerabilidad”, comenta.

El derretimiento de los glaciares podría causar, tal vez en cuestión de unas pocas décadas, una reducción en la disponibilidad de agua en algunas zonas secas, como en Asia Central y partes de los Andes, dice el informe.

En las regiones secas de Asia Central, Chile, Argentina y Perú, donde hay pocas lluvias y precipitaciones, el retroceso de los glaciares tendrá un impacto mucho mayor en la disponibilidad estacional de agua que en Europa o en partes de Asia, donde las lluvias del monzón desempeñan un papel mucho más destacado en el ciclo del agua.

Muchos glaciares pueden tardar siglos en desaparecer completamente, pero muchos de los que están a baja altura, glaciares más pequeños, que a menudo son fuentes esenciales de agua en las tierras secas, se están derritiendo mucho más rápido.

“Cuando los glaciares desaparecen, la gente, el ganado, las aves y los animales se ven obligados a moverse”, dice Christian Nellemann del centro de investigación del PNUMA-GRID-Arendal en Noruega. “Pero, irónicamente, una gran cantidad de personas mueren también en los desiertos por ahogamiento, cuando las lluvias cada vez más impredecibles causan inundaciones”.

Al fundirse los glaciares pueden formarse lagos por las paredes de barro, tierra y piedras reteniendo a veces millones de toneladas de agua que pueden poner en riesgo a los pobladores y la infraestructura como las centrales eléctricas.

En los últimos 40 años, los Vaciamientos Repentinos en los Lagos Glaciares – también conocidos como GLOFs, por sus siglas en inglés – se han incrementado, no sólo en China, Nepal y Bhután, sino también más recientemente en la Patagonia y en los Andes.

Cinco grandes inundaciones de este tipo tuvieron lugar en abril, octubre y diciembre de 2008 y nuevamente en marzo y septiembre de 2009 en el Campo de Hielo del Norte de la Patagonia, Chile. En cada ocasión, el lago Cachet 2, represado por el glaciar Colonia, liberó alrededor de 200 millones de toneladas de agua en el río Colonia. El lago se ha rellenado rápidamente desde entonces, los que indica un alto riesgo de más inundaciones de este tipo (GLOF).

Casi se ha duplicado la frecuencia de GLOF en la región Yarkant de Karakoram, China, de 0,4 veces al año entre 1959 y 1986 a 0,7 veces anualmente a partir de 1997-2006. Esto se ha atribuido a un calentamiento del clima.

En Bhután, el 7 de octubre de 1994, el lago glaciar Luggye Tsho en la región Lunana, reventó. El subsiguiente GLOF, que contenía un estimado de 18 millones de metros cúbicos de agua, escombros y árboles, se precipitó río abajo matando a más de 20 personas, y viajó más de 204 Km.

Más de 5000 personas mueren cada año en Asia por las inundaciones repentinas, y afectan a cientos de miles de personas en las regiones montañosas.

El desafío de las inundaciones de este tipo (GLOF) se suman a un contexto de creciente preocupación por los impactos de los fenómenos meteorológicos extremos como las inundaciones repentinas en las vidas y los medios de subsistencia. Cada año entre 100 y 250 millones de personas cada año son afectadas por las inundaciones.

El informe también pide más inversión en investigación y seguimiento de los glaciares. El estudio y modelización del corrimiento de los glaciares y los ríos y la variabilidad del análisis de futuros vinculados con el cambio climático es complejo pero necesario.

“Si el mundo se va enfrentar con el cambio climático, debemos también abordar la necesidad de programas dirigidos a las estrategias de adaptación para aumentar la resiliencia a largo plazo. La gente de a pie ya está teniendo que tomar decisiones y opciones difíciles ya que el clima cambia a su alrededor. Es hora de que los gobiernos y la comunidad internacional intensifiquen acciones en la reducción de emisiones y en apoyo de la adaptación”, agregó Steiner.

Impulsar la adaptación, incluida la reducción del riesgo para las personas, el ganado y la infraestructura, será cada vez más importante en un mundo limitado por el clima.

En lo que respecta al derretimiento de los glaciares y la formación de lagos de origen glaciar, la desviación del agua de estos lagos, es una acción de adaptación. Esto se ha realizado con éxito en los lagos de la Cordillera Blanca, Perú.

Proyectos similares se han llevado a cabo en los glaciares Tsho y Thorthormi y en Nepal y Bután, pero los costos y los retos técnicos en lugares remotos pueden ser elevados.

Las autoridades peruanas han tenido una experiencia considerable en la recuperación de los lagos glaciares, habiendo llevado a cabo los primeros trabajos en respuesta a la inundación catastrófica de Huaraz en 1941, que dio lugar a más de 5.000 víctimas mortales.

Fuente: http://www.unep.org

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* Si el sector industrial actúan de manera rápida y reduce sus emisiones de gases de efecto invernadero se podría salvar el hielo Ártico y los osos polares, indica un estudio de la Agencia de Investigación Geológica estadounidense, divulgado por la revista Nature. El informe advierte que los osos polares solo sobrevivirán si el crecimiento global de la temperatura se mantiene por debajo de 1,25 grados.

Los especialistas constataron que hay efectos capaces de retrasar los mecanismos de retroalimentación. Factores termodinámicos como el congelamiento rápido que se produce en aguas abiertas cuando las condiciones frías reaparecen en el otoño, es uno de ellos.
Ted Maksym, del Instituto Británico de Estudios Antárticos, coincide con esa tesis, y asegura son pocas las evidencias de que se haya llegado a un punto de inflexión en el Ártico, y que la batalla esté perdida. Julian Dowdeswell, del Instituto de Investigación Polar Scott de la Universidad de Cambridge, manifestó la importancia de comprender bien los fenómenos físicos del mundo natural para poder desarrollar modelos de predicción. Pero es igualmente importante recordar que son sólo modelos y no la realidad. Usualmente hay un abanico de futuros posibles más que un solo futuro, acotó.