Una noticia discretamente colocada en la página de información internacional del periódico La Razón de La Paz, da cuenta de un hecho de singular importancia para la vida de nuestro país. Dice así:

Estados Unidos descarta que Bolivia

llegue a producir armas nucleares

Venezuela y Bolivia, que anunciaron recientemente la construcción de centrales nucleares, no alcanzarán la capacidad necesaria para producir armas atómicas, afirmó ayer el subsecretario de Defensa estadounidense para América Latina, Frank Mora. “No creo que esté previsto y tampoco creo que los países (Bolivia y Venezuela) adquieran la capacidad para producir armamentos nucleares”, aseguró Mora, durante un debate sobre seguridad en la región, efectuado en una universidad de Washington.

“No”, respondió Mora, al ser consultado si consideraba una amenaza para la seguridad estadounidense los anuncios sobre la instalación de centrales nucleares en esos dos países.

Bolivia es un país pacífico que jamás de los jamases ha invadido otros territorios, ni propiciado guerras de conquista –salvo aquellas que sus clases dominantes impusieron para arrebatar por la fuerza la tierra de los indígenas y pueblos originarios–. Junto a Venezuela, se salva por ahora, del dictamen inapelable del imperio que gobierna al mundo.

Por supuesto, éste es uno de los pretextos que, llegado el momento, podrá ser nuevamente puesto en el tapete de las elegantes mesas de Naciones Unidas, para considerar eventuales invasiones propias o de terceras naciones, en nombre de la libertad y la democracia.

No está lejos de la memoria la vergonzosa resolución impuesta a las naciones del mundo para propiciar la aventura bélica en Irak. Con la contundencia de un Primer Mandatario que, se supone, es el mejor informado del planeta, don George W. Busch afirmó rotundamente que tenían las pruebas de la existencia de armas de destrucción masiva en aquella nación. Que no aparecieran para nada ante las constantes y muy bien equipadas misiones que mandó el Consejo de Seguridad, no fue óbice para declarar olímpicamente que aquellos técnicos eran unos inútiles, que en cuestión de días, apenas derrocado aquel régimen despótico, las terroríficas armas que amenazaban a los pacíficos ciudadanos del Bronx estadounidense, se mostrarían al mundo para justificar la masacre cometida.

Nada de ello ocurrió, pero nos consolaron con aquello de que el mundo estaba ahora más seguro sin Sadam Hussein. ¿Cabe imaginar una historia similar? ¿Es sólo fantasía que nos dicta la política ficción? ¿Chile amenazado por las armas nucleares en manos de irresponsables nacionalistas que quieren mar a como dé lugar? ¿Las FARC apoyadas por las bombas atómicas de Chávez prueban el nexo con el terrorismo internacional? ¿El eje del mal Irán – Venezuela – Bolivia fue demasiado lejos en sus pretensiones hegemónicas?

Las respuestas pueden ser de lo más descabelladas, mas las preguntas tienen una lógica terrible. Así empezaron con la mentira inmensa de Al Qaeda en Irak, y las pruebas de un autoatentado a las torres gemelas no han podido aún ser desmentidas de manera científica. Funcionó y funcionó bien; todo hasta que de aquí a unos cuantos años, alguien desempolve los archivos secretos y los ponga en evidencia, tal como ocurrió con aquellos que, después de más de cincuenta años, mencionan la inaudita crueldad de utilizar seres humanos inocentes en un país de Centroamérica, nada menos que para inyectarlos con horrendas y vergonzosas enfermedades, en nombre, quizá, de la ciencia.

Por lo pronto, Mr. Frank Mora archiva el libreto para mejores oportunidades; quizá en el ínterin, retornen al otro que todavía puede introducir razonables dudas en ciertos sectores que se creen a pie juntillas las campañas mediáticas. El narcotráfico, aquel terrible “flagelo” de sus sociedades, no deja de aparecer de cuando en cuando para justificar desde el éxito económico de Bolivia hasta la imposibilidad de acabar con las ya mentadas FARC de Colombia.

A no olvidar, pues, que camarón que se duerme, aparece en un coctel…