(PL).- El sostenimiento de la tendencia actual de calentamiento global en el planeta puede redundar en una sequía de niveles catastróficos para Bolivia hacia 2050, alertó un estudio de Biología del Cambio Global financiado por la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos.

Buena parte del país puede convertirse en un desierto si las temperaturas del planeta rebasan de 1,5 o dos grados, lo cual puede ser desastroso para los dos millones de habitantes de la región, precisó la investigación.

Los científicos llegaron a estas conclusiones tras analizar los registros ecológicos históricos de los Andes, que incluyen las transformaciones durante 370 mil años en la vegetación y el clima de los ecosistemas en el área.

Esto permitió determinar amenazas también sobre varias zonas de Perú: dado el ritmo del incremento desproporcionado de las temperaturas en los Andes peruanos -de entre 0,3 y 0,5 grados centígrados por década-, el cambio a un estado desértico puede ocurrir entre 2040 y 2050.

La pesquisa científica partió del análisis de polen fosilizado atrapado en los sedimentos del lago Titicaca y reveló que durante dos de los últimos tres períodos interglaciares, el lago se encogió 85 por ciento. Ello ocasionó que los prados y campos adyacentes se convirtieran en un desierto y que los árboles emigraran cuesta arriba, comentó el diario estatal Cambio.

“La evidencia de que hubo un súbito cambio hacia un estado mucho más seco es clara”, expresó el director del proyecto Mark Bush, quien agregó que si el lago se contrae, los efectos del clima local atribuible a un lago más grande -como una mayor precipitación pluvial- se perderían.

La sequía previsible tendría implicaciones serias para dos millones de personas, porque redundaría en la pérdida del agua almacenada en los lagos y en la reducción de la producción de regiones agrícolas importantes.

Organismos internacionales coincidieron antes que el cambio climático puede traer a Bolivia la disminución de la seguridad alimentaria, de la disponibilidad de agua, el aumento de los desastres climatológicos, de la incidencia de enfermedades transmitidas por mosquitos y del número de incendios forestales.

Hasta la fecha, este proceso generó la aparición de enfermedades como la malaria en poblaciones ubicadas a mayor altura, donde, en el pasado, jamás existieron mosquitos transmisores de este mal.