Esa que teme a los helechos, no sos vos.
Ese que padece la tempestad, no eres tú.
Sufrimos con los que sufren y qué,
vamos cantando, vamos

y volvemos por los caminos

y esas huellas, de esta tierra

que sólo entiende de hiedras

y tapires y lunas y humedad

donde todas las Honduras

se angostan pero se arrullan

en cada río y en cada piedra

que ruedan pero claman

por un lugar en el mundo

por el destino, por Sur América.