La quinua es uno de los pocos cultivos que se desarrolla sin muchos inconvenientes en las condiciones extremas de clima y suelos del Altiplano Sur. Su grano se caracteriza por tener un alto valor nutricional gracias a que contiene importantes proteínas y aminoácidos (muy por encima que otros cereales como trigo, arroz y otros). Esta situación ha provocado un interés y demanda en el mercado internacional con precios muy atractivos para los productores, lo que ha provocado un incremento de las áreas de cultivo con ayuda de la mecanización del agro (sistema convencional) y la reducción marcada del sistema tradicional (remoción mínima del terreno).

A pesar de que la región tiene escasas precipitaciones (por debajo de 200mm), bajas temperaturas en gran parte del año y suelos de baja fertilidad natural, es sorprendente ver como este cultivo se desarrolla en estas condiciones donde:

La mayoría de los suelos del Intersalar, según diferentes estudios muestran que predominan son de textura arenosa (contenidos de arena por encima de los 75%) y contenidos importantes de grava (>30%), situación que hace que los suelos se encuentren gran parte del año con humedades escazas en razón de que no tienen una buena capacidad de retención de agua y nutrientes en su perfil.

Por otro lado, la reacción (pH) de estos suelos es fuertemente alcalina a moderadamente alcalina lo que incide en la disminución de la disponibilidad de algunos nutrientes como Mn, Cu, Zn, B y Fe, en general son suelos No Salinos.

De acuerdo a los estudios del PIEB (Orsag, et al 2010) en tres zonas de Quillacas, Bengal Vinto e Irpani, entre los minerales principales que presentan los suelos del área están las andesinas, sanidinas, labradoritas, muscovitas y biotitas, minerales que pertenecen al grupo de las plagioclasas, micas y otros, los mismos que contienen elementos mayoritarios (>2%) como el silicio, aluminio, hierro y por otro lado algunos nutrientes (elementos mayores) para las plantas como el potasio y calcio. Sin embargo, debido al déficit hídrico marcado que existe en la mayor parte del año y a las temperaturas bajas, gran parte de estos nutrientes no son muy disponibles para las plantas ya que la mineralización bajo estas condiciones es lenta.

Entre los elementos trazas (<0,2%) que destacan en estos minerales, se tiene a otros elementos mayores (nutrientes) importantes para la quinua como el fosforo y magnesio. También destacan algunos metales pesados como el plomo y cobre y por otro lado el sodio.

Debido a los contenidos muy bajos de arcilla (< 10%) y MO que presentan los suelos de la región, estos no forman agregados estables, condición importante para evitar el arrastre de las partículas del suelo por el viento o agua. Así mismo, estos bajos contenidos de coloides (inorgánicos y orgánicos), incide en la Capacidad de Intercambio Catiónico (CIC), que en la mayoría de los casos fluctúan entre muy bajos a moderados. Entre las arcillas más representativas de estos suelos se tienen a las Illitas del grupo 2/1 con potasio interlaminar, Colinitas tipo 1:1, Montmorillonitas del tipo 2:1 y Cloritas, las mismas que en la mayoría de los casos, tienen baja capacidad retención de nutrientes y agua (a excepción de las arcillas tipo 2/1, pero que son muy escasas).

Según Swift y Woomer (1991), la materia orgánica (MO) ha sido considerada tradicionalmente como uno de los factores fundamentales de la fertilidad de los suelos debido a que es el reservorio de alrededor del 95 % del nitrógeno edáfico importante para el crecimiento de las plantas. Como el contenido de la MO en estos suelos es muy bajo, no influye favorablemente sobre algunas propiedades físicas tales como la estructuración y la estabilidad de sus agregados, la porosidad del suelo, almacenamiento de agua, movilidad del agua y aire y su temperatura. Así mismo, al margen de influir en la CIC, también juega un papel importante por su poder tampón y filtro frente a posibles problemas de contaminación como metales pesados, también favorece la actividad microbiana importante para la mineralización de la MO y formación del humus y disponibilidad de algunos nutrientes indispensables para las plantas.

Los contenidos de humedad en los suelos del área, como en gran parte del Altiplano, están íntimamente relacionados a las precipitaciones pluviales que se dan durante el año. Como en la región, las lluvias no sobrepasan los 200 mm anuales y los suelos son de texturas gruesas, estos no retienen suficiente cantidad de agua, factor importante para el desarrollo de los cultivos, en razón de que este elemento actúa como vehículo para el transporte de los nutrientes del suelo hacia los tejidos de las plantas. Por otro lado, por los cambios climáticos y al aumento de los meses con déficit hídrico, la baja capacidad de los suelos de retener suficiente humedad debe ser motivo de preocupación y estudios posteriores.

En base a estos resultados, se puede indicar que los suelos de gran parte del Intersalar y del Altiplano Sur son de baja fertilidad natural, a lo que se suma su fragilidad y una aptitud reducida para ser utilizados bajo una agricultura mecanizada.

Sin embargo, por las presiones económicas mencionadas y a pesar de sus limitaciones que presenta este recurso, el cultivo de la quinua se está incrementando en el Altiplano Sur con ayuda de la mecanización, aumentando los riesgos para se aceleren los procesos de degradación de los recursos naturales (suelos, cobertura vegetal y agua).

En ese sentido, preocupa de gran manera que el sistema convencional (mecanizado) haya reemplazado en gran parte del Altiplano Sur al sistema tradicional de cultivo de la quinua (remoción mínima del suelo), y por lo tanto el mal manejo de suelos y del propio cultivo de quinua son preocupantes como:

El monocultivo

Es de conocimiento general que en la mayoría de las zonas quinuera del Altiplano Sur, la quinua se siembra de manera casi continua en la misma parcela (con intervalos de un año de descanso), aspecto nada favorable para mantener la escasa fertilidad de sus suelos. Diferentes estudios de investigación llevados a cabo en varios países y en Bolivia, han demostrado que la siembra de un cultivo de manera continua en un mismo terreno (monocultivo), provoca su deterioro paulatino (degradación de sus propiedades físicas, químicas y biológicas, con la consiguiente pérdida de su capacidad productiva y la disminución de los rendimientos (Orsag, 1984).

La práctica del monocultivo incide de gran manera sobre el deterioro del recurso suelo debido a los siguientes aspectos como:

No permite el mantenimiento o mejoramiento de la fertilidad del suelo, en vista de que la siembra continua de un cultivo no permite el uso equilibrado de los nutrientes del suelo.

Favorece la reproducción de plantas dañinas, así como de plagas y enfermedades, incrementando las pérdidas de las cosechas y los gastos en plaguicidas.

La preparación del suelo y su manejo es similar cada año (profundidad de preparación y otros), aspecto que favorece la formación de la suela del arado, compactación y otros.

No contribuye a la estabilidad de las cosechas.

Disminución de los Periodos de Descanso

La siembra del cultivo de quinua en la misma parcela casi de manera continua, está produciendo que los periodos de descanso de la parcela se reduzcan sustancialmente, de 5 o más años a uno o dos. De la misma manera, en la actualidad la siembra en el sistema de mantas (práctica tradicional de las comunidades) está sufriendo una reducción marcada de los periodos de descanso, debido a que ya no disponen de 4 o más mantas, que permitía una rotación entre estas, luego de su utilización en el cultivo de quinua durante un año.

Considerando la alta fragilidad y baja fertilidad de los suelos del Altiplano Sur y al clima extremo de la región, el periodo de descanso practicado de manera tradicional en los sistemas de producción agrícola del Altiplano Norte y Central por varios años (8 años o más), permitía de alguna manera restablecer algunas propiedades físicas, químicas y biológicas de los suelos y por consiguiente su fertilidad natural (Orsag, 1984 y Herve, Didien y Riviere, 1994).

En ese sentido, la disminución de los periodos de descanso en las zonas quinueras, son otra de las causas para el deterioro del recurso suelo y por lo tanto, bajo las condiciones de producción arriba mencionadas, es difícil y complicado el manejo sostenible del recurso suelo.

Mecanización Agrícola y Ampliación de la Frontera Agrícola

Ante la alta demanda que existe en el mercado internacional en los últimos años por este grano andino, y a sus precios interesantes, se ha intensificado su cultivo en el Altiplano Sur, incrementándose para tal fin, el uso de maquinaria agrícola (tractores) y sus implementos como el arado de discos.

Según Denker (1961), el laboreo convencional del suelo, ayuda a corto plazo a mejorar su estructura, mezclar el terreno para que todos los elementos nutritivos naturales o incorporados, se puedan distribuir homogéneamente en la capa arable, también favorece el mullimiento y la aireación del suelo compacto, favoreciendo su humedecimiento y almacenaje de aguas. Sin embargo, según diferentes reportes a nivel mundial, la labranza convencional (con maquinaria agrícola), tiene a mediano y largo plazo serias consecuencias negativas sobre las propiedades del suelo y su fertilidad (especialmente en suelos muy frágiles de las zonas secas del mundo). Bajo el laboreo continuo, los suelos pierden paulatinamente su estructura, se van compactando, y pulverizando. Así mismo, existe una disminución de su drenaje interno, tasa de infiltración del agua, oxigenación y del contenido de materia orgánica, lo que se refleja a mediano plazo en el aumento del lavado de los suelos por erosión, menor desarrollo radicular y por último la disminución de los rendimientos.

Como los contenidos de MO son muy bajos en los suelos del Altiplano, el laboreo continuo favorece aun más su perdida por mineralización y perdida acelerada de los restos orgánicos y algunos nutrientes importantes para las plantas ( N y P).

Por otro lado, la masificación de la mecanización en el Altiplano sur, está provocando la ampliación irresponsable de la frontera agrícola, con la consiguiente alteración del ecosistema y un desequilibrio marcado entre las áreas dedicadas al cultivo y la ganadería, las mismas que eran manejadas de manera equilibrada en los sistemas tradicionales. La disminución de las praderas nativas y de las actividades pecuarias está provocando una reducción de la producción de estiércol y por lo tanto su incorporación al suelo, tanto en el tiempo como espacio es menor. Si bien, la maquinaria agrícola simplifica las tareas de campo ante la falta de mano de obra, preocupa que su masificación en estas tierras frágiles del Altiplano Sur, no esté apoyada con el asesoramiento técnico adecuado para el uso de implementos adecuados de acuerdo al tipo de suelos, humedad del mismo y otros aspectos. La ampliación de la frontera agrícola está permitiendo que se habiliten grandes extensiones, sin respetar el tipo de suelos, su aptitud y sin recurrir a prácticas adecuadas complementarias para aminorar el efecto de los vientos (como cortinas rompe vientos y otros). En estas zonas planas a casi planas del Intersalar, en los meses secos del año y cuando los suelos estas desprotegidos (luego el barbechado y cosecha de quinua), los vientos alcanzan velocidades que superan los 16 Km h-1(QUINAGUA, 2009), lo que provocan el arrastre y perdida de suelos por erosión eólica. Las tormentas de tierra en esta región, son cada vez más frecuentes y son indicadores de la desertificación que está sufriendo la región, la misma que no solo puede afectar al medio ambiente y a sus recursos naturales, sino también, al propio hombre.

El barbechado del suelo, que se practica entre los meses de enero a marzo, y la cosecha de quinua entre abril a mayo, si bien ayuda a acumular el agua de las lluvias, dejan los suelos desprotegidos durante gran parte del año. Esta situación, coincide con la época seca y cuando la incidencia de los vientos es mayor, provocando la pérdida de la humedad del suelo en cantidades que superan los 60% y su arrastre (erosión). De la misma manera, luego de la cosecha de la quinua (abril a mayo), los suelos quedan completamente desprotegidos (los rastrojos se utilizan para otros fines) durante los meses secos del año y sometidos a perdidas innecesarias de agua.

A esto se podría sumar algunos otros factores que conducen hacia la desertificación como:

Falta de Políticas nacionales, departamentales, municipales y/o de programas ambientales adecuados en las organizaciones productivas de la región.

Falta de una Ley de Suelos y su Normativa en el país, para permitir el uso racional de este recurso.

Insuficiente educación, capacitación y divulgación de la protección ambiental entre los productores y los sectores económicos directamente involucrados con el tema.

Falta de sensibilización e indisciplina tecnológica entre los productores (especialmente entre los residentes).

Desarraigo de las tecnologías tradicionales y conocimientos locales.

Falta de un Ordenamiento Territorial a nivel municipal o comunal con el fin de utilizar el recurso suelo de acuerdo a su aptitud.

Insuficiente ritmo de aplicación de medidas de protección de los recursos naturales

Por otro lado, las presiones económicas por este cultivo, están provocando la sobreexplotación de la tierra, afectando a mediano y largo plazo principalmente a los productores más pobres de la región, los que se ven presionados a obtener alimentos y una fuente de ingresos a través del uso irracional del recurso suelo y cobertura vegetal.

Si bien diferentes instituciones ONGs, Universidades, Fundaciones y otras, están trabajando en el Altiplano Sur con el objeto de buscar alternativas para el cultivo sostenible de la quinua, como el manejo de la fertilidad de los suelos, manejo de plagas y enfermedades, barreras vivas y otros, se ha evidenciado que en la mayoría de los casos las propuestas que se recomiendan son muy puntuales y por lo tanto insuficientes. Por otro lado, algunas prácticas recomendadas, no son muy efectivas debido a que no han sido evaluadas con la rigurosidad científica necesaria. En muchos casos, las prácticas de manejo propuestas son aisladas e individuales y no atacan de manera integral y efectiva los problemas y los factores arriba mencionados.

Por otro lado, estas instituciones, en la mayoría de los casos están trabajando de manera separada y aislada en la búsqueda de soluciones a la problemática de la producción de quinua con criterios y estrategias diferentes. Además existe una carencia marcada de un sistema de extensión que permita una divulgación de los resultados de investigación y propuestas tecnológicas solidas que lleguen a todos los productores.

En ese sentido, es importante promover la creación de un ente responsable de la investigación para el Uso y Manejo Integral de los Recursos Naturales y la Producción Sostenible de la Quinua. En ese sentido, se requiere crear en Centro de Investigaciones, el mismo que debería estar ubicado en una zona representativa del Altiplano Sur.

Este Centro de Investigaciones, debería estar liderizada por las Universidades Públicas de esta región (UTO, UATF y UMSA) y contar con el apoyo internacional y del Gobierno Central y Departamentales, con el objeto de investigar y generar propuestas técnicas adecuadas, para lo cual se requiere un tiempo mayor a 6 años. Para esto, también es primordial la participación incondicional de los gobiernos locales y de los productores ya que estos no deben ser considerados como beneficiarios, sino deben ser parte de este cambio como gestores y sujetos de su propio desarrollo.

En este Centro de Investigaciones, se debe validar de manera participativa prácticas integrales y complementarias para el manejo de la fertilidad del suelo a nivel parcelario y predio familiar y por otro lado validar propuestas para evitar el deterioro de los recursos naturales en el predio familiar y el territorio de la comunidad con una visión integral del espacio. Estas prácticas a ser validadas deben estar orientadas a cumplir con los tres principios básicos necesarios para regiones semiáridas y suelos frágiles:

Remoción mínima del Suelo

Mantener protegida la superficie del suelo la mayor parte del año con ayuda de coberturas vegetales y coberturas muertas

Practicar la Rotación de cultivos

Por otro lado, la investigación de posibles alternativas para el uso sostenible de los recursos naturales en el cultivo de quinua, no va a ser suficiente si no va acompañada de las siguientes acciones:

Promover la gestión integral del territorio municipal yo comunal como instrumento para el manejo sostenible de sus recursos naturales, a través de estudios de Ordenamiento Territorial, creación de leyes, normas y reglamentos.

Fortalecer la capacidad institucional del municipio, de las Organizaciones productivas y de Base, para el uso y manejo integral y sostenible del suelo a través de su estructuración y equipamiento adecuado, así mismo, la capacitación de sus recursos humanos y la institucionalización de los cargos es fundamental para darle la continuidad necesaria.

Desarrollar un sistema de información y banco de datos sobre el recurso suelo (aptitudes, limitaciones, avance de la degradación, etc.) a nivel regional, departamental, provincial y municipal es de suma importancia.

Difundir y retroalimentar información sobre el estado, uso y manejo del suelo para la planificación, prevención control y seguimiento del aprovechamiento y manejo del recurso.

Recuperar la complementariedad que existía entre las actividades agrícolas y ganaderas con el objeto de producir la suficiente cantidad de estiércol, factor fundamental en el manejo de la fertilidad de los suelos.

Normar y reglamentar el uso de los suelos a nivel nacional, regional, departamental y comunal.

Así mismo, considerando que gran parte de la economía de los pobladores de la región gira alrededor de la producción de quinua, es muy riesgoso apostar solo a este cultivo, debido a que los cambios climáticos que se están presentando en esta última década con mayor intensidad y frecuencia, como temperaturas elevadas, sequias y heladas, además una mayor incidencia de plagas y enfermedades, puede provocar mayores pérdidas en la producción en grandes superficies y afectar seriamente la economía de los productores, por lo tanto, es importante diversificar las actividades económicas de los productores y del municipio.

* Ingeniero agrónomo, PhD, Docente Emérito-UMSA, miembro de la SBCS. Fuente: SENA-Fobomade.