De los intentos inquisitoriales de censura de libros, formulados por algunos poco reflexivos colaboradores del mandatario, queda sólo lamentar la acción de quienes permitieron que el gobierno se involucre en semejante dislate, comparable tan sólo al replanteamiento, en Diputados, de una discusión sobre “los derechos sexuales de los niños”.

La controversia con los propietarios, periodistas y trabajadores de los medios de comunicación y la gente que los va respaldando, es uno de los escollos que un sistema de alerta temprana pudiera tomar en cuenta, no tanto por el desenlace en torno a las libertades y responsabilidades en juego, sino por la posibilidad de que las posiciones críticas ganen, en justicia y desarrollo de las vías constitucionales, espacios significativos en consultas nacionales, a saber:

-Una eventual victoria del voto en blanco frente a las nóminas oficialistas para definir mediante voto, quizá a mediados del 2011 a los miembros del futuro Tribunal Constitucional que se encargará, entre otros temas inmediatos, de dar su no objeción a las 337 Cartas Orgánicas que todos los municipios del país están redactando.

-Una no descartable derrota del oficialismo en otras consultas ciudadanas ya sugeridas antes de los comicios generales del 2014 y que tienen que ver con iniciativas legislativas ciudadanas (planteadas por los tarijeños y por los gremios de prensa), referendos y hasta la propia revocatoria de mandato demandada por una fracción del occidental Conamaq para el vicepresidente, que, quién sabe, puede extenderse hacia el primer mandatario.

PEQUEÑO Y CLAVE, PERO OSCILANTE

A todo esto, el gobierno de los movimientos sociales confía en el sufragio mayoritario y hasta de los dos tercios del conglomerado elector, constituido en buena parte por el voto rural y “plebeyo”; y en el probable rescate de los mayores niveles de la popularidad presidencial.

La figura del mayor líder del país ha remontado en septiembre 6 puntos (del 46 al 52 % -Ipsos), revirtiendo una constante tendencia a la caída registrada desde el 70 %, logrado en enero pasado, hasta el 46 % citado para el último agosto: el peor índice si se compara con el 48 % alcanzado en épocas difíciles (marzo del 2009).

Pero los cerebros del proceso pueden estar olvidando, asimismo, que los dos tercios logrados en las elecciones generales de diciembre del año pasado, fueron posibles ¡también!, por una migración de votos de ciertos sectores de la derecha y fracciones de las clases medias que decidieron a) quitar el poder de veto que ostentó la oligarquía desde los tiempos de la Constituyente y, b) volcar la balanza en favor del Presidente y su gobierno, a riesgo de que el poder casi total se vuelva, frío, en contra de quienes contribuyeron a forjarlo.

…lo cual no implica que ese “centavo que hace el peso”, mantenga su apoyo al Presidente y su reelección, orientando más bien sus preferencias hacia posiciones más moderadas de izquierda u opciones críticas a la impugnada serie de imposiciones e intolerancia oficialistas, reñidas con las prácticas democráticas tradicionales, aunque condescendientes con los grupos y funcionarios oportunistas que han confundido el servicio público con el reparto indiscriminado de cuotas de poder en base a virtuales agencias de empleo que definen los cargos estatales.

Ha sido el propio presidente Evo Morales quien ha advertido varias veces que la corrupción y las ansias desmedidas de figuración de algunos dirigentes sociales puede afectar a un proceso cuyos intereses deberían superar lo corporativo y sectorial.

“NO GOBIERNA PARA TODOS” :¿DISCRIMINACIÓN?

¿Por qué el Presidente remonta su popularidad mientras que la política económica es reprobada, sin tomar en cuenta que los ministros están aplazados?

Las respuestas a este cuestionamiento se encuentran en manos de sus colaboradores, pero también en las del gobernante, que los mantiene y a pesar de las críticas los consolida, lo mismo que a los altos funcionarios preocupados más por pagar su hipotecas que por superar las trabas administrativas y de transparencia que les impiden una mejor ejecución presupuestaria, matando con eficacia eterna y vueltas sin misericordia lo que la eficiencia exige en el día a día.

La encuesta de Ipsos-septiembre, da algunas luces.

Registra que la desaprobación del gobierno está signada por cinco percepciones: porque “no gobierna para todos”, por su “falta de capacidad para gobernar”, porque “dividió el país y confrontó a los departamentos”; por “su mala gestión” y porque “genera racismo”.

En contraste, los encuestados destacan los motivos de la aprobación gubernamental: “se preocupa y ayuda a los pobres”, concede los bonos escolares, a los ancianos y a las madres gestantes. Y en general, posibilita los cambios económicos y sociales del país.

POPULARIDAD VS. PRECIO ALTOS

Y las consideraciones sobre el futuro inmediato y mediato llevan (deberían llevar a los operadores políticos) a considerar las secuelas de una no desdeñable pérdida del electorado en Occidente.

La merma es especialmente sensible entre las masas urbanas de Potosí, Oruro y La Paz, sin contar ciudades intermedias como Caranavi, Uyuni, Uncía y otras donde el accionar torpe de algunos ministros ha acidulado la resistencia, convirtiendo a los aliados y simpatizantes en críticos alarmados por el publicitado avance hacia el poder total (cultura incluida, por si no faltara nada)

En este contexto, las mujeres son las primeras en detestar (53%) esta conducción de la economía, agravada por alzas recientes en las que la estadística oficial parece una fábula frente a los precios reales del transporte y la alimentación, cuando no del aumento en los productos provenientes del contrabando.

Sin contar con que la desaprobación de la forma en que se está manejando la economía es más fuerte entre los jóvenes de 18-24 años (otro 53 %) y entre los adultos de 25 a39 (51 %), reduciéndose levemente entre la población de 40 a 70 años ( 45%).

El gobierno no deja de percibir este problema y ha pedido paciencia a la población, confiando en iniciativas como las de Emapa, que le han permitido en el pasado remontar el desabastecimiento y el alza de precios, pero que ahora están tardando en concretarse.

DERECHA DERROTADA, FRAGMENTACIÓN A LA VISTA

Así las cosas, otra de las alertas a tomar en cuenta es la frágil adherencia entre los propios movimientos sociales, entre sí y respecto del gobierno.

Pues a pesar de la militancia combativa de las “Bartolinas” (mujeres campesinas) además de las masas rurales agrupadas en torno a la CSUTCB y aun fracciones de las comunidades interculturales (ex colonizadores), las relaciones son todavía distantes con los indígenas de la CIDOB y siempre tensas con la Conamaq, que representa a los ayllus y markas del Collasuyo.

Al mismo tiempo, sectores disconformes con liderazgos provinciales como el del resistido senador Surco, y la reciedumbre con que los jefes originarios del Conamaq plantean sus reparos y censuran al Vicepresidente y algunos ministros, muestran, para el que quiera verlo, el riesgo de fragmentación que se asoma entre el conjunto de las organizaciones que una vez fueron el cimiento de la Asamblea Constituyente

¿Qué es lo que los unía entonces y qué es lo que los divide ahora? Al parecer, sólo la resistencia a la oposición de derechas cimentó su unidad.

Pero, ahora que están virtualmente borrados o autoborrados del mapa los opositores, las organizaciones sociales se han sumido en una disputa interna.

En contrapartida, la actual falta de contendores puede despojarle al régimen de unos movimientos sociales que se mantenían unidos, precisamente por la vigencia de un enemigo común.

A pesar de enormes esfuerzos desplegados desde el viceministerio de Movimientos Sociales, todavía es muy difícil avisorar que se reviertan rápidamente las tendencias sectoriales de carácter reivindicativo a favor de una nueva visión de conjunto.

¿SIRVIERON HASTA DONDE HAN LLEGADO?

Con esas características de segmentación y reemplazos no óptimos, salvo excepciones, los movimientos sociales dan la impresión de haber sido útiles para llegar hasta donde han llegado.

A estas alturas y distancias, el Pacto de Unidad está pegado con un aglutinante ralo, que le ha permitido por ejemplo a la CIDOB demostrar un nivel de autonomía ejercido en la marcha hasta el norte de Santa Cruz.

En un panorama no exento de tensiones con los indígenas y otros movimientos,están frescos los intentos gubernamentales de reconciliarse con los intelectuales del CEJIS, al menos para legislar sobre temas de medio ambiente en la explotación minera e hidrocarburífera, planteándose en paralelo el cómo articular el “vivir bien” con la industrialización no extractivista.

Y precisamente, el desafío de recuperar el papel que los movimientos sociales tuvieron en el proceso constituyente, es una de las tareas inmediatas a encarar, descartando una eventual separación de las esferas política y social.

El aspecto final a considerar, y no por eso menos importante, es la relación con la prensa y particularmente con los periodistas que se encuentran entre dos fuegos. De los intentos de censura de libros, como en tiempos en que la Inquisición quemaba folios y los censores prohibían su impresión —formulados por algunos poco reflexivos colaboradores del Presidente— no queda absolutamente nada que decir, sino lamentar la acción de quienes permitieron que el proceso se involucre en semejante dislate, producido al mismo tiempo que en Diputados se atribuía al mandatario predisposición para abrir un debate amplio “sobre los derechos sexuales de los niños”.