(Prensa Latina).- La Reserva Federal estadounidense (FED) ataca con un nuevo derivado tóxico financiero neoliberal empaquetando tres viejos mecanismos: la flexibilización cuantitativa japonesa, la Reaganomic de los 80 y los capitales golondrina de los 90: el Efecto Dólar.

Un día después de los resultados de las elecciones de medio término en EE.UU., en las que se cumplían los pronósticos de que los republicanos ganarían la mayoría en la Cámara de Representantes, el Comité de Mercados Abiertos de la Reserva Federal (FED) o banco central estadounidense, aprobó un nuevo plan de compra de activos.

Los mercados ya habían descontado en parte los efectos del plan esperado por la intervención verbal de la FED en agosto, pero de manera cautelosa en cuanto al monto del paquete de estímulo o QE2, que fue mas allá los de los 500 mil millones de dólares esperados en seis meses y alcanzó los 600 mil millones en ocho meses, con mayor impacto psicológico.

Algunos consideran que la suma es insuficiente y que como mínimo la cifra debe alcanzar los 3 billones (millones de millones) de dólares, o sea aproximadamente 25 por ciento por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Se había valorado por expertos, que inyectar liquidez por 500 mil millones de dólares equivale a recortar las tasas de interés entre 50 y 75 puntos base, y cuando se encuentran entre cero y 0, 25 por ciento, puede crear consecuencias catastróficas para la economía estadounidense y mundial.

Las tasas de interés se mantienen entre uno y casi cero por ciento en los países desarrollados, mientras que en los emergentes y en desarrollo están subiendo, para contrarrestar la inflación y la revalorización de sus monedas, pero exacerban la entrada de capitales especulativos, aprovechando los diferenciales.

El FED dijo también que comprará cerca de 75 mil millones de dólares a la semana y ello se suma a los 35 mil millones de dólares mensuales que está gastando para reemplazar bonos hipotecarios en su portafolio que saldrán de circulación y revisaría regularmente el ritmo y tamaño del programa, ajustándolo al ritmo de la recuperación.

El proyecto consiste en imprimir más dinero para comprar hasta un máximo de 900 mil millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense hasta junio del próximo año.

La FED con el QE1 compró títulos por valor de 1,7 billones (millones de millones), de bonos gubernamentales e hipotecarios, pero no logró revivir a la economía.

Al comprar una cantidad todavía mayor de bonos y retirarlos del mercado, la FED espera hacer subir sus precios y reducir sus rendimientos, lo que a su vez, haría bajar las tasas de interés que pagan los deudores hipotecarios, los consumidores y las empresas y los alentaría a endeudarse, gastar e invertir. Cree que también aumentará las compras de acciones, bonos corporativos y otras inversiones más arriesgadas que ofrecen retornos más altos.

La mayor impresión de dinero a su vez, debilita el valor del dólar y abarata las exportaciones estadounidenses.

La FED había declarado que estaba dispuesta a hacer “todo lo que sea necesario” para sacar la economía de la depresión empleando la política monetaria, pero la impresión y puesta en circulación de más dólares no solo ha generado dudas sobre su efectividad, sino que representa una gran escalada en lo ya se considera como una guerra cambiaria.

Sus críticos aseguran que es una medida desesperada, que constituye un esfuerzo dramático por reanimar una recuperación económica que la FED calificó de “decepcionantemente lenta”, con la amenaza de un período de deflación similar al de Japón y la posible paralización del sistema político. El legislador republicano con el tercer cargo más alto en la Cámara de Representantes, Michael Pence, dijo que la FED estaba tomando “un riesgo incalculable”.

Por otra parte, Thomas Hoening, presidente del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, quien describió la decisión antes de la reunión como un “pacto con el diablo”, alertó que los riesgos de compras adicionales de bonos del gobierno superaban los beneficios.

Hoening fue el único que estuvo en desacuerdo durante la votación de 10 a 1 del comité de política monetaria.

En el comunicado la FED dijo que actuaba para “promover un ritmo más sólido de recuperación económica” y para asegurar que la inflación, que en la actualidad se ubica en una tasa anual cercana a uno por ciento, suba hasta la meta informal del banco central de dos por ciento.

En los primeros ocho meses del año, su medida de inflación preferida se ubicó en 1,1 por ciento. Economistas consideran que es importante hacer caer las tasas de interés reales o sea, ajustadas por inflación, que son el precio de los préstamos restándole la inflación.

El QE2 se comportará en la práctica como un impuesto adicional al consumo, cuando la inflación por el aumento en los costos de las materias primas básicas ya está trasladándose a los precios finales a los consumidores, contenidos hasta ahora por la competencia, la baja demanda y salarios deprimidos.

El anuncio de la FED en agosto pasado agravó las grandes fluctuaciones cambiarias y estimuló la compra y la formación de burbujas de activos en bonos, acciones, oro y otros activos riesgosos, así como el alza de precios de las materias primas.

La cotización del petróleo, por ejemplo, ha subido 15 puntos porcentuales desde entonces para llegar a los 85 dólares el barril.

El director de la gestora de bonos del mundo Pacific Investment Management Co. (PIMCO), Bill Gross, calificó la decisión como una “trampa de liquidez,” donde las tasas de interés o la compra de billones de dólares en activos no podrán estimular la solicitud ni el otorgamiento de créditos, pues no es eso lo que demandan los consumidores.

Agregó que escapar de esa trampa puede ser imposible, como ocurrió en Japón y sólo llevará a repetir un camino ya transitado de comprar cosas que no podemos pagar y heredarle el increíble adeudo a las generaciones futuras.

Pronosticó que quienes compren los bonos del Tesoro a su actual rendimiento (que se ha tornado incluso, por primera vez negativo), pronto irán al matadero y “servirán de pavos” en la próxima cena de Acción de Gracias.

El desempleo es galopante, la contracción del crédito y las inversiones continúan paralizadas después de la normalización de los inventarios, y continúan imparables las ejecuciones hipotecarias y bajas en los precios de las viviendas.

Debido a estos factores, entre otros, las inyecciones de liquidez no producirán un aumento del crédito a los consumidores, ni en las inversiones de las empresas, sino que continuarán dirigiéndose en flujos cada vez mayores hacia los mercados emergentes, con el propósito de crear desestabilizadoras burbujas de activos.

Todo parece indicar que el objetivo final de esta estrategia es que, una vez sobresaturados los mercados globales, ya inundados de dólares, se puedan elevar las tasas de interés y los rendimientos de los bonos de Tesoro, para provocar una fuga masiva de capitales hacia Estados Unidos y hacer estallar las burbujas de activos en los mercados emergentes.

Intentarían provocar además que las economías en desarrollo se vean en la necesidad de aumentar aún más sus réditos, entre otras medidas que están tomando para contrarrestar el efecto dólar.

Sería una reedición de la política monetaria implementada por el actual presidente del Consejo de Recuperación Económica del Gobierno de Barack Obama, Paul Volcker, cuando fue presidente de la FED en el gobierno del republicano Ronald Reagan (1981-1989) y denominada “Reaganomic”.

La “Reaganomics” impulsó al resurgimiento del neoliberismo, que comenzó en el gobierno del anterior presidente demócrata James Carter (1977-1981), en un periodo de alta inflación y desempleo con estancamiento económico llamado “estanflación”, término surgido en situaciones similares durante la primera crisis del petróleo a inicios de los años 70.

Actualmente con la economía de los países desarrollados contrayéndose y las presiones inflacionarias al alza, se esta creando entonces una “contracflación”, también inédita en la economía capitalista, como lo fue la estanflación en su momento.

En 1982, la FED comenzó a elevar abruptamente las tasas de interés hasta el 16 por ciento, disparando el costo de los incumplimientos de la deuda soberana en la mayor parte de los países del tercer mundo y en caso de América Latina llegó a triplicarlos, haciéndola prácticamente impagable y ocasionando una gran hiperinflación.

Pero Volcker ahora dice no esperar que la expansión cuantitativa dé resultados apabullantes, y añade que la política monetaria podría estar cerca de los límites de lo que puede hacerse, pues los tipos de interés no pueden bajar más y una inyección fresca de dinero podría generar un riesgo de inflación de más largo plazo.

La FED ataca con un nuevo derivado tóxico financiero neoliberal, -empaquetando- tres viejos mecanismos, la flexibilización cuantitativa japonesa, la Reaganomic de los 80´ y los capitales golondrina de los 90: el Efecto Dólar.

Según un informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, en inglés), el flujo de capitales privados a las economías emergentes alcanzará los 825 mil millones de dólares en 2010, de los cuales América Latina recibirá 214 mil millones, ubicándose apenas 10 por ciento debajo del récord alcanzado por la región en 2007, con 234 mil millones de dólares.

El IIF advirtió que “será apropiado que la mayoría de las divisas de mercados emergentes se aprecien” por la gran acumulación de reservas externas que “podrá convertirse en una fuente creciente de tensión en políticas globales”.

Las reservas de América Latina alcanzarán este año la cifra récord de 546 mil millones de dólares. Además, el IIF dijo que una de las tendencias globales más interesantes es que el flujo de capital privado desde las economías emergentes hacia otros mercados ascenderá este año a 211 mil millones de dólares, comparado con los 20 mil millones registrados durante la década de los 90´, por lo que ya se inició el reflujo a la inversa.

En un reciente informe, Standard & Poor‘s (S&P) dijo que casi 50 mil millones de dólares fueron a fondos que invierten en los mercados emergentes durante los primeros nueve meses del año y EPFR Global, que hace el seguimiento del flujo de fondos, 78 mil millones de dólares salieron de los fondos que invierten en los mercados desarrollados.

De ellos un récord de 60 mil millones ha ido a parar a fondos especializados que invierten en acciones y bonos de los mercados emergentes y solo en la semana que terminó el 6 de octubre, los fondos de los emergentes atrajeron seis mil millones, el mayor flujo semanal en alrededor de tres años, agregó EPFR.

El estratega de valores internacionales de S&P, Alec Young, alerta que hay un aspecto negativo potencial en estos rápidos movimientos de capital especulativo y es que “cuando se tiene tanto dinero moviéndose tan rápido, hay crecientes riesgos de una burbuja de activos”.

Los especuladores apuestan a que las naciones asiáticas y latinoamericanas no podrán impedir el alza de sus monedas contra el dólar, aunque adopten controles de capital y realicen otros esfuerzos para contener el flujo de dinero.

Por otra parte, la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), señaló que los flujos globales de inversión extranjera directa (EID) cayeron en el segundo trimestre del año 25 por ciento respecto del primer trimestre y 17 por ciento frente al segundo trimestre de 2009 y podrían seguir bajando las principales economías y seguir debilitándose sus monedas.

Espera que los flujos totales de inversión extranjera directa para el año permanezcan sin variación respecto del total de 2009, de poco más de un billón (un millón de millones) de dólares, lo que representó una contracción del 39por ciento en relación a 2008, todo lo contrario a lo que está ocurriendo con los flujos de capitales especulativos o efecto dólar.

Ello es un indicio de que la recuperación económica global sigue siendo frágil y “a medida que los gobiernos gradualmente retiran sus paquetes de estímulo monetario y en algunos casos reducen la inversión pública ante los crecientes déficit y niveles de deuda, la inversión privada en la forma de EID no parece preparada para tomar su lugar”, señaló UNCTAD.

Respecto a los bonos de los mercados emergentes, Ramin Toloui, copresidente de mercados emergentes de (PIMCO), es partidario de invertir en bonos emitidos en moneda local, que les permiten beneficiarse de cualquier incremento del tipo de cambio del país. “Implícito en esto está la postura de que la efectividad de los países emergentes para resistir la apreciación de sus monedas será limitada”, explica.

Quizás una de las declaraciones más curiosas que se han hecho en esta guerra cambiaria del efecto dólar, es la del ex presidente estadounidense William Clinton (1993-2001), posiblemente el mayor impulsor del neoliberalismo, al derogar la ley que prohibía a los bancos financieros realizar operaciones de banca de inversión o especulativas.

Clinton dijo recientemente en una reunión de empresarios en México, para orientar a los “perdidos”, que “sigan el dinero” que duerme en los indecisos bancos y empresas estadounidenses. “El futuro está detrás de esos dólares”, puntualizó.

“Las compañías corporativas tienen un billón (millón de millones) de dólares en efectivo que no invierten fuera de Estados Unidos ni dentro. Están viendo dónde les dan incentivos y algo similar ocurre con los 1.8 billones de dólares que los bancos tienen en activos y que no están comprometidos en créditos”, evocó.

Estos grupos financieros podrían prestar 10 veces más y si lo hacen todo el problema mundial terminará, aseguró. “Vean qué pasa con ese dinero, en dónde aterriza, qué sucede con la nueva regulación financiera”, explicó.

Posterior a la Reaganomic de los años 80, en los 90 y aprovechando los recursos de las nuevas tecnologías de la información, que permiten el rápido movimiento de capitales entre mercados e instituciones financieras, los especuladores cambiarios internacionales inauguraron la época de los ataques a las divisas, en lo que se conoce hoy como “carry trade”.

Los entonces nombrados “capitales golondrina” obtienen ganancias o grandes retornos apostando a la baja o alza de una moneda comprando otra, mediante el diferencial de las tasas de interés y la valuación o devaluación de ellas.

Esos ataques fueron iniciados por el especulador George Soros a la libra esterlina en 1992 y después a fines de los noventa en Asia al baht tailandés, extendiéndose con los efectos vodka en Rusia, tequila en México y tango en Argentina, entre otros.

Durante aquella “Crisis Asiática”, China fue elogiada incluso por Estados Unidos, al haber mantenido una política monetaria que sirvió de factor estabilizador y contribuyó a su solución.

Ahora parece estar ocurriendo algo parecido, pero la actitud estadounidense es la de tratar de resolver sus graves problemas económicos y financieros cargándoselos al yuan chino y al resto de las divisas. El día antes del lanzamiento del QE2, el banco central chino dijo que normalizará gradualmente su política monetaria desde su postura actual, comprometiéndose a seguir bajo parámetros “moderadamente expansivos”.

Agregó que esta creciendo la incertidumbre sobre las tendencias en los precios del país y mejorará el manejo de la liquidez para asegurar un crecimiento apropiado de los préstamos bancarios.

Por su parte, el asesor del banco, Li Daokui, dijo que “una vez que nuestra economía muestre indicios de estabilización, la política monetaria puede cambiar desde el esquema moderadamente expansivo actual a uno prudente o incluso cauteloso”.

Si China cede a la presión de Estados Unidos y permite una apreciación más acelerada del yuan, que ha avanzado 2,7 por ciento frente al dólar desde el mes de junio, la guerra cambiaria y su efecto en el comercio internacional se intensificarían aun más.

Estados Unidos ya sufrió la primera gran derrota en su guerra financiera contra el mundo, en la pasada reunión a nivel de ministros de finanzas del Grupo de los 20 (G-20), que rechazó “la devaluación competitiva de las divisas”.

El foro afirmo que “la recuperación de la economía global continúa, aunque de manera frágil e irregular” y apoyó un “sistema de tipos de cambio determinado por el mercado, que refleje los fundamentos económicos subyacentes”, en evidente alusión a los intentos estadounidenses de evadir su responsabilidad por la baja artificial del valor del billete verde.

El EQ2 tendrá un gran impacto en las discusiones de la próxima cumbre del G-20 los próximos días 11 y 12 del presente mes en Corea del Sur, donde incluso Estados Unidos descarta una rápida revalorización del yuan.

* El autor es periodista, jurista, fue diplomático y miembro de la Comisión Económica de la Asamblea General de la ONU y colabora con Prensa Latina.