Sin justificaciones históricas o geográficas que lo ameriten -14.000 km las separan de Londres- las Islas Malvinas continúan siendo un enclave colonial en el siglo XXI. El Reino Unido, no sólo, no reconoce la soberanía argentina sobre las mismas sino que ni siquiera cumple con las resoluciones de la ONU, alguna de las cuales plantean simplemente la necesidad de sentarse a dialogar entre las partes interesadas.

El gobierno nacional y su Cancillería han dado muestras en estos últimos años de sostener una política integral que no sólo ha merecido el apoyo del conjunto de las naciones latinoamericanas, sino la concreción de hechos tangibles como el efectivizado por el Presidente uruguayo José Mujica al impedir reabastecerse en Montevideo, a un barco británico que iba a Malvinas; es decir, además de reclamar, se está trabajando intensamente para que esos acontecimientos se produzcan.

Mas allá del recuerdo por los caídos, y por lo que desde niños aprendimos sobre el colonialismo inglés sobre nuestras islas, es necesario reconocer que las mismas forman parte de un sistema integrado de defensa de la OTAN y del desarrollo militar estadounidense en el Atlántico Sur, que reconoce a Latinoamérica y África como continentes, y a nuestras islas y el atolón Diego García como enclaves estratégicos y tácticos, respectivamente, para sus operaciones.

Desde esa perspectiva está gestado el rol de las bases militares en Colombia – en particular la de Palanquero – con aviones que pueden ser reabastecidos por la IV Flota y que les permite tener un área de acceso prácticamente ilimitado en Suramérica, con su proyección sobre el Océano Índico.

Dos elementos han tomado visibilidad pública, últimamente, y demuestran que el proceso de militarización y desarrollo tecnológico que el mismo implica, no se ha detenido. Por un lado la presencia de 12.000 soldados norteamericanos en Costa Rica (país que no posee fuerzas armadas) y la reciente comunicación del Reino Unido a nuestro gobierno informando sobre pruebas con misiles tierra-aire y tierra agua; operación ésta que durará hasta el sábado 16 de octubre.

Es evidente, entonces, que se está completando un sistema de defensa en nuestras islas que es absolutamente desproporcionado con respecto a garantizar la integridad de los isleños; y que incluye también instalaciones y logística acorde con ese despliegue; sin dejar de mencionar el significado del petróleo en todas estas apreciaciones.

Pues la experiencia histórica reporta, que con respecto al manejo de su política exterior, los Estados Unidos despliegan una hipótesis de conflicto donde nunca las cuestiones militares están ajenas a las económicas y a las político-institucionales; es decir necesitamos, por lo tanto, verificar que está sucediendo en esos otros planos en nuestro continente.

La realidad, en ese sentido, indica que en estos últimos años se produjo un golpe de estado en Venezuela que fracasó, un intento secesionista en Bolivia, el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras, el paro de las patronales del campo en Argentina, las amenazas de juicio político al presidente paraguayo Fernando Lugo, el levantamiento de los policías –en particular los ligados al narcotráfico con fuertes conexiones con la DEA y organismos de inteligencia estadounidense- en Ecuador como mecanismo destituyente y los anuncios de sublevaciones militares –profusamente explicitados por la gran prensa- en El Salvador en los últimos días.

Frente a este avance de las derechas golpistas y el retorno de las Fuerzas Armadas como árbitros o componedores de conflictos internos (reclamos corporativos, sectoriales, por supuestos abusos de poder, inseguridad, etc.), los países de la región consolidaron la UNASUR , que en los hechos significa otra concepción y forma de resolución de conflictos en la región, alejados de la tibieza en las declaraciones o complacencia de la OEA frente a las solicitudes del Departamento de Estado norteamericano.

Estas son las razones por las cuales Gran Bretaña persiste en su negativa de discutir el futuro de las Islas Malvinas.

Los misiles en Malvinas y el aviso de las operaciones – por primera vez- al gobierno nacional no son hechos fortuitos, ni carentes de simbología; expresan claramente un posicionamiento de una política imperial, frente a un grupo de países, que más allá de sus dificultades y contradicciones, avanzan en construir el sueño de la Patria Grande.

* Embajador representante especial para la Integración y la Participación Social de la Cancillería Argentina.