Los productores de coca de las seis federaciones del Trópico cochabambino acaban de realizar su congreso ordinario en Lauca Ñ. En la sesión inaugural, Evo Morales dijo que la producción excedentaria de coca termina como materia prima del narcotráfico, criticó duramente a los dirigentes sindicales que permiten las plantaciones clandestinas y finalizó su largo discurso de dos horas conminando a que inmediatamente el control social acabe con todas las plantaciones que van más allá del cato por cada afiliado.

El discurso de Morales es el anticipo de la erradicación forzosa de la hoja de coca. Como anunciamos con mucha anticipación, el gobierno termina aplicando disciplinadamente la política imperialista, y echando por tierra toda esa palabrería sobre la “hoja sagrada” (“la coca no es cocaína”) y la promesa de la industrialización.

El pecado capital de Morales y del MAS es haber abandonado la consigna inicial del “libre cultivo, comercialización e industrialización de la coca” y el haberse sumado a la política imperialista del desarrollo alternativo que ha fracasado ruidosamente a pesar del millonario financiamiento, debido a que la producción y comercialización de la coca resulta más lucrativa que cualquier otro producto agropecuario para los campesinos del chapare y de los Yugas paceños. Se dice que actualmente un taque de coca está avaluado en más de dos mil cuatrocientos bolivianos y que un cato de coca reporta utilidades de hasta 16 mil bolivianos por cosecha cada tres meses.

Morales, por capitular ante la política imperialista mucho antes de llegar a la presidencia, convirtiéndose en el campeón de la lucha contra el narcotráfico, estaba condenado fatalmente a ser el verdugo de quienes lo catapultaron políticamente, de su base social más importante que son los productores de coca del trópico cochabambino y de los Yungas de La Paz.

La impostura del “control social” muestra la total impotencia del gobierno, que muy pronto retomará la política de la erradicación forzosa reprimiendo ferozmente a los productores de coca. Tenemos noticias de que ya se realizan enfrentamientos entre cocaleros y erradicadores en determinadas zonas del trópico; hace apenas dos semanas un grupo que realiza tareas de erradicación habría sido echado violentamente por los productores de coca de una zona de Chapare.

Los productores de coca, si realmente quieren defender sus intereses, deben retornar a la consigna del libre cultivo, comercialización e industrialización de la hoja, política que significa chocar frontalmente contra el imperialismo y reivindicar la soberanía del país. Que los gringos resuelvan su flagelo del narcotráfico en sus países sin afectar los intereses económicos de los bolivianos. La cocaína es tan dañina como el alcohol, que, sin embargo, mientras exista demanda en el mercado, seguirá siendo un negocio lucrativo que no es responsabilidad de los productores de coca ni del país.

* Profesor de filosofía y dirigente del POR.