La pasada semana, la prensa nacional e internacional difundió las inesperadas palabras del Arzobispo de Cochabamba, Tito Solari, denunciando: “Niños del Chapare venden droga (cocaína) en las puertas de los autobuses, en el trópico de Cochabamba”. ¡Pero sin ninguna prueba!

¿Qué está detrás de esta denuncia infundada? ¿Será sólo un ensayo más para desprestigiar al “irrespetuoso” gobierno de Morales, cuya Galilea es el trópico cochabambino? ¿O será que la jerarquía católica boliviana asumió la lucha contra el narcotráfico y el lavado de dinero como una real opción pastoral?

La jerarquía católica fue condescendiente con los narcotraficantes y con el narco Estado que se instauró en la década de los 70 del pasado siglo en Bolivia. Congregaciones de religiosas, como las Adoratrices, recibieron terrenos fiscales en las dictaduras de Banzer y García Meza (narco dictaduras). Para no hacer mucho esfuerzo histórico, ahora, en México y en Colombia, muchísimas capillas y templos católicos son construidos con donativos millonarios de “piadosos” narcos “católicos”. Y los jerarcas, lo único que dicen es: “No somos fiscalía del Estado para averiguar de dónde vienen dichos dineros”. ¡La lucha contra las drogas no es una opción pastoral de la Iglesia Católica!

Desde el mes de septiembre pasado, el Presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR, Banco del Vaticano, luego de la quiebra escandalosa del Banco Ambrosiano, 1982), Ettore Gotti Tedeschi, junto a su Director, está siendo investigado por la fiscalía de Italia por la incautación de 23 millones de euros, no declarados, destinados a IOR. Es decir, por lavado de dinero. Éste economista y banquero goza del apoyo total del colegio cardenalicio para transparentar el manejo financiero del Vaticano. ¡Tampoco la lucha contra el lavado de dinero es una opción pastoral católica!

Para nadie es desconocido que la demencia de narcotraficante que utilizan incluso a niños para sus actividades criminales. Pero, denunciar que, ahora, niños chapareños venden cocaína como si fueran golosinas, no busca más que satanizar a los campesinos bolivianos que cultivan la hoja de coca. Debemos recordar que estos campesinos son las puntas de lanza que rompieron y rompen con el viejo sistema político-católico que destronó a la vieja élite del gobierno central. ¿Qué busca la jerarquía católica con esta denuncia que embarra el presente de las y los cocaleros y el futuro de la niñez y de la juventud del Trópico de Cochabamba?

Sin necesidad de hacer las elucubraciones de Dan Brown, algunos asesores de los obispos de Bolivia quieren disparar lejos, pero no saben hacia dónde disparan. ¿Recuerda Ud. aquella sentencia popular: “¡Es la venganza de la Mama Coca!” en los días posteriores a las elecciones del 2004? Entonces, era diciembre, y Morales, con guirnaldas de hojas de coca en el cuello, comenzaba sus apoteósicas victorias electorales sobre el sacrosanto poder político/católico en Bolivia. Muchos todavía atribuyen las recurrentes victorias electorales de los vencidos al poder mágico de la Mama Coca.

Y, pueda que así sea. La coca fue y es el alimento, el rito, el mito, la energía, el consuelo regenerativo, el cómplice de las y los vencidos. No por nada la Mama Coca es la “Biblia” del mundo Andino, porque las divinidades hablan a las y los andinos mediante la coca.

La batalla católica contra la hoja sagrada de la coca es tan añeja como la conquista misma. La Iglesia Católica, en 1567, en el II Concilio de Lima, condenó y proscribió la coca por “ser supersticiosa”. Aquella condena se debió a que la mística de la resistencia indígena (frente a la conquista y a la evangelización) estaba fundada en la cotidianidad ritual y nutricional de la coca.

Unos años después, el Virrey Toledo autorizó nuevamente el consumo de la coca porque sólo así se podía exprimir hasta las últimas moléculas de energías de los indios en los socavones mineros. En 1961, la ONU, incluyó la hoja de coca en la lista prohibida de estupefacientes, situación que el Gobierno de Morales busca revertir mediante la difusión de las propiedades nutricionales científicamente demostradas.

En este contexto histórico de la batalla occidental cristiana contra la coca, ¿cómo entender la denuncia contra los niños narcotraficantes, hijos/as de cocaleros de Bolivia?

De un tiempo a esta parte, la evangelización del mundo andino es prácticamente inconsistente. El cristianismo fue sólo un barniz sobre las espiritualidades originarias, y, ahora, con el fenómeno del proceso de la descolonización andina, dicho barniz se cae como escama dejando al descubierto el fracaso de la evangelización. Entonces, vuelven las cargas contra el motor de la resistencia y las espiritualidades andinas, como es la Mama Coca y en contra de sus hijos/as. Los detractores de la Mama Coca sienten que su poder no sólo fue expulsado del Palacio de Gobierno, sino también de las familias y de las espiritualidades indígenas. Por eso nuevamente quieren olear y sacramentar la criminalización de la coca. Incluso sabiendo que coca no es cocaína. Pero, estamos nosotras/os no para defenderla (porque lo sagrado no se defiende, se comparte) sino para denunciar y decir nuestra verdad sobre nuestro libro sagrado que es la Mama Coca.