No me cansaré de repetir que lo que invisibiliza la diversidad y definición de la existencia misma de los pueblos originarios está en el concepto peyorativo global de “indiocolonizado, diferente e inferior, estatuto de pueblo vencido ysubordinado”. De este modo “el colonizadorcontemporáneo” racio- naliza y justifica la dominación y su posición de privilegio.

Los Estados en su afán integracionista han promulgado leyes protectoras de los “indios” para salvarlos de sí mismos, que se acatanpero no se cumplen y ellos siguen sujetos a su antiguaservidumbre y a su secular pobreza. Cualquier acción en defensa de los pueblos originarios puede serdescalificada, considerada como paternalista, indigenista y segregacionista. Nuestra solidaridad debe estar orientada hacia la defensa de sus derechos humanos, así como a su participación real en la reglamentación de dichos derechos. Hacer compatibles el desarrollo, la modernidad con su identidad étnica, sus tradiciones y su continuidad histórica.

En el epicentro de su exterminio y miserables condiciones de vida contemporánea, está el despojo de sus tierras, como lo afirmara José Carlos Mariátegui“no se puede liquidar la servidumbre, que pesa sobre la raza indígena, sin liquidar el latifundio.”En lo referente a la protección y respeto de su patrimonio cultural (formas de vida) en elexpreso mandato constitucional venezolano,por distintas razones y sin malas intenciones, se hace todo lo contrario, se contradice la ley, cuando se les asignan, pequeñas porciones de tierra, parcelas, haciéndolos propietarios privados, cuando su ancestral forma de vida es lo comunitario, vivir en extensas comunidades donde la tierra, el agua, los frutos, el ganado, como el aire, es de todos.

Esto lo saben las autoridades, sin embargo, les resulta más cómodo y electoralmente más rentable dividir la tierra, por ejemplo, de los Yukpas, introduciendo la división entre ellos, favoreciendo a la derecha latifundista y al oportunismo político. Distinto y válido es el caso que unguarao, yanomami, cariña o yukpa viva en los ranchos de Petare, porque es trabajador en una fábrica de Caracas y se le haga propietario del suelo que habita.

Los pueblos originarios, han dejado de ser minorías remotas y pasivas, se interesan y están luchando, por su vida presente y el futuro del conjunto de la sociedad en que viven, en la que quieren verse, junto a los demás sectores, iguales en deberes y derechos pero culturalmente diversos. La pobreza, marginación, desprecio y agresión de que han sido objeto por más de cinco centenarios, no pueden continuar en sociedades que aspiran la justicia social.

Es una resistencia prolongada, sostenida a la que se suman, cada vez más, los pueblos con conciencia política de su existencia.

* Fuente: Barómetro Internacional, ortizpozo@gmail.com