Debe ser un meme familiar. Alicia Sánchez Camacho se ha puesto nuevamente las botas y el tricornio. Quiere subir puntos en el escalafón de su partido. El miércoles, 10 de noviembre de 2010, visitó un barrio obrero de Santa Coloma de Gramenet, muy cercano a Barcelona [1], para proponer, con guardiacivilesca voz tronante, que los inmigrantes tienen que comprometerse a cumplir las leyes, españolas of course, esas normas que, sabido es, tanto respetan sus correligionarios catalanes y españoles; a respetar, añadió, “los valores y las costumbres de España” (¿y cuáles serán esos valores y costumbres de España-araña) y a aceptar, por si faltara un infame grano de sal, un contrato según el cual tendrán dos años para buscar empleo.

Si no lo encuentran, si no consiguen un trabajo legal en un país con más de cuatro millones de parados, estarán obligados a regresar a su país de origen, por las buenas o bien buscados y acompañados por la guardia civil caminera de la que ella es descendiente y aguerrida defensora. Nos construyen las casas, cuidan a nuestros mayores, riegan el césped de nuestros campos de golf, y cuando ya no nos son útiles, los condenamos a la economía aún más sumergida o bien los enviamos en un vuelo chárter a sus países de origen. Este el programa de mínimos del PP de Catalunya, ese partido racista de extrema derecha, para las próximas elecciones catalanas. Pragmatismo en estado puro, antihumanismo no oculto. Los rasgos más destacados de esa “cultura de emprendedores” que tanto abonan y que quieren generalizar y abonar aún más en ciclos formativos y en bachilleratos, en la enseñanza preuniversitaria catalana y española.

Tras la aparición en 2006 de Ciudadanos/Ciutadans y la reciente irrupción de PlataformaxCatalunya, el partido fascista y racista dirigido por el ex de Fuerza Nueva, el PP catalán no quiere que se le escape ningún voto de la extrema derecha. Todo vale por la pasta y por conseguir algún diputado. Sin contemplaciones, sin ningún miramiento.

Por si faltara algo en su tóxica salsa diseñada, se han metido de nuevo en el pantano de las lenguas. La señora Alicia Sánchez Camacho quiere que todos los inmigrantes aprendan las dos lenguas de Catalunya. Por las buenas o por las malas. Ni que decir tiene que cuando dicen “dos” dicen DOS con voz alzada. Su amor por las lenguas, su amor por la lengua catalana en concreto, es conocido, y su pedagogía lingüística, de todos es sabido, es modélica.

Su partido está lleno de cuadros y dirigentes que durante años, especialmente en tiempos de silencio y represión, no osaron decir ni una sola palabra en catalán. No es improbable que sigan caminando sin nervios, sin inmutarse, por el mismo sendero. No es ninguna maldad señalar que probablemente no hayan dicho -porque no han querido- “bon dia” en toda su vida, o sólo en los días que toca, muy recientemente, cuando está un poco más de moda hablar en catalán.

Eso sí, desde pequeñitos, ya antes del jardín de infancia, aprendieron a decir con entusiasmo, en coro familiar, aquello de que “Barcelona és bona si la bossa sona”. Su bolsa, repleta, sigue sonando, como el cemento armado de su inconmensurable caradura que merecería el rechazo ciudadano más enérgico en la próxima contienda electoral y la movilización activa de toda la ciudadanía que no esté dispuesta a que nadie trate a trabajadores y trabajadoras, especialmente a estas últimas, que han tenido que dejar, en ocasiones con mucho sufrimiento, sus países de origen como si fueran sucias bestias de carga.

Notas:

[1] http://www.antena3.com/especiales/noticias/espana/elecciones-catalanas/alicia-sanchez-camacho-propone-expulsar-inmigrantes-trabajo_2010111100009.html