El jueves, el secretario de Desarrollo Internacional Andrew Mitchell, prometió obtener fondos como sea para garantizar que se preste más atención a los países en desarrollo en las negociaciones sobre el clima. Pero es difícil imaginar cómo estos países pueden verse en mejor situación que el año pasado en la desastrosa cumbre climática de Copenhague; el problema estriba en que el gobierno británico no escucha.

Delegados de todo el mundo comienzan a llegar a Cancún para el seguimiento de Copenhague. Lo hacen, a la sombra del anuncio del Banco Mundial de 270 millones de dólares para tres países – Bangladesh, Nigeria y Tajikistán – para ayudarles a hacer frente a los efectos del cambio climático, por ejemplo protegiendo la línea costera o plantando especies más resistentes a las inundaciones.

Estos préstamos serán reforzados con otros y a fin de cuentas el dinero procede de los gobiernos de los países desarrollados como el del Reino Unido. El problema es que la mayor parte del dinero llegará no en forma de subsidios, sino de préstamos a bajo interés. El paquete total que se da a Bangladesh, por ejemplo, es de 624 millones de dólares, de los cuales el 92% es en forma de préstamos. Más de 150 millones de dólares de estos préstamos proceden del gobierno británico.

¿Por qué es esto un problema? Porque contradice el principio más importante por el que luchan los países en desarrollo en las negociaciones sobre el clima – que los países ricos no solamente deben reducir sustancialmente sus emisiones sino que deben pagar también para que los países más pobres puedan reparar la devastación causada por el cambio climático, por no decir ayudar a estos países a desarrollarse de una forma más sostenible desde el momento en que se les niega el “desarrollo barato” que ha propulsado la riqueza en Occidente.

Por el contrario, el ofrecimiento de préstamos apunta a que los países en desarrollo paguen el doble – primero, porque están sufriendo las peores consecuencias del cambio climático y segundo, porque tienen que pagar por todo este caos devolviendo el préstamo. Esta es la razón por la que los países en desarrollo y los grupos que organizan campañas están unidos en considerar que estos préstamos son completamente inaceptables.

Los países en desarrollo implicados en este primer tramo de financiación no pueden considerarse otra cosa que muy pobres. Todos entran en la categoría de baja renta. Bangladesh ya tiene una deuda elevada – 23.600 millones de dólares y en crecimiento, a pesar de que el país está pagando más de 1.000 millones de dólares al año por el servicio de la misma.

Nigeria debe mucho menos – pero sólo porque recibió más de 1.000 millones dólares por condonación de deuda en 2004 después de luchar contra deudas injustas durante más de una década. Mientras tanto, Tajikistan – a quien se le ofreció un préstamo, pero según creemos lo rechazó – ya se encuentra en alto riesgo de una crisis de deuda, según el Fondo Monetario Internacional.

Forzar a estos países a pagar su propio saneamiento es como irrumpir en la casa de tu vecino causando una devastación y prestarle dinero para que llame a los empleados de la limpieza.

Los fondos del Reino Unido se canalizan a través del Banco Mundial, más bien que a través de un fondo especial de Naciones Unidas que ha sido creado por un acuerdo internacional. Esto también es contestable. El Fondo UN tiene un único método, de arriba hacia abajo, de financiación – cualquier país puede formular una petición y dicho país mantiene una gran parte del control sobre la ejecución del proyecto.

El Banco Mundial, por otro lado, actúa de arriba hacia abajo – seleccionando a los países que recibirán financiación climática – siendo, hipócritamente, uno de los mayores sustentadores mundiales de proyectos de combustibles fósiles. En realidad el Reino Unido ha hecho que la financiación del Banco Mundial sea peor de lo que de otro modo habría sido; el Banco dice que la única razón por la que está concediendo préstamos es porque el Reino Unido ha ofrecido su dinero como capital, en vez de cómo donación.

Nada de eso concuerda con los compromisos pre-electorales de los partidos gobernantes. La política del partido Liberal Demócrata es “apoyar al Fondo de Adaptación de UN” y conceder “subvenciones a las comunidades vulnerables al impacto del cambio climático sin incrementar el fardo de los países endeudados”. La política del partido Conservador es “continuar, en la medida de lo posible, dando ayuda en forma de subvenciones, no préstamos” y “animar a otros donantes” a hacer lo mismo.

Quizás no haya que extrañarse de que las expectativas se estén controlando fuertemente antes de Cancún. Pero no pretendamos que ello es debido a que los países en desarrollo no pueden ser escuchados. Cualquier progreso hacia una solución climática justa depende de que los países ricos empiecen a escuchar lo más pronto posible.

* Nick Dearden es director de la Jubilee Debt Campaign. Fuente Counterpunch, 24 noviembre. Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga Tarré.