La Habana.- En 1939 se hizo en los Estados Unidos una encuesta cuyo resultado sorprendió a muchos. La indagación no era acerca de la guerra inminente, sino sobre Mickey Mouse y Popeye. Por medio de la pesquisa se constató que la juventud del país prefería al marino violento de la voz nasal y no al suave ratón de palabra armoniosa.

Y es que las cosas no son como parecen ser. Por ejemplo, que el dibujante Max Fleischer era un imitador de Walt Disney, cuando en realidad el austríaco se anticipó más de dos años al que sería, sin duda, gran mago y a la vez gran técnico del dibujo animado. Sin olvidar que el europeo creo, igualmente, famosos personajes, como Popeye y Betty Boop.

Popeye se hizo popular primero en el comic. Más adelante alcanzó la fama el en dibujo animado. Y finalmente casi desparece cuando pasa al cine de ficción.

La creadora del personaje fue Elzie Crisler Segar, escritora de historietas. Su transitar a la animación se debió a Max Fleischer. Y el realizador que por poco lo mata fue Robert Altman, en complicidad con el actor Robin Williams.

El nombre de Popeye procede de “poop” (popa) y de “eye” (ojo). Es decir, ojo en la popa. Lo que pudiera interpretarse como que es un marinero que no cesa de fijar la vista en la popa porque la nostalgia del puerto, el llamado de tierra firme le subyuga.

Lo primero que llama la atención son sus inflados carrillos, gruesos antebrazos y eterna pipa de fumar. Es enemigo acérrimo de tonterías y deja oír una voz gangosa. Pero lo que más sorprende es que su fuerza muscular deriva de la transmisión digestiva de una lata de espinacas que siempre lleva consigo.

Popeye es en cada historia el hombre más o menos desvalido y hasta apaleado. Pero en el momento culminante de la acción emprende su defensa a base de puñetazos. De manera prodigiosa aparece en sus manos la lata salvadora que devora hasta sin necesidad de abrirla. Y el efecto es culminante. Cobra una energía nunca vista y lanza a los espacios siderales a Bluto, su gigantesco y barbudo antagonista.

Según algunos historiadores, lo de las espinacas le fue propuesto a Fleischer por dueños de la industria conservera de este producto agrícola. Realidad o leyenda, lo cierto es que la planta se hizo popular como símbolo de alimento altamente energético y el consumo del mismo, en particular entre los niños, alcanzó cifras espectaculares.

Popeye se inicia en el cine el año en que Roosevelt asume la presidencia. Producto genuino de la época, su personaje encarna de algún modo al estadounidense tranquilo, políticamente aislacionista, que cree en la libertad hasta que se siente provocado y obligado a la acción inmediata y, finalmente, triunfalista. Una exaltación del mito de la fuerza bruta, tan caro al espíritu norteño.

Por su parte, Betty Boop, la pizpireta mujercita con ricitos negros, mitad candorosa y mitad seductora, fue un personaje inspirado en otro real: la cantante Helen Kane. Una voz infantil que surgía de un robusto cuerpo. Una vocecita rítmica que decía cosas atrevidas, pero con tal prudencia que evitaba a los oyentes maliciosos murmurar una palabra indebida.

Después de la Primera Guerra, vivió exitosamente una temporada como cualquier melodía de jazz. Luego sueña con hacer fortuna en el cine pero no convence a Hollywood. Y justo cuando desparece, la pantalla muestra a un nuevo rostro dibujado por el malicioso lápiz de Fleischer: Betty Boop, su vivo retrato.

El éxito de este cuerpecito apenas cubierto, con figura de muñeca, es enorme. Es cierto que exhibe piernas bien torneadas, caderas firmes, cintura de avispa y su boca caprichosa. Pero sus grandes ojos son inocentes y su conducta irreprochable.

Sin embargo, los censores de Hays estimaron que Betty era demasiado atrevida. Demasiado pícara. Y la persiguieron durante años hasta que consiguieron borrarla de la lista de las estrellas y hacerla sucumbir.

Poco antes de desaparecer, había seducido al Reyecito, de Soglow (un nuevo aporte de Flesicher), y a Popeye, que debió renunciar a sus sueños y volver a casa donde le esperaba Rosario, su mujer. Y un plato de espinacas para seguir adelante.

* Historiador y crítico cubano de cine. Autor del primer diccionario de cine de América Latina.